Inmigración: ética y pragmática

La evolución de la población y la pirámide de edades en Europa y España que analizábamos en el último post, nos conduce a una reflexión sobre la inmigración.

Por cierto, en estos días he estado releyendo un libro de Guillermo de la Dehesa sobre este tema que recomiendo vivamente, dada esa capacidad que tiene Guillermo de hacer análisis que siendo accesibles para los no iniciados, tienen al mismo tiempo un gran rigor y profundidad. Es un excelente esquema para adentrarse en el análisis socio-económico de la inmigración.

La cuestión es bien compleja porque tiene muchas aristas, y es especialmente difícil en un caso como el de España que ha tenido un cambio social muy drástico en la década 1999-2009. Veamos algunos datos:

  • En términos absolutos, el incremento del número de emigrantes en la década ha sido de cinco millones de personas (desde casi 650.000 hasta algo más de 5.650.000).
  • En términos relativos, esto ha significado que el colectivo de inmigrantes sobre la población total ha pasado del 1,6% al 12,3%. La primera era de las tasas más bajas de Europa, y la segunda, es la más alta.

Además, el final de este cambio social tan radical ha coincidido con una crisis que ha tenido un efecto devastador en términos de empleo.

Tal vez por todo ello, en un reciente estudio de Harris Interactive recogido recientemente por FT, mostraba que los españoles, junto a los británicos, tienen la visión más negativa de Europa, respecto a los inmigrantes.

Pero España no es una isla. De hecho, en muchos países de Europa estamos asistiendo a un resurgimiento de partidos xenófobos. Y además, y lo que es peor, los partidos moderados, en muchos casos, están eligiendo defender postulados cercanos a los de aquellos movimientos, ante el temor de perder votos, en lugar de enfrentarse al necesario esfuerzo de pedagogía.

Aunque este tipo de posiciones puedan explicarse, deben ser combatidas con resolución, y ello tanto por razones éticas (defensa de la dignidad de las personas) como pragmáticas.

El proceso de globalización debe contemplar la libre circulación de mercancías y capital, pero no puede quedarse ahí. Debe contemplar también, y por razones de equilibrio, la de las personas.

De hecho, si se compara el porcentaje de población de emigrantes de la actual ola de inmigración con la que tuvo lugar a principios del siglo XX, todavía estamos en porcentajes muy lejanos. Aquella afectó a más de un 8% de la población mundial, y la actual a poco más del 3%.

Nadie abandona su país por gusto, sino acuciado por las necesidades económicas. La mejor manera de evitar la emigración es a través del desarrollo de los países de origen. Y esto es especialmente aplicable en los casos fronterizos.

Hablando de fronteras, las diferencias de renta per cápita entre Europa y el Norte de Africa, son las mayores del mundo, muy por encima de las distancias en la frontera México-Estados Unidos.

Y además, ¿se pueden permitir España y Europa dar la espalda a la inmigración? ¿Nos podríamos permitir el cese de flujo migratorio? La respuesta es no, y lo hemos analizado en los post anteriores.

Permitir que proliferen y se fortalezcan los sentimientos xenófobos y anti-emigración, es conducirnos a una situación sin salida. Por el contrario, no reflexionar con profundidad sobre los múltiples aspectos de la inmigración, con el objeto de definir un marco legal estable, tampoco es una alternativa.

Por eso me parece una buena noticia, la formación de un Comité de Expertos para asesorar a los Ministros de Asuntos Exteriores. De hecho, en este mes de Mayo, deben presentar sus propuestas para combatir la intolerancia y el incremento de los extremismos. Estaremos atentos a sus conclusiones y, en su caso, a las actuaciones sobre las mismas.

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Apuntes sobre el cambio de la estructura regional de la riqueza

Una de las características socioeconómicas de las dos últimas décadas ha sido –está siendo- el cambio de la estructura regional de la riqueza en el mundo. Aunque lo he comentado en otros post, me gustaría recordar que:

  • Aunque su origen está probablemente en, por un lado, la caída de Muro y la apertura comercial de los países asiáticos, que comenzó en los 80’s y, por otro en la interiorización de las lecciones de las crisis asiáticas y latinoamericanas de finales de los 90’s del siglo pasado, la realidad es que fue en la década pasada cuando se pusieron de manifiesto las distintas velocidades entre los países emergentes y los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2002/10 (una vez asentada la crisis latinoamericana) los países emergentes vieron crecer su PIB un 70%, mientras que los desarrollados no llegaron al 15%.
  • Lo más sorprendente, sin embargo, se ha dado durante la última crisis, en que además de ser la más global, asistimos por primera vez a que en un episodio de este tipo, los países en desarrollo salieron mucho mejor parados que los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2006/2010 el incremento de PIB en los países desarrollado no llegó al 5%, mientras que los emergentes lo hicieron por encima del 40%.
  • Y aunque hay matices entre las distintas previsiones, creo que recojo una visión generalizada al señalar que los países desarrollados: EE.UU, Europa y Japón (que hoy significan un 50% del PIB mundial), representarán poco más de un tercio en el año 2025. Y que, por contraposición, los seis países emergentes más característicos (Brasil, Rusia, India, China, Turquía y México) significarán la mitad del PIB mundial en esa fecha. Es más, el peso de Asia en este período de 15 años se duplicará en la economía mundial.

