La casa Gardoqui

Gardoqui en FiladelfiaMi introducción a la figura de la casa Gardoqui fue a través de mi admirada y polifacética Reyes Calderón, actual decana de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra.

Posteriormente, la Fundación Consejo España – Estados Unidos, organizó un seminario con el titulo «Diego María Gardoqui: Comerciante bilbaíno y primer Embajador de España en Estados Unidos» dirigido por E. Garrigues bajo la Presidencia de los Príncipes de Asturias en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Mi objetivo hoy es hacer un muy rápido repaso de la ayuda económica de España a EEUU a través de la firma bilbaína Gardoqui e hijos.

La casa Gardoqui e hijos tiene su primer origen en una compañía denominada José Gardoqui e hijo que posteriormente se transformaría en José Gardoqui e Hijos (precisamente por la incorporación de Diego María a los 23 años).

En los primeros años concentraron su actividad en el comercio con Norteamérica de lanas, hierro y bacalao.

La relación de Diego María con Elbridge Gerry, delegado por Massachusetts en el Congreso Continental y firmante de la declaración de Independencia, hizo que negociaran un contrato secreto por el que los bilbaínos se asentaron como proveedores de ese Estado.

Esta relación era estrictamente privada, y en ese acuerdo, la Casa Gardoqui se comprometía a vender en el mercado europeo las materias primas que los norteamericanos les hicieran llegar. Con los fondos obtenidos con tal venta, los bilbaínos adquirían aquellos enseres que el Congreso señalase. Lógicamente, este fue un buen negocio para los Gardoqui, que tenían una comisión del 3%. Su papel hizo que pasaran a aparecer frecuentemente en The Journal of the Continental Congress.

Paralelamente, el Marqués de Aranda – embajador de la Corona en Francia- tuvo una clara posición para que España – como ya estaba haciendo Francia- se acercase a los rebeldes americanos.

Tras diversas vicisitudes, el Congreso americano decide enviar un comisionado a Madrid. La idea original es que fuese B. Franklin, pero enfermó de gota, y fue sustuido por Arthur Lee.

Arthur Lee emprendió viaje hacia Madrid, pero Diego María de Gardoqui, fue requerido por Floridablanca para que redactara una carta destinada a Lee con el fin de persuadirle que no llegara a Madrid, para evitar que esto cayera en conocimiento de la inteligencia británica.

Finalmente, hubo una reunión entre Grimaldi (secretario saliente), Lee y Diego María de Gardoqui en Burgos. El bilbaíno fue no solo el traductor en la reunión, sino que fue presentado como la persona cuya Casa Comercial se encargaría de los auxilios y ayuda financiera española; extremo que se confirma en la nota que envió Lee a Floridablanca, dando cuenta de lo tratado en la reunión.

¿A cuánto ascendió la ayuda de la Corona Española a Estados Unidos?. Es difícil definir la cifra exacta, pero se calcula que llegó a casi 37 millones de reales. Para dimensionar lo que la ayuda significó, Reyes Calderón apunta que solo en 1777, las ayudas a los americanos representaron el 5,9% de los ingresos del erario público español.

Además de los resultados económicos que esta operatoria deparó a la Casa Gardoqui, también se vieron favorecidos por los reconocimientos.

Así Diego María de Gardoqui fue nombrado en 1785 primer embajador de España ante los Estados Unidos de América, cargo que ocuparía hasta 1789. Y como embajador, desfiló justo después de John Jay en la ceremonia de toma de posesión de G. Washington como primer Presidente de la Nación.

Posteriormente, Diego María ocupó la Secretaría de Despacho de Hacienda (1792-96). En esa posición insistió en la necesidad de contener el déficit público so pena de reducir la riqueza nacional ….-¿os recuerda algo?-. Si bien, y para financiar la guerra contra Francia, se vio obligado posteriormente a emitir masivos empréstitos, con un impacto muy grave en la cotización de la deuda pública (lo que hoy llamaríamos riesgo país).

Me conformaría si con estos breves y superficiales apuntes despierto en alguien el apetito de profundizar en la figura de Diego María de Gardoqui y la ayuda de España a los Estados Unidos.

