Conclusiones sobre globalización, desigualdad y riqueza

El objetivo de esta serie de post, que terminan con el actual, era analizar la evolución de la desigualdad de riqueza entre países y regiones del mundo, así como la del nivel de pobreza en el planeta. Las conclusiones más relevantes, en mi opinión, han sido:

  1. El crecimiento del mundo a finales del siglo XIX y de gran parte del siglo XX (hasta la década de los 70’s), se caracterizó por crecimientos muy desiguales entre las distintas zonas del planeta. Esto dio lugar a un gran ensanchamiento de las diferencias entre países y, en consecuencia (y por este motivo), a un gran incremento de la desigualdad entre las personas, con grandes saltos en los índices de Gini y, más importante, un gran aumento (absoluto y relativo) de las personas que vivían por debajo de la línea de pobreza.
  2. Este modelo comienza a cambiar lenta pero consistentemente a partir de la década de los 70’s del siglo pasado. La desigualdad entre países comienza a disminuir. Esto coincide con el crecimiento del peso del Comercio Internacional que es el mejor proxy que tenemos hacía lo que podemos llamar la globalización.
  3. El punto anterior se hizo especialmente evidente en la última década del siglo pasado y en la primera del presente (hasta donde se tienen datos). En este período es evidente:
    • Una clara disminución de índices de Gini a nivel mundial, originados por el estrechamiento de la desigualdad “entre” países, ya que las diferencias “dentro” de los países empiezan a incrementarse (sobre este tema, realizaré una serie de post próximamente).
    • Y, más importante, una clara disminución del número de personas por debajo de la línea de la pobreza.
  4. El proceso anterior va más allá de la evolución estadística. De hecho, coincide con la aceleración del proceso de globalización, que claramente supone un cambio en los patrones de crecimiento en el mundo.

    Este cambio conlleva una aceleración de los crecimientos de países emergentes. Estos países muestran una resistencia muy superior en la crisis, están creciendo más en los momentos actuales y está previsto que incrementen su peso de forma significativa en esta década, hasta superar con claridad a los países desarrollados en la participación del PIB mundial.

  5. Sin embargo, hemos de constatar que lo anterior no está uniformemente repartido en el planeta. En términos de lucha contra la pobreza hay dos regiones que no están obteniendo buenos resultados.

    Por un lado, el Africa subsahariana con una combinación de factores que van desde la existencia de zonas no integradas en las dinámicas de la globalización, hasta factores políticos (estados fallidos), pasando por cuestiones étnicas. Aunque parece que en los últimos años hay factores que permiten vislumbrar alguna esperanza, no se puede decir que haya dinámicas decantadas.

    Por otro, el sur de Asia y muy en concreto India, que muestra un ejemplo de país con grandes resultados globales, pero con diferencias interiores muy notables como consecuencia de un entramado institucional insuficiente y factores específicos religioso – étnicos. El ejemplo de la India es paradigmático de los contrastes que nos está tocando ver. India, junto a una realidad como la arriba descrita, se ha incorporado al club de países donantes en ayuda al desarrollo.

    Por otro lado China muestra un ejemplo extraordinario de gran crecimiento que aunque está generando diferencias de clase notables, está siendo (y esto para mí es más importante en estos niveles de desarrollo) sumamente eficaz en la lucha contra la pobreza.

  6. Pero el gran crecimiento de los países emergentes, unido al deterioro de la situación de los países desarrollados tras la crisis financiera, está creando tensiones políticas y económicas.

    Desde el punto de vista económico, estas tensiones están generando propuestas proteccionistas, las cuales, de tener éxito, supondrían, por un lado, una pérdida de crecimiento potencial global y, además, rompería las posibilidades de crecimiento acelerado de los países emergentes.

    No me cabe duda que sería un gran freno a los progresos de la lucha contra la pobreza en el mundo, que a pesar de los avances realizados, sigue siendo intolerable.

Las tensiones proteccionistas no se dan exclusivamente en los países en desarrollo, pero me centraré en ellos porque, por un lado, son los principales protagonistas de comercio internacional, y por otro son el foco de generación de una nueva era de defensa del proteccionismo.

Cabe recordar que las tensiones proteccionistas han tenido, históricamente, su centro, como ya hemos visto, en la agricultura. La situación es tan evidente que ya se empiezan a levantar voces, incluso en Estados Unidos, dudando de la justificación de estos apoyos en épocas de crisis como la actual. No nos vendría mal una reflexión similar en Europa.