Y esto es un cambio espectacular.

  • Pero conviene poner estos cambios en una cierta perspectiva, relacionando esta evolución con la población.

    Porque hoy el mundo desarrollado, que representa ese 50% del PIB mundial, tiene una población que está en torno a los 1000 millones de personas. El otro 50% del PIB se reparte entre más de 6000 millones de personas.

  • Y cuando nos impresionamos con los crecimientos de China o India conviene también poner las cosas en perspectiva.

    Hoy el PIB per cápita chino es el 20% del PIB per cápita de Estados Unidos. El PIB per cápita chino, por tener otra referencia, es similar al que tenía Japón en el comienzo de los 50’s del siglo pasado. O del que tenía Corea del Sur a comienzos de los 80’s.

    Y hoy la India tiene un PIB per cápita que es solo la mitad del chino.

  • Además, y mirando a la evolución futura de la población mundial en las próximas décadas, los crecimientos se concentrarán en los países no desarrollados. Los desarrollados, en el mejor de los casos, tendrán una población estable.
  • Este crecimiento de los países emergentes es, por tanto, imparable. Y es bueno que sea así si queremos que se mejoren las condiciones económicas de las personas que viven en las regiones más desfavorecidas. Y sería todavía mejor, si en esta dinámica entraran regiones que hoy están fuera de la misma, y lógicamente, estoy pensando en Africa.

    Por supuesto que esto plantea muchos retos de sostenibilidad sobre los que habrá que pensar y dilucidar, pero el punto que quiero señalar es que en las soluciones que demos a los retos de la sostenibilidad no podemos olvidar la desequilibrada situación de partida.

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Tecnología y redes en Extremadura

Hace ya muchos años Extremadura fue para mí un auténtico descubrimiento, por la belleza de su campo, y por la historia de sus ciudades y pueblos. Suelo decir que las ciudades que más me han sorprendido en mi vida han sido Praga y Cáceres. Gran contraste. A las dos he repetido visitas varias veces.

Pero hace tiempo que no me acercaba a Extremadura desde una visión profesional. Lo hice el pasado jueves. Era un día importante para Garum, porque firmábamos el primer acuerdo de los cuatro pilotos de Bazar que vamos a desarrollar en las próximas semanas en España.

Y en esa visita tuve ocasión de tener un largo cambio de impresiones con un importante número de personas, que terminó en una presentación, con un animado debate, en la universidad de Badajoz.

Y tengo que decir que Extremadura me volvió a sorprender. Me sorprendió el Presidente de la Comunidad y su equipo, por su clara visión de los efectos que la tecnología y las redes tienen en la realidad cotidiana, y en el futuro de la Comunidad. Y me sorprendió no tanto por las palabras –que también-, sino sobre todo por sus realizaciones.

Extremadura ha sido, tradicionalmente, una región preterida. Pero Extremadura ha entendido muy bien que la nueva realidad es una oportunidad para su reposicionamiento. Es una oportunidad única que no quieren perder. Esta reflexión, en sí misma, creo que tiene un enorme valor.

Y esto no es nuevo. De hecho, son conocidas sus apuestas por crear un potente núcleo de desarrollo de software libre, o el hecho de que fuera la primera comunidad en la que todos los escolares contaban con un ordenador.

Pero aquellos movimientos no fueron flor de un día, sino que forman parte de un plan que están llevando a cabo, más allá de cuestiones cortoplacistas. Y pongo un ejemplo que me encantaría fuese imitado en otras Comunidades, Extremadura es la primera Comunidad española en incluir dentro de sus colegios asignaturas dirigidas a apoyar el espíritu emprendedor en los alumnos.

El reto, que significa el reposicionamiento al que aspiran es, como dicen los anglosajones, «challenging», porque hay muchos cuellos de botella en el camino, pero es un reto que merece la pena. No me extraña, por tanto, que teniendo esa visión, pongan tanta ambición ilusión y compromiso a la hora de llevar a la práctica los múltiples planes que tienen. Hacía tiempo que no veía un equipo con una ilusión tan contagiosa.

En el debate de la tarde, en la Universidad, alguien me preguntó sobre los consejos que yo daría a la región. Y aunque por mi parte sería una petulancia dar consejos, hay dos sugerencias que propondría.

La primera, comunicar muy proactivamente lo que están haciendo, lo cual no es fácil que tenga un impacto inmediato en el cambio de imagen. Pero precisamente por eso hay que redoblar el esfuerzo.

La segunda es perseverar, porque un cambio tan profundo exige tiempo. Y en la perseverancia incluyo el convencimiento de que la dirección tomada es la correcta, aunque a veces parezca que los resultados tardan en llegar. Creo que la única duda que debe plantearse permanentemente no es sobre la dirección –que es la adecuada-, sino sobre la velocidad de implementación –siempre perfectible, por definición-.

Desde luego, Garum estará siempre dispuesta a colaborar en este apasionante proyecto, con modestia, pero con la misma ilusión y ambición que tienen los que lo pilotan.