También me gustaría (aunque hasta ahora ha sido misión imposible), ablandar el corazón del Alcalde de Bilbao – Iñaki Azkuna- ante el evidente hecho de que el más internacional de los Gardoqui, no tenga una calle en Bilbao.

782 Palabras

Contribución de España a la independencia de EEUU

Don Diego GardoquiEl verano es para mí, y para muchos, sinónimo de tiempo de lectura. Entre mis lecturas siempre he tenido como uno de mis temas favoritos la Historia. La Historia siempre es una fuente de reflexión y lecciones para el presente y para el futuro.

Pero dentro de mis lecturas de Historia en los últimos años, probablemente la parte que más me ha sorprendido es el descubrimiento de la importante contribución de España a la independencia de Estados Unidos.

Todos estábamos familiarizados con la contribución francesa y con figuras como la de Lafayette. Y efectivamente, la contribución francesa fue importante pero nuestros vecinos, como siempre, fueron capaces de ponerla en valor de forma brillante.

Por el contrario, poco es conocido sobre la contribución española a los rebeldes. Contribución que fue económica y militar. Probablemente, la razón por la que esta ayuda fuera tan poco conocida, residía en el hecho de que la Corona Española, mientras ayudaba a los rebeldes americanos, no podía dejar de pensar en el efecto de esta independencia en sus propia colonias americanas. Sea como fuere, esta cuantiosa ayuda es una gran desconocida, tanto en Estados Unidos como en España. De hecho, no hay ninguna referencia que yo conozca, ni en los libros de textos americanos ni, lo que es más triste, en los libros de texto españoles.

Bernardo de GálvezY, dentro de esta historia de ayuda, hay dos personajes que sobresalieron especialmente. Uno fue el bilbaíno Diego María de Gardoqui (en la ayuda económica) y otro el malagueño Bernardo de Gálvez (en la aportación militar). En los próximos días me gustaría hacer una referencia a estos dos ilustres personajes. Ambos cuentan con sendas estatuas (una en Washington y otra en Pennsylvania) que fueron donadas por los actuales Reyes de España. Pero ambos son extraordinariamente desconocidos por la gran mayoría.

Personalmente, empecé a profundizar en esta fascinante historia en el periodo en el que fui Presidente de la Fundación Consejo España EEUU. La fundación, en aquel periodo, desarrolló un fuerte programa de investigación y divulgación. Entre estas actividades fueron especialmente importante la exposición de pinturas y retratos, así como los seminarios que se realizaron paralelamente, en colaboración con la Smithsonian de Washington, bajo el título: Legado: España y Estados Unidos en la era de la independencia (1763-1848).

Creo que es muy importante que se mantenga el brío en la investigación y divulgación de esta parte de nuestra historia porque, hoy que estamos involucrados en costosas campañas de imagen de España en Estados Unidos, pocas contribuciones tendrían un efecto más positivo para la imagen de España en USA que la de conseguir que el gran público americano conozca la historia de la contribución de España a Estados Unidos, de la cual la ayuda a la independencia es un precioso ejemplo.

Merece la pena, por tanto, animar a nuevas iniciativas y apoyar a las ya existentes, que con medios limitados, están desplegando un esfuerzo admirable.

535 Palabras

Austeridad y estímulo

En la última quincena del pasado mes, Financial Times publicó lo que denominaron «The austerity debate: A week-long FT series on déficit-cutting versus stimulus».

La discusión de fondo es si los países desarrollados tienen que mantener los estímulos fiscales a un nivel suficientemente alto durante un período extenso de tiempo, con el fin de evitar una recesión en un futuro cercano (en esta moda de alfabetización que padecemos, se trataría de evitar una W) o por el contrario, si mantener estos estímulos fiscales pone en cuestión el crecimiento a medio y largo plazo (los estímulos tendrían un efecto adormidera en el corto plazo, pero un efecto perverso en el medio y largo plazo, por el peso de una deuda que el mercado no está dispuesto a consentir).

La discusión, como es lógico dado el medio, tenía un sesgo muy anglosajón.