Pero, por el contrario, estas tensiones proteccionistas se están ampliando a otras esferas. También aquí Estados Unidos nos lleva la delantera (supongo que, como suele suceder, dentro de unos meses discutiremos los mismos temas en Europa). Hoy está de moda hablar del riesgo del outsourcing y de la necesidad de “reindustrializar” Estados Unidos, como medio para crear puestos de trabajo y generar una clase media potente que nos conduzca a los viejos buenos tiempos de una sociedad más igualitaria. (Sobre las críticas a estas posiciones por parte de la Administración Obama, recomiendo la lectura de un artículo de Jagdish Bhagwati con el título “Shame on you, Mr Obama, for pandering on trade“). En el Reino Unido también han tenido protagonismo voces similares en los últimos meses.

Sin perjuicio del componente utópico de lo anterior (que la reindustrialización cree en los países desarrollados clases medias como en el pasado) me parece que esta posición pierde el punto.

La pérdida de puestos en la Industria es una constante en Estados Unidos desde comienzos de los 80’s (de hecho, desde 1998 ha perdido casi seis millones de puestos de trabajo) y en el Reino Unido este sector representa hoy sólo el 8% del total empleo (era el 24% hace 30 años). Similares consideraciones se podían hacer para los países europeos. Pensar que esta tendencia puede ser revertida a través de medidas proteccionistas no parece estar muy fundamentado.

Si algo nos ha enseñado la historia de la economía es que los análisis estáticos no funcionan, que la economía como actividad humana debe ser analizada y promovida de forma dinámica. Y desde esa perspectiva, centrarse en el proteccionismo es creer en los juegos de suma cero, creer que el estancamiento es el estado natural de la economía, y eso, en el pasado, nos ha conducido a errores de bulto. Ojalá que no caigamos en esta ocasión de nuevo.

Porque lo que los países desarrollados deben pretender, no es repartirse de forma beneficiosa para ellos una tarta que está previamente fijada, sino ampliar la tarta, lo que será beneficioso para todos (y también será el mejor medio para luchar contra la pobreza en el mundo) y eso pasa por un gran esfuerzo para cambiar su ubicación competitiva en el mundo.

El objetivo no es sencillo, porque requiere revisar sus planes de estudios, reenfocar hacía carreras técnicas a los alumnos, apoyar inversiones en tecnología que mejoren la competitividad de sectores, promover la utilización de la tecnología de la información de forma amplia (no limitando el concepto de ésta a las aplicaciones de Internet), apuntalar el concepto de servicios anexos a la industria, promover flujos de inversión no limitados a un concepto de start-up que siendo importante, es un porcentaje muy escueto de la economía….. No son tareas sencillas, pero éstas son las medidas que debemos promover. Esta, sin duda, es la posición que debemos tomar (y no la defensiva y chata de la defensa del proteccionismo), porque crearía mayor riqueza para todos y permitiría una mayor equidad.

Por todo lo anterior, creo firmemente que luchar contra el proteccionismo es el mejor medio para defender la creación de riqueza en el mundo, y al mismo tiempo luchar contra las bolsas de pobreza en el planeta. Esta es una conclusión clave de esta serie de post.

Lógicamente, una posición como la aquí defendida, conllevará un crecimiento económico superior en los países emergentes, y un mayor protagonismo político de los mismos, lo que como cualquier proceso de cambio radical, no se va a producir sin tensiones. Pero son las tensiones necesarias en la evolución de un mundo más equitativo y sostenible.

Con esto terminaría mis conclusiones, pero no quiero finalizar sin fijar mi posición sobre un aspecto no tratado anteriormente: La ayuda al desarrollo.

Quiero comenzar por decir que no me sitúo en la corriente de pensamiento que está en contra de las ayudas, (la que entienden que es, incluso, un factor de retraso para el progreso de los países). Creo firmemente, que en el corto y en el medio plazo no tenemos alternativa al asistencialismo. Es por eso que valoro positivamente la línea de pensamiento y los esfuerzos que están haciendo asociaciones de distinto tipo en el mundo.

Dicho lo anterior, también creo que el asistencialismo tiene claras limitaciones y subproductos indeseados, prueba de ello es que personas tan poco sospechosas como Duncan Green defienda que las ayudas tendrían que tener marcos temporales acotados como lo tuvo el Plan Marshall ó la ayuda a Taiwan o Corea del Sur. A lo que habría que añadir controles estrictos no solo de los fondos, sino de los progresos institucionales.

