Conclusiones sobre globalización, desigualdad y riqueza

El objetivo de esta serie de post, que terminan con el actual, era analizar la evolución de la desigualdad de riqueza entre países y regiones del mundo, así como la del nivel de pobreza en el planeta. Las conclusiones más relevantes, en mi opinión, han sido:

  1. El crecimiento del mundo a finales del siglo XIX y de gran parte del siglo XX (hasta la década de los 70’s), se caracterizó por crecimientos muy desiguales entre las distintas zonas del planeta. Esto dio lugar a un gran ensanchamiento de las diferencias entre países y, en consecuencia (y por este motivo), a un gran incremento de la desigualdad entre las personas, con grandes saltos en los índices de Gini y, más importante, un gran aumento (absoluto y relativo) de las personas que vivían por debajo de la línea de pobreza.
  2. Este modelo comienza a cambiar lenta pero consistentemente a partir de la década de los 70’s del siglo pasado. La desigualdad entre países comienza a disminuir. Esto coincide con el crecimiento del peso del Comercio Internacional que es el mejor proxy que tenemos hacía lo que podemos llamar la globalización.
  3. El punto anterior se hizo especialmente evidente en la última década del siglo pasado y en la primera del presente (hasta donde se tienen datos). En este período es evidente:
    • Una clara disminución de índices de Gini a nivel mundial, originados por el estrechamiento de la desigualdad “entre” países, ya que las diferencias “dentro” de los países empiezan a incrementarse (sobre este tema, realizaré una serie de post próximamente).
    • Y, más importante, una clara disminución del número de personas por debajo de la línea de la pobreza.
  4. El proceso anterior va más allá de la evolución estadística. De hecho, coincide con la aceleración del proceso de globalización, que claramente supone un cambio en los patrones de crecimiento en el mundo.

    Este cambio conlleva una aceleración de los crecimientos de países emergentes. Estos países muestran una resistencia muy superior en la crisis, están creciendo más en los momentos actuales y está previsto que incrementen su peso de forma significativa en esta década, hasta superar con claridad a los países desarrollados en la participación del PIB mundial.

  5. Sin embargo, hemos de constatar que lo anterior no está uniformemente repartido en el planeta. En términos de lucha contra la pobreza hay dos regiones que no están obteniendo buenos resultados.

    Por un lado, el Africa subsahariana con una combinación de factores que van desde la existencia de zonas no integradas en las dinámicas de la globalización, hasta factores políticos (estados fallidos), pasando por cuestiones étnicas. Aunque parece que en los últimos años hay factores que permiten vislumbrar alguna esperanza, no se puede decir que haya dinámicas decantadas.

    Por otro, el sur de Asia y muy en concreto India, que muestra un ejemplo de país con grandes resultados globales, pero con diferencias interiores muy notables como consecuencia de un entramado institucional insuficiente y factores específicos religioso – étnicos. El ejemplo de la India es paradigmático de los contrastes que nos está tocando ver. India, junto a una realidad como la arriba descrita, se ha incorporado al club de países donantes en ayuda al desarrollo.

    Por otro lado China muestra un ejemplo extraordinario de gran crecimiento que aunque está generando diferencias de clase notables, está siendo (y esto para mí es más importante en estos niveles de desarrollo) sumamente eficaz en la lucha contra la pobreza.

  6. Pero el gran crecimiento de los países emergentes, unido al deterioro de la situación de los países desarrollados tras la crisis financiera, está creando tensiones políticas y económicas.

    Desde el punto de vista económico, estas tensiones están generando propuestas proteccionistas, las cuales, de tener éxito, supondrían, por un lado, una pérdida de crecimiento potencial global y, además, rompería las posibilidades de crecimiento acelerado de los países emergentes.

    No me cabe duda que sería un gran freno a los progresos de la lucha contra la pobreza en el mundo, que a pesar de los avances realizados, sigue siendo intolerable.

Las tensiones proteccionistas no se dan exclusivamente en los países en desarrollo, pero me centraré en ellos porque, por un lado, son los principales protagonistas de comercio internacional, y por otro son el foco de generación de una nueva era de defensa del proteccionismo.

Cabe recordar que las tensiones proteccionistas han tenido, históricamente, su centro, como ya hemos visto, en la agricultura. La situación es tan evidente que ya se empiezan a levantar voces, incluso en Estados Unidos, dudando de la justificación de estos apoyos en épocas de crisis como la actual. No nos vendría mal una reflexión similar en Europa.

Pero, por el contrario, estas tensiones proteccionistas se están ampliando a otras esferas. También aquí Estados Unidos nos lleva la delantera (supongo que, como suele suceder, dentro de unos meses discutiremos los mismos temas en Europa). Hoy está de moda hablar del riesgo del outsourcing y de la necesidad de “reindustrializar” Estados Unidos, como medio para crear puestos de trabajo y generar una clase media potente que nos conduzca a los viejos buenos tiempos de una sociedad más igualitaria. (Sobre las críticas a estas posiciones por parte de la Administración Obama, recomiendo la lectura de un artículo de Jagdish Bhagwati con el título “Shame on you, Mr Obama, for pandering on trade“). En el Reino Unido también han tenido protagonismo voces similares en los últimos meses.