La primera reflexión que me vino a la cabeza, cuando terminé de leer la serie de artículos, es que es una discusión que solo tiene sentido entre pudientes. O, dicho de otra manera, es una discusión sobre alternativas que se pueden plantear solo aquellos países que tienen, al menos de momento, un gran crédito en el mercado. Son países a los que el mercado está dispuesto a prestarles dinero.

Esto es muy importante. No contar con el crédito del mercado fue la base para que los países emergentes en las crisis anteriores (y los lationamericanos fueron un ejemplo muy claro) no pudieran tener este tipo de discusiones. Y esto aplica también a España. Para nosotros estas discusiones son meramente académicas porque lo primero que debemos hacer es recobrar el crédito. Hacernos un acreedor respetable y eso, hoy, pasa necesariamente por una fuerte política de austeridad. Aunque tenga un impacto negativo en el crecimiento en el corto plazo.

Sin embargo, resulta chato centrar la discusión solo en este punto. Paralelamente, -y esto es muy evidente en España- se deben hacer los deberes cara al futuro. Las reformas estructurales son una condición necesaria para asegurar que, tras la crisis, crearemos riqueza.

Y en esta reflexión más de medio plazo –que hay que construir desde hoy-, me ha parecido especialmente interesante el artículo de Jeffrey Sachs, dentro de la serie de FT. El título del artículo anticipa su contenido: «Sow the sedes of long-term growth». Recojo la base de su argumentación en una traducción libre:

«Lo sorprendente del actual debate sobre «austeridad y estímulo» ha sido la falta de atención a la inversión. Los consumidores no proporcionarán el motor de recuperación, ni lo deberían hacer, después de sobreendeudarse durante décadas. En cambio, EEUU y Europa deberían utilizar el reciente empujón correctivo de tasas de ahorro para promover inversiones a largo plazo en capital físico y humano como el camino más apropiado para el crecimiento sostenido.

A pesar de la necesidad evidente de un incremento del ahorro nacional después de 2008, el presidente Barack Obama trató de prolongar la racha de consumo, promoviendo de una forma agresiva las ventas de coches y casas a unos consumidores ya agotados, y bajando los impuestos a pesar de un déficit presupuestario insostenible.»

En definitiva, piensa que la única manera de romper esta cuadratura del círculo es a través de una inversión que sea productiva en el largo plazo, como forma de combinar estímulos fiscales de impacto real en el corto preservando la competitividad futura.

Para el caso americano propone cinco líneas de actuación: Energía (limpia), infraestructuras físicas, educación, crear una infraestructura para apoyar exportaciones a Africa y otros países de rentas bajas, y la definición de un esquema temporal que asegure una reducción acompasada del déficit en el medio plazo para dar credibilidad a los mercados.

Lógicamente, estas no son las líneas que creo serían convenientes para España, pero sí creo que merece la pena que pensemos sobre cuáles serían nuestras prioridades. Como decía anteriormente, nosotros en España no tenemos los grados de libertad que tienen en EEUU frente a los acreedores pero, seguramente, estos grados de libertad son más altos para las inversiones que para los gastos corrientes.

Y en esta reflexión en España no debemos caer en el corto plazo ni en el convencionalismo. Cuando esta reflexión se plantea, en España siempre la conducimos hacia las infraestructuras físicas. ¿Es de verdad el camino a seguir?. Es cierto que la inversión en infraestructuras es un campo en el que nos movemos con agilidad y que crea trabajo a corto plazo pero, ¿es realmente lo que necesitamos? Yo tengo mis dudas.

España tiene unas infraestructuras excelentes (en algunos aspectos, incluso excesivas dado nuestro nivel del renta). Cuando uno viaja a EEUU entiende la razón que conduce a J. Sachs a poner a las infraestructuras física en el foco de prioridades para su país. Pero en España no tenemos ningún déficit notable en este campo. Nuestras infraestructuras físicas son notablemente mejores que las americanas.

Por el contrario, nuestra posición en infraestructuras de conocimiento y educación es francamente mejorable. Sé que estas inversiones en el corto plazo son menos intensivas en trabajo que las infraestructuras físicas pero a medio plazo paliarán, al menos un poco, el diferencial negativo que tenemos respecto a nuestros países competidores.