Además, debemos reconocer que la lucha contra la pobreza desde el punto de vista asistencial, supone que los países ricos mantienen su posición de prevalencia. Ayudan mientras deciden ayudar, y además su ayuda es pro-cíclica.

Pongamos un ejemplo. El 19 de Diciembre del año 2007, los grupos políticos del Congreso Español firmaron de forma unánime, (tal vez la única unanimidad en toda la legislatura), el Pacto de Estado contra la Pobreza. En aquel tiempo (aunque para algunos ya era evidente la crisis) la clase política española estaba asentada en un gran optimismo económico y firmaron un pacto de gran “generosidad”. Cuatro años después, ¿alguien ha oído hablar de ese pacto? ¿Alguien piensa que hay alguna posibilidad de cumplirlo? ¿Hay, de hecho, en la opinión pública algún requerimiento para que se lleve a cabo? La respuesta es clarísimamente negativa a todas las preguntas. Y, en consecuencia, la pregunta es: ¿Podemos confiar solo en estos mecanismos para luchar contra la pobreza?.

Mi punto es que las ayudas no son el medio que va a sacar a los pueblos de la pobreza. Podrán jugar un papel complementario y acotado, pero no puede ser la base de nuestra estrategia. La base de nuestra estrategia debe ser la de permitir el acceso a las zonas preteridas del planeta, a una economía abierta, apoyándoles en su adaptación. Es el único camino que nos asegurará un futuro más sostenible para todos.

1,913 Palabras

Sobre la desigualdad de la riqueza (IV): China

El modelo chino de crecimiento en las últimas décadas ha sido –y está siendo- muy peculiar. Y esto es así desde la perspectiva política, hasta su singular conformación de los vectores de desarrollo (exportación e inversión), pasando por la gestión de la dualidad campo-ciudad.

Estas peculiaridades conllevan cuellos de botella de los que las autoridades chinas son conscientes, como quedó en evidencia en la famosa frase de Wen Jiabao, que sirvió de base para la preparación psicológica para el duodécimo Plan Quinquenal, y en la que definía la economía china como «unstable, unbalanced, uncoordinated and ultimately unsustainable».

Pero si en algo creo que todos debemos estar de acuerdo, es en la capacidad que ha tenido China para crear una enorme riqueza en un periodo muy corto de tiempo, con un formidable impacto en la situación de sus habitantes.

De hecho, es una muestra evidente de un desarrollo que ha conseguido, por un lado, cercenar la pobreza como ninguna otra región del planeta, generando, al mismo tiempo, un radical incremento de la desigualdad.

En los medios occidentales, es común leer y oír sobre el «problema» de la creciente desigualdad en China.

Cuando uno va a China percibe claramente (tan claramente que parece una consigna), la preocupación generalizada por la creciente desigualdad entre los habitantes del país. Y no debe extrañar, porque su índice de Gini ha tenido un crecimiento espectacular en las últimas décadas, hasta situarse por encima del de Estados Unidos.

Pero creo que a efectos del impacto real en la calidad de la vida de su población, es mucho más importante otro fenómeno, del que en Occidente se habla mucho menos, y es la espectacular reducción de los niveles de pobreza en el país.

Para valorar la magnitud de este fenómeno, en el siguiente cuadro se recoge la evolución del número de personas que viven por debajo de la línea de pobreza (entendida como 1,25 $ por día), comparando esta evolución con el otro país emergente de referencia en Asia: India.

1981 1990 1996 2005
% % % %
INDIA
Valor absoluto (1) 421 436 442 456
% (2) 59,8 51,3 46,6 41,6
CHINA
Valor absoluto (1) 835 683 443 208
% (2) 84 60,2 36,4 15,9
(1) Número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza. En millones de personas.
(2) Porcentaje sobre el total de población.

Por cierto, esta no es la única gran diferencia entre China e India. Para profundizar en este punto, recomiendo la lectura de un artículo muy interesante de Joseph S. Nye que publicó en el País el año pasado.

En definitiva, China ha creado una gran riqueza en las últimas décadas. Esta riqueza ha dado lugar a una extraordinaria reducción de la pobreza, aunque haya significado un fuerte crecimiento de la desigualdad. La velocidad del proceso le da a China la característica de ser casi «un laboratorio», cuyas conclusiones generan materia de reflexión para todos.

