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Tecnología y redes en Extremadura

Hace ya muchos años Extremadura fue para mí un auténtico descubrimiento, por la belleza de su campo, y por la historia de sus ciudades y pueblos. Suelo decir que las ciudades que más me han sorprendido en mi vida han sido Praga y Cáceres. Gran contraste. A las dos he repetido visitas varias veces.

Pero hace tiempo que no me acercaba a Extremadura desde una visión profesional. Lo hice el pasado jueves. Era un día importante para Garum, porque firmábamos el primer acuerdo de los cuatro pilotos de Bazar que vamos a desarrollar en las próximas semanas en España.

Y en esa visita tuve ocasión de tener un largo cambio de impresiones con un importante número de personas, que terminó en una presentación, con un animado debate, en la universidad de Badajoz.

Y tengo que decir que Extremadura me volvió a sorprender. Me sorprendió el Presidente de la Comunidad y su equipo, por su clara visión de los efectos que la tecnología y las redes tienen en la realidad cotidiana, y en el futuro de la Comunidad. Y me sorprendió no tanto por las palabras –que también-, sino sobre todo por sus realizaciones.

Extremadura ha sido, tradicionalmente, una región preterida. Pero Extremadura ha entendido muy bien que la nueva realidad es una oportunidad para su reposicionamiento. Es una oportunidad única que no quieren perder. Esta reflexión, en sí misma, creo que tiene un enorme valor.

Y esto no es nuevo. De hecho, son conocidas sus apuestas por crear un potente núcleo de desarrollo de software libre, o el hecho de que fuera la primera comunidad en la que todos los escolares contaban con un ordenador.

Pero aquellos movimientos no fueron flor de un día, sino que forman parte de un plan que están llevando a cabo, más allá de cuestiones cortoplacistas. Y pongo un ejemplo que me encantaría fuese imitado en otras Comunidades, Extremadura es la primera Comunidad española en incluir dentro de sus colegios asignaturas dirigidas a apoyar el espíritu emprendedor en los alumnos.

El reto, que significa el reposicionamiento al que aspiran es, como dicen los anglosajones, «challenging», porque hay muchos cuellos de botella en el camino, pero es un reto que merece la pena. No me extraña, por tanto, que teniendo esa visión, pongan tanta ambición ilusión y compromiso a la hora de llevar a la práctica los múltiples planes que tienen. Hacía tiempo que no veía un equipo con una ilusión tan contagiosa.

En el debate de la tarde, en la Universidad, alguien me preguntó sobre los consejos que yo daría a la región. Y aunque por mi parte sería una petulancia dar consejos, hay dos sugerencias que propondría.

La primera, comunicar muy proactivamente lo que están haciendo, lo cual no es fácil que tenga un impacto inmediato en el cambio de imagen. Pero precisamente por eso hay que redoblar el esfuerzo.

La segunda es perseverar, porque un cambio tan profundo exige tiempo. Y en la perseverancia incluyo el convencimiento de que la dirección tomada es la correcta, aunque a veces parezca que los resultados tardan en llegar. Creo que la única duda que debe plantearse permanentemente no es sobre la dirección –que es la adecuada-, sino sobre la velocidad de implementación –siempre perfectible, por definición-.

Desde luego, Garum estará siempre dispuesta a colaborar en este apasionante proyecto, con modestia, pero con la misma ilusión y ambición que tienen los que lo pilotan.