Sin perjuicio del componente utópico de lo anterior (que la reindustrialización cree en los países desarrollados clases medias como en el pasado) me parece que esta posición pierde el punto.

La pérdida de puestos en la Industria es una constante en Estados Unidos desde comienzos de los 80’s (de hecho, desde 1998 ha perdido casi seis millones de puestos de trabajo) y en el Reino Unido este sector representa hoy sólo el 8% del total empleo (era el 24% hace 30 años). Similares consideraciones se podían hacer para los países europeos. Pensar que esta tendencia puede ser revertida a través de medidas proteccionistas no parece estar muy fundamentado.

Si algo nos ha enseñado la historia de la economía es que los análisis estáticos no funcionan, que la economía como actividad humana debe ser analizada y promovida de forma dinámica. Y desde esa perspectiva, centrarse en el proteccionismo es creer en los juegos de suma cero, creer que el estancamiento es el estado natural de la economía, y eso, en el pasado, nos ha conducido a errores de bulto. Ojalá que no caigamos en esta ocasión de nuevo.

Porque lo que los países desarrollados deben pretender, no es repartirse de forma beneficiosa para ellos una tarta que está previamente fijada, sino ampliar la tarta, lo que será beneficioso para todos (y también será el mejor medio para luchar contra la pobreza en el mundo) y eso pasa por un gran esfuerzo para cambiar su ubicación competitiva en el mundo.

El objetivo no es sencillo, porque requiere revisar sus planes de estudios, reenfocar hacía carreras técnicas a los alumnos, apoyar inversiones en tecnología que mejoren la competitividad de sectores, promover la utilización de la tecnología de la información de forma amplia (no limitando el concepto de ésta a las aplicaciones de Internet), apuntalar el concepto de servicios anexos a la industria, promover flujos de inversión no limitados a un concepto de start-up que siendo importante, es un porcentaje muy escueto de la economía….. No son tareas sencillas, pero éstas son las medidas que debemos promover. Esta, sin duda, es la posición que debemos tomar (y no la defensiva y chata de la defensa del proteccionismo), porque crearía mayor riqueza para todos y permitiría una mayor equidad.

Por todo lo anterior, creo firmemente que luchar contra el proteccionismo es el mejor medio para defender la creación de riqueza en el mundo, y al mismo tiempo luchar contra las bolsas de pobreza en el planeta. Esta es una conclusión clave de esta serie de post.

Lógicamente, una posición como la aquí defendida, conllevará un crecimiento económico superior en los países emergentes, y un mayor protagonismo político de los mismos, lo que como cualquier proceso de cambio radical, no se va a producir sin tensiones. Pero son las tensiones necesarias en la evolución de un mundo más equitativo y sostenible.

Con esto terminaría mis conclusiones, pero no quiero finalizar sin fijar mi posición sobre un aspecto no tratado anteriormente: La ayuda al desarrollo.

Quiero comenzar por decir que no me sitúo en la corriente de pensamiento que está en contra de las ayudas, (la que entienden que es, incluso, un factor de retraso para el progreso de los países). Creo firmemente, que en el corto y en el medio plazo no tenemos alternativa al asistencialismo. Es por eso que valoro positivamente la línea de pensamiento y los esfuerzos que están haciendo asociaciones de distinto tipo en el mundo.

Dicho lo anterior, también creo que el asistencialismo tiene claras limitaciones y subproductos indeseados, prueba de ello es que personas tan poco sospechosas como Duncan Green defienda que las ayudas tendrían que tener marcos temporales acotados como lo tuvo el Plan Marshall ó la ayuda a Taiwan o Corea del Sur. A lo que habría que añadir controles estrictos no solo de los fondos, sino de los progresos institucionales.

Además, debemos reconocer que la lucha contra la pobreza desde el punto de vista asistencial, supone que los países ricos mantienen su posición de prevalencia. Ayudan mientras deciden ayudar, y además su ayuda es pro-cíclica.

Pongamos un ejemplo. El 19 de Diciembre del año 2007, los grupos políticos del Congreso Español firmaron de forma unánime, (tal vez la única unanimidad en toda la legislatura), el Pacto de Estado contra la Pobreza. En aquel tiempo (aunque para algunos ya era evidente la crisis) la clase política española estaba asentada en un gran optimismo económico y firmaron un pacto de gran “generosidad”. Cuatro años después, ¿alguien ha oído hablar de ese pacto? ¿Alguien piensa que hay alguna posibilidad de cumplirlo? ¿Hay, de hecho, en la opinión pública algún requerimiento para que se lleve a cabo? La respuesta es clarísimamente negativa a todas las preguntas. Y, en consecuencia, la pregunta es: ¿Podemos confiar solo en estos mecanismos para luchar contra la pobreza?.

Mi punto es que las ayudas no son el medio que va a sacar a los pueblos de la pobreza. Podrán jugar un papel complementario y acotado, pero no puede ser la base de nuestra estrategia. La base de nuestra estrategia debe ser la de permitir el acceso a las zonas preteridas del planeta, a una economía abierta, apoyándoles en su adaptación. Es el único camino que nos asegurará un futuro más sostenible para todos.

