Artículos con el tag internacionalización

  1. Nacionalismos asimétricos

    En los últimos días estamos siguiendo en la prensa la discusión existente en el Consejo de Repsol.

    Es lógico que la operación de toma de control levante recelos, dada las características de los socios. Por un lado, el hecho de que un socio sea una empresa como Sacyr, con un fuerte nivel de endeudamiento, en una actividad deprimida, que necesita inyecciones de caja con urgencia, y que se enfrenta a una difícil refinanciación a corto plazo. Por otro, una empresa de propiedad estatal como es Pemex (que llueve sobre mojado tras la experiencia de Endesa).

    En todo caso, Repsol es una empresa privada y lo que discuta su Consejo bien discutido está. A ellos compete la decisión que tomen.

    Pero al hilo de esta cuestión ha vuelto a aparecer el «ruido» de la españolidad como argumento para decantarse por una u otra opción. Además, esta es una cuestión en la que opinan públicamente personas (algunas con responsabilidades Públicas) que no sé si tendrán acciones de Repsol, pero que, en todo caso, no lo hacen en su calidad de accionistas.

    El problema de utilizar públicamente el argumento de la «españolidad», además de consideraciones de fondo, es que, en este caso, resulta hasta extravagante, porque inmediatamente podría replicarse con la causa de la «mexicanidad».

    No debemos olvidar, por ejemplo, que más del 40% de la cuota de mercado del sistema financiero mexicano está en manos de bancos españoles. Que el mayor banco mexicano (BBVA Bancomer) es 100% de un banco cuya razón social está en España, y que cuando este banco español (BBVA) entró a participar en Bancomer, tuvo que enfrentarse a una contraoferta por parte de (entonces) un banco mexicano (Banamex). En esa batalla el gobierno mexicano tuvo un equilibrio exquisito, como lo tuvo posteriormente, cuando BBVA amplió su participación hasta el 100%.

    Y aunque podría poner ejemplos de otros sectores, he elegido el caso de la Banca porque me imagino que puede considerarse un sector «tan» estratégico como el de la energía.

    Los nacionalismos económicos asimétricos y de vía estrecha no tienen cabida en un mundo como el que estamos viviendo. Creo que en estos temas es exigible un mínimo de rigor y seriedad, porque las armas las carga el diablo.

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  2. El camino inexplorado hacia la internacionalización

    El pasado lunes aparecía un artículo en Expansión sobre nuestro comercio exterior, en el que se recogía información del ICEX. La tesis no es nueva (aunque los datos se actualizan): el sector exportador español, medido en términos de cuota de mercado sobre el comercio internacional, ha tenido y, con alguna ligera caída en los últimos meses, está teniendo un buen comportamiento.

    Sin embargo, cuando se analiza la estructura de las empresas exportadoras, se ve que la base de este esfuerzo se concentra en pocas compañías. Sólo el 3,3% de los empresarios exportan y sólo 40.000 empresas pueden considerarse como exportadoras “regulares”. Y, de hecho, sólo 27.244 empresas facturan más de 50.000 euros al año en otros países.

    Esta situación creo que tiene que ver fundamentalmente con tres factores. En primer lugar, la corta historia exportadora y la tradición doméstica de nuestras empresas. En segundo lugar, nuestra estructura sectorial. Y, finalmente, el tamaño de la empresa española (su minifundismo).

    La fotografía que muestra el análisis del ICEX es especialmente preocupante en un mercado crecientemente globalizado. Los ecosistemas domésticos tienen unas barreras endebles y, por tanto, la internacionalización –cada vez más- es una condición necesaria para la sostenibilidad.

    La cuestión es cómo responder a esta situación. Tradicionalmente, la respuesta ha sido la de apoyar a través de financiaciones especiales, apoyos puntuales y promociones exteriores. Y eso, seguramente esté bien. Pero no es suficiente.