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Tecnología y valores sociales

En mi intervención el martes en la DBS titulada «La empresa del éxito del siglo XXI», empecé disculpándome por no hablar de la empresa del siglo XXI. Como dije, me parecía demasiado pretencioso estando en el año 2010.

En primer lugar hablé de aquellos factores de cambio sobre los que ya escribí en junio en otro post, evidentes en nuestra sociedad en los últimos años, y que tienen un claro impacto en el mundo empresarial. En ese post lo resumía en dos cambios: la globalización y la modificación de la estructura geográfica de la generación de riqueza.

Decía también que el fenómeno de la globalización tiene dos claros orígenes: Por un lado el libre comercio y, por otro, la evolución de la tecnología. El martes me extendí algo más en este segundo origen.

La tecnología ha sido un factor clave para la globalización, pero su influencia va a trascender de este impacto. Desde mi punto de vista la tecnología tiene cuatro grandes campos de influencia:

  1. Cambios en el modelo de producción: En el sector industrial ha significado una ruptura de cadenas de valor desde el punto de vista funcional y geográfico. Esto seguirá, si bien su principal impacto de cambio se ubicará en el sector servicios (entendiendo esto en sentido amplio, incluyendo la medicina). Aunque muy importante, en el fondo no son sino cambios en los modelos de producción.
  2. Cambios en los canales de distribución y de relación con los consumidores: Estamos en los albores de estos cambios, hoy limitados a un limitado e-commerce. El mercado hoy es físico. El mercado virtual es hoy muy pequeño y casi siempre propietario. Pero la globalización, para aquellas empresas que no pueden soportar los gastos de una acción comercial tradicional, pasa necesariamente por Internet para tener acceso a los nuevos mercados. Eso, en sí mismo, es un factor que va a afectar al equilibrio entre mercado real y mercado virtual. Pero además estamos viendo sectores que aparentemente era difícil que pudieran vender sus productos por la Red, y que lo están haciendo ¿quién nos iba a decir el boom del textil virtual? Estamos en los comienzos de un proceso de cambio radical.
  3. Cambio en la organización de las empresas: Hasta ahora, la tecnología ha tenido una gran influencia en los procesos administrativos o de operaciones, lo que podríamos llamar la organización con «o» minúscula. En el futuro, la tecnología influirá en el corazón de la organización. Ya ha sucedido con la desaparición de mandos intermedios y los movimientos de delegación. El siguiente paso es un empowerment más radical. Al final, la capacidad para acceder a la información, es la base organizativa para ubicar los puntos de decisión. Esa capacidad se va a distribuir, y eso cambia el paradigma organizativo.
  4. Cambio en la configuración del marco competitivo: Porque aprovechando las rupturas de cadenas de valor, aparecen nuevas empresas de pequeño tamaño que compiten con las grandes en nichos concretos, pero crecientes. Las grandes empresas, no competirán solo con grandes empresas sino, sobre todo, con una miríada de nuevas organizaciones muy flexibles, que no tienen las limitaciones derivadas de estructuras desarrolladas en otros momentos competitivos. Esto es especialmente claro en el sector IT y es el origen del desarrollo de start-ups, de las nuevas empresas que tanta relevancia están teniendo, de muchas más en el futuro.

A continuación, introduje otros dos factores de cambio. El primero: El cambio en los valores sociales que se derivan en impactos en el gobierno de las empresas, sobre el que también reflexioné en otro post llamado Los cambios de fondo.

Podríamos agrupar estos valores sociales que se derivan en impactos en el gobierno de las empresas bajo el genérico de sostenibilidad. Donde no solo debemos pensar –que es muy importante- sobre la sostenibilidad relacionada con el cambio climático, sino en otros aspectos que influyen más directamente en las empresas. Pensemos en los requerimientos de transparencia y en las exigencias éticas que hoy son un sentimiento social interiorizado y no una exigencia de grupos minoritarios más o menos marginales.

El siguiente factor de cambio del que hablé se refiere a los cambios de valores en las personas individuales y su relación con el trabajo y los proyectos empresariales, unido a la ruptura del paradigma de la empresa que te asegura un lugar donde puedes desarrollar toda tu vida profesional. No me detengo porque creo que para todos estos cambios, son muy evidentes.

Seguro que hay más factores, pero con estos creo que son suficientes para poner de manifiesto la mutación que estamos viviendo, su impacto en la naturaleza de las labores de dirección y el contexto en el que llegó la crisis.

Esta crisis tendrá sus impactos en el mundo financiero (mayor aversión al riesgo), pero, además, creo que va a acelerar los factores de cambio arriba mencionados, y su impacto en la morfología de las empresas. A las empresas se le van a exigir mayores responsabilidades, y su dirección va a ser cada vez más compleja.

En siguientes posts publicaré la segunda parte de mi intervención, en la que pasé a compartir con la audiencia de la DBS algunos puntos de reflexión sobre hacia donde nos llevan todos los cambios mencionados desde el punto de vista de la dirección de empresas y cómo debemos preparar a la gente para el futuro, centrándome preferentemente en el impacto de los cambios sociales.

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