1,913 Palabras

Tensiones generadas

Efectivamente, la distinta senda de crecimiento entre los países desarrollados y los emergentes ayuda a una mayor equidad en el mundo. En este sentido, la globalización, en aquellas áreas a las que ha llegado, ha supuesto una gran creación de riqueza y una base (necesaria, no suficiente, como hemos visto por los desempeños de las distintas regiones) para luchar con éxito contra la pobreza.

Pero este proceso está generando tensiones, tanto desde el punto de vista económico, como desde el político. Son las tensiones lógicas en un mundo que está asistiendo a un cambio en los equilibrios de poder.

Las tensiones económicas tienen su referencia principal en los desequilibrios de las balanzas de pago.  Con alguna excepción significativa, podríamos decir que en las últimas décadas hemos asistido a la conformación de un modelo de crecimiento en el que los países desarrollados están mostrando amplios déficit de cuenta corriente, mientras que los emergentes tienen grandes superávit. Esta situación, además de generar flujos financieros desequilibrados a nivel global, generan reacciones proteccionistas generalizadas.

Los países desarrollados se quejan de los niveles de los tipos de cambio, pidiendo revaluaciones de las monedas de los países emergentes que no permiten la flotación libre de sus divisas (el ejemplo más evidente es el remimbi). Estas denuncias (especialmente visibles a partir de la crisis) tienen especial fuerza en situaciones económicas precarias con altos niveles de desempleo.

Por su lado, los países en desarrollo concentran sus quejas en una doble esfera.

En primer lugar, en las políticas proteccionistas de los países desarrollados.

Algunas de estas quejas (bien documentadas por cierto) vienen de lejos y se centran en los aranceles y cupos de los países desarrollados en materia agropecuaria. No es de extrañar. Se ha calculado por parte del Banco Mundial que las barreras proteccionistas en estas mercancías por parte de los países desarrollados, tienen en el mundo emergente un impacto del orden de 150.000 millones de dólares. Los aranceles en agricultura suponen hoy un sobreprecio del 60% en Japón, un 40% en Europa y 20% en USA.

En segundo lugar, y ya más desde un punto de vista financiero, los países emergentes se quejan de las políticas monetarias expansivas americanas (quantitative easing) que -argumentan- llenan el mundo de dólares con la pretensión de devaluar la moneda creando, además, una fuerte inestabilidad.

Es lo que conocemos como la guerra de divisas que de vez en cuando aparece y desaparece de los medios de comunicación, como si fuesen fenómenos discretos y puntuales, pero que, en realidad, es un debate de fondo que nos va a acompañar durante mucho tiempo.

Lo peor de estas discusiones, es que están despertando movimientos proteccionistas en todos los países. Sería muy malo para el mundo que triunfasen, porque supondría una caída inmediata del potencial de crecimiento global.

La plasmación de estas tensiones es la incapacidad de los países en cerrar con acuerdos la Ronda de Doha (acuerdos de Libre comercio).

La Ronda de Doha, lanzada tras la creación de la OMC (Organización Mundial del Comercio), nos sirve también como ejemplo de la mayor complejidad de gestión política en el mundo. La ronda de Doha está siendo mucho más compleja que, p.e., la de Uruguay porque en esta negociación se contemplan más productos, (y servicios) pero sobre todo porque se han incorporado nuevos países (en desarrollo, todos ellos) que quieren hacer valer su voz con posiciones mucho más firmes.

Pero no es el único ejemplo de tensiones en el reparto de poder a nivel mundial. Pensemos en las dinámicas que hemos visto en las reuniones del cambio climático, o la “insólita pretensión” de que un mexicano dispute a una europea la gerencia del Fondo Monetario Internacional, por no hablar del decadente peso del G-7 (pasado por arriba por el G-20, o por abajo por el G-2 que propuso el Presidente Obama en su primer viaje a China).

Son los nuevos tiempos en los que son perfectamente entendibles todas las posturas, pero no nos hemos de olvidar que cuando tratamos sobre estas tensiones, estamos hablando también del reparto de la riqueza en el mundo, y de la evolución de la pobreza en el planeta. No son discusiones inconexas. Sobre este tema versará mi siguiente post, que será el último de esta serie.

766 Palabras

Globalizacion y riqueza

Con anterioridad a lo que llamamos crisis, en el mundo se estaba generando un proceso de cambio radical. Proceso que, en mi opinión, tenía -y tiene- dos factores básicos de propulsión. La tecnología y el libre comercio.

No es el momento de teorizar sobre la influencia de la tecnología, pero sí señalar que la tecnología de la información ha cambiado la forma de hacer negocios, a través de su capacidad de transmitir de forma eficiente y rápida cualquier tipo de información (voz, datos, imágenes) a cualquier parte del mundo.

Pero este cambio de la tecnología no hubiera tenido los impactos tan extraordinarios que se han derivado, si no se hubiese visto acompañado por una decisión política. El libre comercio, que tuvo su plasmación en la creación de la OMC en los años 90’s.

La combinación de ambos factores es lo que da lugar a la globalización. La combinación de tecnología y libre comercio ha tenido efectos radicales tanto a nivel micro como a nivel macroeconómico.