    Pienso que en el mundo al que vamos, la internacionalización de las empresas debe ser parte de su aproximación. En el límite, el concepto es el mercado, no el mercado doméstico, ni el internacional. Sino el mercado.

    Acceder a ese mercado requiere, si se hace por sistemas tradicionales, medios muy importantes. Medios que están al alcance únicamente de empresas de gran tamaño. Por estos medios, nuestro objetivo sólo puede ser –como se recogía en el artículo- conseguir incrementos marginales (2.000 empresas al año). Que son objetivos difíciles de conseguir; y esta dificultad objetiva nos está diciendo que ése no puede ser el camino en un mundo global (o, al menos, no puede ser el único camino).

    Necesitamos generar mercados por otros medios. Y estos medios deben estar conectados con la realidad de un mundo crecientemente virtual.

    Pero este mundo virtual no puede limitarse a exposición de escaparates (web), que por otro lado están lejos de los medios de muchas de nuestras empresas. Necesitamos crear interacción entre compradores y proveedores en un mercado en el que el conocimiento y la confianza son, sin duda, el mayor reto.

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  3. Por la responsabilidad personal a la iniciativa empresarial

    Sobre la necesidad de que nuestra Sociedad vuelva a situar la responsabilidad personal en el centro de referencia escribí otro día. Defendía que creer en la persona era la mejor forma de luchar contra el fatalismo. El fatalismo es el mayor veneno para la movilización social.

    Hoy me gustaría profundizar en esta idea desde un punto de vista económico y empresarial.

    Hace años que pienso que aposentar la responsabilidad en las personas es la mejor forma de asegurar que una Sociedad cree riqueza y cohesión social. Y ello es así tanto en los países desarrollados como en los emergentes. En el Norte y en el Sur.

    No soy contrario al asistencialismo, porque no estamos en disposición de poner en marcha alternativas suficientes al mismo, aunque simpatizo con las críticas que nos ponen en guardia sobre los subproductos adversos del mismo.

    Creo que la traducción de esa responsabilidad personal en el mundo económico es la promoción de la iniciativa individual. Y ello es importante en cualquier compañía, del tamaño que sea, pero el ejemplo más paradigmático es la creación de proyectos empresariales.

    Por ello doy la bienvenida a la corriente académica que con fuerza está poniendo el acento en el desarrollo de iniciativas empresariales (entrepeneurship) como vector de futuro desarrollo. Aunque reconozco que me gustaría que se utilizase más la palabra empresario que “promotor” y más desarrollar / crear empresas que “emprendizaje”.

    Este movimiento académico se ve complementado por el desarrollo de iniciativas (universitarias y no universitarias) que tiene como objeto apoyar la creación de nuevas empresas. Y en este apoyo se están sumando inversores privados (más en el mundo anglosajón) y apoyos públicos.

    Esto también es una gran noticia.

    En los últimos meses, he dedicado una buena parte de mi tiempo al análisis de todos estos movimientos en España y en Latinoamérica. Y tengo para mí que merece la pena luchar para que esas iniciativas tengan éxito, ya que es la mejor manera de crear riqueza y luchar contra la pobreza.

    Sentada mi posición de apoyo sin fisuras a estos movimientos, me gustaría hacer algunos comentarios:

    • Que en el mundo universitario se esté relanzando la figura del empresario es una gran noticia, pero no es suficiente. En los países latinos, y muy concretamente en España se debe ir también aguas arriba, analizando el tipo de valores sobre el papel de las empresas y los empresarios que estamos transmitiendo en nuestros colegios. (Un estudio de Manuel Jesús González que se titula “El empresario y la Economía de Mercado.)
    • Los empresarios son creadores de riqueza a través de proyectos de largo recorrido. Este tipo de proyectos generan además, cohesión social.Por supuesto que hay actividades que tienen su foco en el desarrollo de “algo” para “darle el pase“. No podemos ni debemos prohibir esas actividades, pero no es el tipo de empresario al que debemos aspirar.
    • Siendo la figura del empresario muy importante, no debemos caer en el paternalismo del empresario, como si fuera alguien desvalido.Lo que debemos defender es que la gente que tenga actitudes y aptitudes para ser empresario tenga un caldo de cultivo que se lo permita. O dicho de otra forma, que todo el que quiera asumir los riesgos de creación de una empresa con un proyecto plausible tenga acceso a las herramientas y financiación para llevarlo a la práctica.
    • La plausibilidad final de un proyecto tiene un juez último: el mercado. De aquí se deducen dos cosas.La primera es que debemos evitar empresarios subsidiados aunque sean jovencitos, porque es una tentación cuyos efectos negativos se incorporan al concepto del paternalismo empresarial, al que antes hacía referencia.

