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Transparencia

El permanente debate sobre Wikileaks me lleva a reflexionar sobre la transparencia en las grandes organizaciones, en la línea con algún post anterior.

Es indudable que para un Estado ó una gran compañía deben existir ámbitos privados o, si queremos, secretos (el ejemplo del lanzamiento de un producto es un caso obvio).

La transparencia no es un fin en sí mismo, sino un medio para conocer comportamientos y poderlos juzgar.

El futuro nos conducirá a un empequeñecimiento del campo secreto y a una ampliación del campo de transparencia. Esto ha sido así en el pasado y creo que este permanente equilibrio inestable seguirá yendo en esa dirección.

El campo secreto se justificará por razones operativas, no como medio de ocultar comportamientos no éticos. Defender la privacidad de algo porque ante ciertos acontecimientos es necesario «ser prácticos» y tomar decisiones no éticas es lo mismo que justificar los medios por un fin justo.

La transparencia (querida o sobrevenida) -«el que esto se conozca»- no debe ser una restricción en nuestro modelo de comportamiento. Los principios éticos (con independencia de su posterior conocimiento) deben estar intrínsecamente embebidos en nuestros procesos de decisión.

Si no interiorizamos esto, iremos de sorpresa en sorpresa… porque la presión social (del tipo que sea) nos desmarcará permanentemente, aunque no haya leyes escritas (que no las había en muchos casos).

La cuestión sobre la comunicación o filtración de noticias no debe ocultar lo más importante, que es el comportamiento desvelado. El resto es ruido mediático para que miremos al dedo en lugar de al sol (y en España tenemos ejemplos clamorosos).

El efecto que estos papeles tendrán no solo en los procedimientos de «cuidar los secretos», sino en los comportamientos y procesos de tomas de decisiones serán más mediatos pero de gran influencia en las grandes organizaciones… y eso, a la larga, será positivo.