A nivel microeconómico, no solo porque ha influido en todas las variables de gestión de las empresas, sino sobre todo porque ha supuesto un gran cambio en las formas de competir. Esto ya es evidente, desde hace años, en bastantes sectores industriales, en los que se han producido fuertes rupturas de las cadenas de valor funcionales y geográficas.
Y estamos en los albores de una revolución de gran tamaño en el mundo de los Servicios.

Estos movimientos presentan retos importantes, pero también oportunidades para los países o empresas que entiendan las nuevas dinámicas. Estos movimientos generan ganadores y perdedores. Y dentro de los ganadores tenemos, sin duda, a los países emergentes, como especiales beneficiados del movimiento de globalización, lo cual ha sido evidente en la crisis financiera. Esta crisis financiera que ha sido la más global, ha sido también la primera en la que los países en desarrollo están saliendo mejor parados que los desarrollados.

Si se toma el período que va desde el comienzo de la crisis (4T 2007) a los últimos datos disponibles (3T 2011), puede observarse que mientras China creció su PIB en un 40% en el período, India casi un 30% y Brasil creció en un 13%; las economías desarrolladas o se estancaron o decrecieron, con la única excepción de Canadá. Canadá es el único de los países desarrollados tiene a comienzos del 2012 un PIB (medido en términos reales) superior al que tenía en 2007.

Y esto se veía venir, no solo por los cambios originados por la globalización a los que antes hice referencia, sino por las políticas ortodoxas que los países emergentes siguieron tras la crisis de finales del pasado siglo, con la excepción de algunos países del Este de Europa que son los que, ahora, más están sintiendo la crisis financiera.

En el futuro próximo, y a pesar de que las previsiones se han modificado a la baja, los países emergentes crecerán bien por encima del 5%, mientras que los desarrollados, lo harán bien por debajo del 2%.

Personalmente, no creo que un decoupling radical sea posible, dados los canales de transmisión de la economía mundial pero sí creo que el diferente brío entre los países emergentes y los desarrollados es muy sostenible. De hecho, para el año 2020, se espera que los seis países emergentes dupliquen su peso en el PIB mundial hasta representar el 50%, mientras que los desarrollados (USA + Europa + Japón) que hoy suponen la mitad de la renta mundial, verán disminuir su aportación hasta un 35%.

Y es que si uno toma una cierta perspectiva, es lógico que este fenómeno se produzca, porque, p.e., nos impresiona mucho el crecimiento de China, pero si lo medimos en términos de renta per cápita, China es hoy el 20% de la renta de Estados Unidos. China hoy tiene los niveles de renta per cápita que son los que Japón tenía en los 50’s del siglo pasado. E India tiene el 50% de renta per cápita de China.

O visto desde otra perspectiva, el 50% del PIB mundial está en manos de 1000 millones de personas, mientras el otro 50% se reparte en los otros 6000 millones.

Lógicamente este proceso de transformación no se va a dar sin tensiones económicas y políticas. Sobre ellas, trataremos en el siguiente post.

775 Palabras

Interludio

En los post anteriores, he recogido información muy descriptiva sobre la evolución de la pobreza en el planeta.

Como es lógico, esta reflexión nos ha conducido al análisis de la evolución de la desigualdad entre los distintos países. Este cambio (positivo), sin embargo, no debe valorarse como una mera evolución estadística, sino que responde a una modificación de la lógica de la actividad económica en el mundo, la cual nos está conduciendo a una evidente modificación de la estructura regional mundial de la riqueza.

Esta evolución, creo que todos estaremos de acuerdo, es una condición necesaria (no suficiente) para la disminución de la pobreza a nivel global.

Aunque he escrito anteriormente sobre este último tema, me gustaría, en los próximos escritos, recordar, en primer lugar, los grandes cambios que se están produciendo en el mundo, que eran ya visibles mucho antes de la crisis, para reflexionar a continuación sobre las tensiones que estos cambios están generando entre países desarrollados y emergentes.

Mi intención será correlacionar estos cambios y las tensiones de ellos derivadas, con la lucha contra la pobreza en el mundo.

205 Palabras

Inmigración: ética y pragmática

La evolución de la población y la pirámide de edades en Europa y España que analizábamos en el último post, nos conduce a una reflexión sobre la inmigración.

Por cierto, en estos días he estado releyendo un libro de Guillermo de la Dehesa sobre este tema que recomiendo vivamente, dada esa capacidad que tiene Guillermo de hacer análisis que siendo accesibles para los no iniciados, tienen al mismo tiempo un gran rigor y profundidad. Es un excelente esquema para adentrarse en el análisis socio-económico de la inmigración.

La cuestión es bien compleja porque tiene muchas aristas, y es especialmente difícil en un caso como el de España que ha tenido un cambio social muy drástico en la década 1999-2009. Veamos algunos datos:

  • En términos absolutos, el incremento del número de emigrantes en la década ha sido de cinco millones de personas (desde casi 650.000 hasta algo más de 5.650.000).
  • En términos relativos, esto ha significado que el colectivo de inmigrantes sobre la población total ha pasado del 1,6% al 12,3%. La primera era de las tasas más bajas de Europa, y la segunda, es la más alta.