Y es que nuestro desempleo hoy –y como no actuemos será más acentuado si cabe, en el futuro– es esencialmente una crisis de falta de capacitación para el mundo en el que nos ha tocado –y nos va a tocar– competir. Y a esa falta de capacitación es a lo que nos tenemos que enfrentar si queremos mantener nuestros actuales niveles de vida. Es un tema urgente y decisivo.

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Apuntes desde la crisis: un diagnóstico para España

Lo que es cierto, es que esta crisis –y en línea con lo que comentábamos en el post anterior– está teniendo una menor duración y menor impacto en los países emergentes y Asia que en los países desarrollados. Y dentro de los países desarrollados EEUU –con todas las dudas que se quiera- está teniendo una salida mucho más briosa que Europa (el PIB este año crecerá más del 3%).

La crisis –y los recientes acontecimientos de Grecia- han puesto de manifiesto el camino por recorrer en la gobernanza de Europa, pero sobre todo han puesto al descubierto las debilidades estructurales de Europa tantas veces comentadas, pero tantas veces olvidadas.

Por decirlo con el grupo de expertos que ha liderado Felipe González:

«La crisis ha alumbrado las debilidades estructurales que tienen la mayor parte de los países Europeos: Baja productividad, desempleo estructural, una falta de flexibilidad en el mercado de trabajo, una fuerza de trabajo con conocimientos no puestos al día y un pobre crecimiento»

Y esta necesidad de reaccionar es muy diferente a las anteriores etapas. Porque en el pasado, la gestión interna europea se realizaba en un entorno externo que se mantenía prácticamente estable. Hoy la situación como hemos analizado, no puede ser más diferente.

Viendo lo que se está moviendo en el mundo podemos valorar de verdad los retos que tenemos por delante en España. Estos retos son muy importantes. Esto no es un ajuste coyuntural y de corto plazo.

España tiene los retos propios de Europa a los que antes hacía referencia, pero además tiene sus propios retos. Esto está quedando meridianamente claro en esta crisis. El impacto de la crisis en España lo describía muy plásticamente David Taguas:

«Desde el inicio de la crisis los recursos internos en España se han reducido en un 10% (5% de déficit comercial y 5% de caída de PIB). El empleo ha disminuido en un 10% (2 millones de puestos de trabajo). Y el peso de la Deuda Pública sobre el PIB está subiendo a un 10% anual.«

A esta realidad –dura realidad- es a la que debemos enfrentarnos. En España tenemos un problema de falta de competitividad acumulada, un sector inmobiliario que ha sido el motor de los últimos años y que hoy está gripado y un tremendo endeudamiento con el exterior al que debemos hacer frente en un mercado cada vez más adverso al riesgo.

En esta situación, el gobierno ha reaccionado con un paquete de medidas que van en la dirección de tapar agujeros, es decir, en la dirección correcta. Obviamente, se ha tardado mucho en la toma de decisiones, pero no creo que sea bueno gastar energías discutiendo el timing. Es mejor pensar en el futuro. Y pensar en el futuro debe significar pensar en crear riqueza. Enfrentarnos al reto de crear riqueza en un mundo cambiante.

Concentrarnos exclusivamente en las recetas de corto plazo, centradas en los meros recortes solo conducen a la melancolía y, lo que es peor, a la deflación.

Y a la hora de analizar la situación yo tomo una visión empresarial. Todos sabemos que ante una caída abrupta de demanda lo primero, lo más acuciante, es ajustar costos. Pero inmediatamente hay que dar un paso más, porque detrás de estos cambios suele estar una modificación radical en la situación competitiva, lo que obliga a replantearnos nuestra estrategia en profundidad. La conclusión suele ser que debemos tomar medidas de alcance y efecto temporal diferente, pero que todas ellas deben ser implementadas si queremos salir fortalecidos de la situación. Todos hemos vivido en la realidad empresarial estos momentos de ruptura.

Pues bien, cuando intento aplicar esta metodología a la economía española encuentro un primer tema a definir: Algo tan sencillo como definir quién es responsable de qué, porque tengo para mí, que estamos asistiendo a una gran confusión de papeles. Y el problema es que esto nos lleva a la inacción en un momento en que la colaboración de todos de forma responsable es esencial.

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