      La segunda es que es muy importante que se concentren los esfuerzos en flexibilizar, abrir y hacer accesibles los mercados. Es la mejor ayuda que podemos dar a los empresarios (sean nuevos o de larga tradición).

    • Y cada vez más, mercado es sinónimo de internacionalización. Aquellos proyectos con una visión doméstica chata, tendrán problemas de sostenibilidad en el medio plazo, lo cual es especialmente evidente en algunos sectores.Por esto, también en este campo, es importante concentrar esfuerzos para que este lenguaje de internalización se incorpore al desarrollo de los proyectos desde el comienzo de su gestación.
    • El desarrollo de un proyecto empresarial tiene mucho de inspiración, pero sobre todo de disciplina y trabajo. Y esos esfuerzos deben ser metodológicamente correctos. Y la metodología conduce a los procedimientos en sus distintas fases y funcionalidades. Ayudar a los nuevos empresarios con metodologías rigurosas y excelentes que les ayuden a una optimización de procesos, cumple una gran labor social.
    • Pero hoy estamos en el siglo XXI. Y si algo va a caracterizar las próximas décadas, va a ser por el uso intensivo de la tecnología.Por ello, en los apoyos a nuevos retos empresariales no podemos responder con respuestas convencionales.

      La tecnología debe estar en el centro de los apoyos que demos a los nuevos empresarios en el desarrollo de sus proyectos. Y cuanto más accesible, más abierta y más económica sea esa tecnología, mejor.

    • La tecnología debe ayudarnos a ayudar en todo, desde ser la base para el desarrollo de procedimientos, hasta la asesoría, pasando por la creación de mercados (internos y externos).Es más, la combinación del impulso empresarial, la innovación, y la tecnología es un triángulo que en el medio plazo seguro que nos permitirá visualizar ángulos y vectores hoy inimaginables.
    • Hacíamos referencia al acceso a herramientas y financiación. La financiación (capital) es un aspecto central en las discusiones sobre el desarrollo de empresas. Sin subvalorar en absoluto su importancia, creo que centrarse con tanta intensidad en este punto, emborrona el diagnóstico global del problema. Posiblemente, el resto de aspectos comentados anteriormente sean frenos más importantes y más difíciles de solucionar; (¡Ojalá tuviéramos un gran número de proyectos excelentes y realmente la financiación fuera nuestro problema!).Dicho esto, es indudable que hay posibilidades de mejoras en este campo. Y aquí también creo que cuantas más dosis de mercado tengamos, más eficiente y sostenible será la solución.

    El reto que tenemos por delante es apasionante. Tenemos la gran noticia de un movimiento académico y social que con mucho brío está poniendo el foco en la iniciativa empresarial, como fuente de creación de riqueza y cohesión social.

    Lo que debemos es traducir este movimiento en acción, en implementación y en impacto social real. Pasar de las musas al teatro.

    Pero no partimos de cero. Hay muchas personas y organizaciones que están trabajando ya, con mucha visión y compromiso. Sumarnos a ayudar a este movimiento dentro de nuestras posibilidades, es un esfuerzo que creo que merece la pena.

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Blog desarrollado y mantenido por José Ignacio Goirigolzarri, con la colaboración del Grupo Cooperativo de las Indias.