Además, el final de este cambio social tan radical ha coincidido con una crisis que ha tenido un efecto devastador en términos de empleo.

Tal vez por todo ello, en un reciente estudio de Harris Interactive recogido recientemente por FT, mostraba que los españoles, junto a los británicos, tienen la visión más negativa de Europa, respecto a los inmigrantes.

Pero España no es una isla. De hecho, en muchos países de Europa estamos asistiendo a un resurgimiento de partidos xenófobos. Y además, y lo que es peor, los partidos moderados, en muchos casos, están eligiendo defender postulados cercanos a los de aquellos movimientos, ante el temor de perder votos, en lugar de enfrentarse al necesario esfuerzo de pedagogía.

Aunque este tipo de posiciones puedan explicarse, deben ser combatidas con resolución, y ello tanto por razones éticas (defensa de la dignidad de las personas) como pragmáticas.

El proceso de globalización debe contemplar la libre circulación de mercancías y capital, pero no puede quedarse ahí. Debe contemplar también, y por razones de equilibrio, la de las personas.

De hecho, si se compara el porcentaje de población de emigrantes de la actual ola de inmigración con la que tuvo lugar a principios del siglo XX, todavía estamos en porcentajes muy lejanos. Aquella afectó a más de un 8% de la población mundial, y la actual a poco más del 3%.

Nadie abandona su país por gusto, sino acuciado por las necesidades económicas. La mejor manera de evitar la emigración es a través del desarrollo de los países de origen. Y esto es especialmente aplicable en los casos fronterizos.

Hablando de fronteras, las diferencias de renta per cápita entre Europa y el Norte de Africa, son las mayores del mundo, muy por encima de las distancias en la frontera México-Estados Unidos.

Y además, ¿se pueden permitir España y Europa dar la espalda a la inmigración? ¿Nos podríamos permitir el cese de flujo migratorio? La respuesta es no, y lo hemos analizado en los post anteriores.

Permitir que proliferen y se fortalezcan los sentimientos xenófobos y anti-emigración, es conducirnos a una situación sin salida. Por el contrario, no reflexionar con profundidad sobre los múltiples aspectos de la inmigración, con el objeto de definir un marco legal estable, tampoco es una alternativa.

Por eso me parece una buena noticia, la formación de un Comité de Expertos para asesorar a los Ministros de Asuntos Exteriores. De hecho, en este mes de Mayo, deben presentar sus propuestas para combatir la intolerancia y el incremento de los extremismos. Estaremos atentos a sus conclusiones y, en su caso, a las actuaciones sobre las mismas.

681 Palabras

Apuntes sobre el cambio de la estructura regional de la riqueza

Una de las características socioeconómicas de las dos últimas décadas ha sido –está siendo- el cambio de la estructura regional de la riqueza en el mundo. Aunque lo he comentado en otros post, me gustaría recordar que:

  • Aunque su origen está probablemente en, por un lado, la caída de Muro y la apertura comercial de los países asiáticos, que comenzó en los 80’s y, por otro en la interiorización de las lecciones de las crisis asiáticas y latinoamericanas de finales de los 90’s del siglo pasado, la realidad es que fue en la década pasada cuando se pusieron de manifiesto las distintas velocidades entre los países emergentes y los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2002/10 (una vez asentada la crisis latinoamericana) los países emergentes vieron crecer su PIB un 70%, mientras que los desarrollados no llegaron al 15%.
  • Lo más sorprendente, sin embargo, se ha dado durante la última crisis, en que además de ser la más global, asistimos por primera vez a que en un episodio de este tipo, los países en desarrollo salieron mucho mejor parados que los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2006/2010 el incremento de PIB en los países desarrollado no llegó al 5%, mientras que los emergentes lo hicieron por encima del 40%.
  • Y aunque hay matices entre las distintas previsiones, creo que recojo una visión generalizada al señalar que los países desarrollados: EE.UU, Europa y Japón (que hoy significan un 50% del PIB mundial), representarán poco más de un tercio en el año 2025. Y que, por contraposición, los seis países emergentes más característicos (Brasil, Rusia, India, China, Turquía y México) significarán la mitad del PIB mundial en esa fecha. Es más, el peso de Asia en este período de 15 años se duplicará en la economía mundial.

Y esto es un cambio espectacular.

  • Pero conviene poner estos cambios en una cierta perspectiva, relacionando esta evolución con la población.

    Porque hoy el mundo desarrollado, que representa ese 50% del PIB mundial, tiene una población que está en torno a los 1000 millones de personas. El otro 50% del PIB se reparte entre más de 6000 millones de personas.

  • Y cuando nos impresionamos con los crecimientos de China o India conviene también poner las cosas en perspectiva.

    Hoy el PIB per cápita chino es el 20% del PIB per cápita de Estados Unidos. El PIB per cápita chino, por tener otra referencia, es similar al que tenía Japón en el comienzo de los 50’s del siglo pasado. O del que tenía Corea del Sur a comienzos de los 80’s.

    Y hoy la India tiene un PIB per cápita que es solo la mitad del chino.

  • Además, y mirando a la evolución futura de la población mundial en las próximas décadas, los crecimientos se concentrarán en los países no desarrollados. Los desarrollados, en el mejor de los casos, tendrán una población estable.
  • Este crecimiento de los países emergentes es, por tanto, imparable. Y es bueno que sea así si queremos que se mejoren las condiciones económicas de las personas que viven en las regiones más desfavorecidas. Y sería todavía mejor, si en esta dinámica entraran regiones que hoy están fuera de la misma, y lógicamente, estoy pensando en Africa.

    Por supuesto que esto plantea muchos retos de sostenibilidad sobre los que habrá que pensar y dilucidar, pero el punto que quiero señalar es que en las soluciones que demos a los retos de la sostenibilidad no podemos olvidar la desequilibrada situación de partida.

634 Palabras

Tecnología y valores sociales

En mi intervención el martes en la DBS titulada «La empresa del éxito del siglo XXI», empecé disculpándome por no hablar de la empresa del siglo XXI. Como dije, me parecía demasiado pretencioso estando en el año 2010.

En primer lugar hablé de aquellos factores de cambio sobre los que ya escribí en junio en otro post, evidentes en nuestra sociedad en los últimos años, y que tienen un claro impacto en el mundo empresarial. En ese post lo resumía en dos cambios: la globalización y la modificación de la estructura geográfica de la generación de riqueza.

Decía también que el fenómeno de la globalización tiene dos claros orígenes: Por un lado el libre comercio y, por otro, la evolución de la tecnología. El martes me extendí algo más en este segundo origen.

La tecnología ha sido un factor clave para la globalización, pero su influencia va a trascender de este impacto. Desde mi punto de vista la tecnología tiene cuatro grandes campos de influencia:

  1. Cambios en el modelo de producción: En el sector industrial ha significado una ruptura de cadenas de valor desde el punto de vista funcional y geográfico. Esto seguirá, si bien su principal impacto de cambio se ubicará en el sector servicios (entendiendo esto en sentido amplio, incluyendo la medicina). Aunque muy importante, en el fondo no son sino cambios en los modelos de producción.
  2. Cambios en los canales de distribución y de relación con los consumidores: Estamos en los albores de estos cambios, hoy limitados a un limitado e-commerce. El mercado hoy es físico. El mercado virtual es hoy muy pequeño y casi siempre propietario. Pero la globalización, para aquellas empresas que no pueden soportar los gastos de una acción comercial tradicional, pasa necesariamente por Internet para tener acceso a los nuevos mercados. Eso, en sí mismo, es un factor que va a afectar al equilibrio entre mercado real y mercado virtual. Pero además estamos viendo sectores que aparentemente era difícil que pudieran vender sus productos por la Red, y que lo están haciendo ¿quién nos iba a decir el boom del textil virtual? Estamos en los comienzos de un proceso de cambio radical.
  3. Cambio en la organización de las empresas: Hasta ahora, la tecnología ha tenido una gran influencia en los procesos administrativos o de operaciones, lo que podríamos llamar la organización con «o» minúscula. En el futuro, la tecnología influirá en el corazón de la organización. Ya ha sucedido con la desaparición de mandos intermedios y los movimientos de delegación. El siguiente paso es un empowerment más radical. Al final, la capacidad para acceder a la información, es la base organizativa para ubicar los puntos de decisión. Esa capacidad se va a distribuir, y eso cambia el paradigma organizativo.
  4. Cambio en la configuración del marco competitivo: Porque aprovechando las rupturas de cadenas de valor, aparecen nuevas empresas de pequeño tamaño que compiten con las grandes en nichos concretos, pero crecientes. Las grandes empresas, no competirán solo con grandes empresas sino, sobre todo, con una miríada de nuevas organizaciones muy flexibles, que no tienen las limitaciones derivadas de estructuras desarrolladas en otros momentos competitivos. Esto es especialmente claro en el sector IT y es el origen del desarrollo de start-ups, de las nuevas empresas que tanta relevancia están teniendo, de muchas más en el futuro.

A continuación, introduje otros dos factores de cambio. El primero: El cambio en los valores sociales que se derivan en impactos en el gobierno de las empresas, sobre el que también reflexioné en otro post llamado Los cambios de fondo.

Podríamos agrupar estos valores sociales que se derivan en impactos en el gobierno de las empresas bajo el genérico de sostenibilidad. Donde no solo debemos pensar –que es muy importante- sobre la sostenibilidad relacionada con el cambio climático, sino en otros aspectos que influyen más directamente en las empresas. Pensemos en los requerimientos de transparencia y en las exigencias éticas que hoy son un sentimiento social interiorizado y no una exigencia de grupos minoritarios más o menos marginales.

El siguiente factor de cambio del que hablé se refiere a los cambios de valores en las personas individuales y su relación con el trabajo y los proyectos empresariales, unido a la ruptura del paradigma de la empresa que te asegura un lugar donde puedes desarrollar toda tu vida profesional. No me detengo porque creo que para todos estos cambios, son muy evidentes.

Seguro que hay más factores, pero con estos creo que son suficientes para poner de manifiesto la mutación que estamos viviendo, su impacto en la naturaleza de las labores de dirección y el contexto en el que llegó la crisis.

Esta crisis tendrá sus impactos en el mundo financiero (mayor aversión al riesgo), pero, además, creo que va a acelerar los factores de cambio arriba mencionados, y su impacto en la morfología de las empresas. A las empresas se le van a exigir mayores responsabilidades, y su dirección va a ser cada vez más compleja.

En siguientes posts publicaré la segunda parte de mi intervención, en la que pasé a compartir con la audiencia de la DBS algunos puntos de reflexión sobre hacia donde nos llevan todos los cambios mencionados desde el punto de vista de la dirección de empresas y cómo debemos preparar a la gente para el futuro, centrándome preferentemente en el impacto de los cambios sociales.

965 Palabras

El camino inexplorado hacia la internacionalización

El pasado lunes aparecía un artículo en Expansión sobre nuestro comercio exterior, en el que se recogía información del ICEX. La tesis no es nueva (aunque los datos se actualizan): el sector exportador español, medido en términos de cuota de mercado sobre el comercio internacional, ha tenido y, con alguna ligera caída en los últimos meses, está teniendo un buen comportamiento.

Sin embargo, cuando se analiza la estructura de las empresas exportadoras, se ve que la base de este esfuerzo se concentra en pocas compañías. Sólo el 3,3% de los empresarios exportan y sólo 40.000 empresas pueden considerarse como exportadoras “regulares”. Y, de hecho, sólo 27.244 empresas facturan más de 50.000 euros al año en otros países.

Esta situación creo que tiene que ver fundamentalmente con tres factores. En primer lugar, la corta historia exportadora y la tradición doméstica de nuestras empresas. En segundo lugar, nuestra estructura sectorial. Y, finalmente, el tamaño de la empresa española (su minifundismo).

La fotografía que muestra el análisis del ICEX es especialmente preocupante en un mercado crecientemente globalizado. Los ecosistemas domésticos tienen unas barreras endebles y, por tanto, la internacionalización –cada vez más- es una condición necesaria para la sostenibilidad.

La cuestión es cómo responder a esta situación. Tradicionalmente, la respuesta ha sido la de apoyar a través de financiaciones especiales, apoyos puntuales y promociones exteriores. Y eso, seguramente esté bien. Pero no es suficiente.

Pienso que en el mundo al que vamos, la internacionalización de las empresas debe ser parte de su aproximación. En el límite, el concepto es el mercado, no el mercado doméstico, ni el internacional. Sino el mercado.

Acceder a ese mercado requiere, si se hace por sistemas tradicionales, medios muy importantes. Medios que están al alcance únicamente de empresas de gran tamaño. Por estos medios, nuestro objetivo sólo puede ser –como se recogía en el artículo- conseguir incrementos marginales (2.000 empresas al año). Que son objetivos difíciles de conseguir; y esta dificultad objetiva nos está diciendo que ése no puede ser el camino en un mundo global (o, al menos, no puede ser el único camino).

Necesitamos generar mercados por otros medios. Y estos medios deben estar conectados con la realidad de un mundo crecientemente virtual.

Pero este mundo virtual no puede limitarse a exposición de escaparates (web), que por otro lado están lejos de los medios de muchas de nuestras empresas. Necesitamos crear interacción entre compradores y proveedores en un mercado en el que el conocimiento y la confianza son, sin duda, el mayor reto.

456 Palabras

Los cambios de fondo

Dentro de los aspectos del entorno que están teniendo –y van a tener- una influencia decisiva en el comportamiento de los agentes económicos a nivel mundial, además de la globalización y la modificación de la estructura geográfica de la generación de riqueza, me gustaría hacer referencia a los cambios, o propuestas de cambio, de valores en la sociedad, porque indudablemente, están afectando a los agentes económicos y al gobierno de las empresas.

Este es un tema de fuerte calado, pero que quiero, al menos, enunciarlo, porque creo que va a tener efectos radicales en el futuro. Para ello, estructuraría esta problemática en tres vectores:

  • El primero hace referencia a los objetivos de las empresas. ¿Sigue siendo el valor del accionista el objetivo que debe guiar a los gestores? ¿Cómo entran en la ecuación los stakeholders? Este es un tema de gran calado, que ha sido puesto encima de la mesa con gran énfasis como consecuencia de la crisis, y que, sin ninguna duda, será un tema de debate en los próximos años.

    En mi opinión, al menos para las grandes empresas cotizadas, el objetivo de creación de valor con una perspectiva temporal amplia, y dentro de criterios estrictamente éticos, es difícilmente sustituible, al menos en el mediano plazo.

    Porque, por un lado, incorpora y recoge el interés de los stakeholders en una perspectiva temporal amplia, y, por otro, porque la indefinición o la falta de clarificación de objetivos llevaría a lo que podríamos llamar la irresponsabilización del Management.

    A no ser –y eso me parece irrealizable en el corto/medio plazo- que este indicador fuera sustituido por otros suficientemente consensuados, compartidos y cuantificables.

  • En segundo lugar, creo que es necesario hacer referencia a los conceptos asociados con la sostenibilidad. Es un campo muy amplio, que sin duda se va a desarrollar fuertemente en los próximos años. Pero algunos efectos son ya inmediatos. La sostenibilidad está hoy relacionada con el riesgo reputacional.

    En buena medida es una restricción del modelo. El ejemplo de BP en el golfo de México es el más evidente, pero hay otros menos conocidos, pero que han incidido de forma decisiva en la estratégia de ciertas empresas. Por ejemplo, en el sector textil.

    Mi punto es que la sostenibilidad en el futuro, lejos de ser una restricción del modelo, será una fuente de oportunidades de creación de valor para aquellas compañías que entiendan las dinámicas de esta evolución.

    Y ello no solo en los sectores cuya cercanía es más evidente con estos temas, sino también en sectores tan aparentemente alejados como es, por ejemplo, el Sector Financiero.

  • En tercer lugar creo que conviene reflexionar sobre las crecientes demandas sociales de transparencia y comportamientos éticos. La transparencia y la ética no es lo mismo. La transparencia no es un fin en sí mismo, sino un medio –y solo un medio- para juzgar el carácter ético de los comportamientos.

    El impacto de estas exigencias creo que va a ir mucho más lejos de los dos puntos que hoy se están focalizando, y que desde luego, son muy relevantes: La gobernanza y las retribuciones.

    Pero creo que su efecto va a ser mucho más amplio en el futuro y que afectará particularmente a las empresas multinacionales.

    En los últimos años ya estamos viviendo el efecto de estas exigencias. Así, hoy es un tema asumido conceptualmente que estas empresas deben tener los mismos códigos de comportamientos en los distintos países en los que trabaja. Esto era impensable hace tan solo 15 años. Y en los próximos habrá una presión irresistible para que esa asunción conceptual pase a ser una realidad.

    Pero esto no se va a quedar aquí. Pensemos que muchas de estas empresas tendrán sus fuentes de negocio y crecimiento en países emergentes, mientras sus “centrales” estarán en países desarrollados. ¿No va a tener esto un efecto en la forma de gestión?. Mi opinión es que sí. Vamos a ver fuertes tensiones dialécticas en muchos campos. Desde la legislación local vs. la gestión global, hasta los conceptos de responsabilidad corporativa diferenciada según la realidad de los países, pasando por la composición de un management y unos Consejos que deberán responder cada vez más a la estructura geográfica del negocio.

En definitiva, vivimos en un mundo de cambio exponencial, crecientemente globalizado, con una modificación acelerada del equilibrio económico y político a nivel mundial, en un contexto en el que el replanteamiento de valores tiene un impacto radical en los agentes económicos, que deben enfrentarse a unos retos de definición y gestión cualitativamente distinto –y más complejos- de los que habían vivido en el pasado.

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Apuntes desde la crisis: responsabilidades

En una economía de mercado, existe una clara diferenciación entre los ámbitos de responsabilidad de los gobiernos (o administraciones, en sentido más general), y empresarios (también en sentido amplio) e individuos (lo que se ha dado en denominar la Sociedad Civil).

Las administraciones tienen la responsabilidad básica de propiciar un ambiente para la generación de riqueza en sus países o, dicho de otro modo, para atraer empresas creadoras de riqueza a sus áreas de influencia. Esto, que siempre ha sido así, es más importante que nunca en la época de la globalización. Como le oí decir en una ocasión a Catania, antiguo presidente de MCC, «la globalización si es un problema, lo es para los países, no para las empresas».

Hoy, en materia económica, los gobiernos no pueden tomar decisiones como si cada país estuviera aislado y fuera un ecosistema. Y ello no sólo porque las condiciones económicas mundiales tienen una influencia decisiva en las realidades nacionales, sino, sobre todo, porque también ellos están sometidos a la competencia con otros estados para la atracción de creación de riqueza. (Por cierto, es sorprendente la falta de atención que los agentes sociales prestan a esta realidad.)

Esta situación, que complica la toma de decisiones, es al mismo tiempo una fuente de oportunidades, por ser un elemento de progreso de aquellas sociedades que entiendan estas dinámicas. Hoy, en el friso de una nueva década, tenemos claras experiencias positivas y negativas de los resultados de las medidas adoptadas en los últimos años en distintas regiones del mundo.

Digámoslo claramente: los gobiernos no están para definir modelos de crecimiento económico. La etapa del dirigismo ha pasado. Los gobiernos están para crear las condiciones para que los empresarios (internos o externos) creen riqueza, así como para que el talento sea educado, retenido y atraído.

Esto, en sí mismo, es un reto, especialmente en España donde estamos en una crisis política, pero es la catarsis necesaria para afrontar un futuro de generación de riqueza. En todo caso las reformas necesarias no son solo responsabilidad del gobierno de turno (que es el que debe llevar el liderazgo) sino de la clase política en sentido amplio, y en definitiva, de los individuos que les dan su respaldo.

Para generar y atraer la creación de riqueza se requiere un caldo de cultivo en el cual los valores del empresariado y la promoción sean reconocidos y que la meritocracia radical sea compatible con una cohesión social que ha caracterizado siempre a los valores europeos. Y ellos se debe concretar en medidas específicas.

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