492 Palabras

Sobre la desigualdad de la riqueza (III)

Avanzaba en el post anterior que mi propósito iba a ser profundizar en la evolución del número de personas que viven en el planeta por debajo de la pobreza extrema.

He de señalar en primer lugar, que hay una fuerte diversidad de metodologías para realizar estos cálculos (en el anexo de este post se hace una referencia específica) que dan lugar a distintos cálculos sobre el valor absoluto del número de personas que pueden considerarse que viven en situación de pobreza extrema. Lo que todas las metodologías coinciden es en que hay una clara disminución de la pobreza en el mundo en el período 1980-2005 y, en especial, en la segunda parte de ese período.

Entre los distintos trabajos, voy a seguir el de Shao Hua Cen y Martin Revellion, en su versión revisada porque creo que permite unas claras conclusiones operativas.

Estos autores calculan que el número de pobres en el mundo descendió en el período 1980-2005 de 1900 a 1400 millones de personas (en términos porcentuales sobre la población de los países en desarrollo la caída fue muy pronunciada, cayendo del 50% al 25%).

En realidad, esta evolución marca una reducción anual de más del 1% desde el año 90 y pone al mundo en la línea de conseguir los objetivos del milenio (en 1990 se marcó como objetivo, reducir la pobreza en un 50% para el año 2015).

Pero un análisis más pormenorizado por regiones en el mundo, pone de relieve comportamientos muy diferentes. De hecho,

  • Gran parte de la justificación de la caída de los niveles de pobreza en el mundo está en China. En 1981 se estimaba que en China había 835 millones de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza (el 84% de la población), mientras que en el 2005 el número se había reducido a los 208 millones (el 15,9% de la población). China se adelantó en casi 15 años al cumplimiento de los objetivos del milenio.
  • Latinoamérica también tiene un buen comportamiento (tras las «décadas perdidas»), en el período 1996-2005 (reducción en más de seis millones en el número de pobres, hasta situar su porcentaje en el 8,2% de la población). Pero no se debe olvidar que, a pesar de esas caídas, el número de pobres en Latinoamérica en el año 2005 (46 millones de personas) era superior al que había en 1981 (42 millones).
  • Por otro lado, resulta decepcionante la evolución del Sur de Asia y, en concreto, India. En India, a pesar de su crecimiento en ciertas regiones y actividades, había en el 2005, 456 millones de personas por debajo del nivel de pobreza (un 41,6% de la población). Aunque el porcentaje de población que vive por debajo del nivel de pobreza ha caído en el periodo analizado (desde el 59,8% al 41,6%), la evolución de la población hace que el número de personas que viven por debajo del umbral, siga aumentando. (En 1981 se estimaba que eran 421).
  • Finalmente, señalar el Africa Subsahariana, donde los progresos son muy escuetos tanto en términos porcentuales (el porcentaje de población por debajo de la línea de pobreza está en un 50%) como en términos absolutos (cuya cifra no para de subir).
  • A modo de resumen, y poniendo todas estas cifras juntas, puede tenerse una visión global en el siguiente cuadro, donde puede observarse que la Iucha contra la pobreza a nivel global empieza a tener resultados significativos a partir de la última década del siglo pasado, tanto en términos absolutos como en términos relativos, coincidiendo con el despertar de los países emergentes.

    AÑO
    Nº pers. con menos de 1,25$/día (a)
    % S/Total Población Países no Desarrollados
    % S/Total Población Mundial
    1981
    1896
    51,8
    42,8
    1990
    1813
    41,6
    34,4
    1996
    1656
    34,4
    28,6
    2005
    1377
    25,5
    21,3

    (a) En Millones de personas

    Dentro de estas cifras se esconde un extraordinario comportamiento de China (al que dedicaremos el siguiente post), un decepcionante comportamiento de India (y en general del Sur de Asia) y un peligroso estancamiento del Africa Subsahariana (aunque sean visibles, en los últimos años, una mejora en algunos países, que puede dar lugar a una cierta visión optimista como la que se recoge en el tratamiento que The Economist da recientemente a la región.

    En todo caso, téngase en cuenta que estamos hablando de poblaciones muy sensibles a cualquier tipo de «shock». Dado que los datos con que contamos tienen un considerable retraso, no sabemos el efecto que durante estos años habrá tenido el impacto (positivo) del crecimiento de los países emergentes y el (negativo) de las crisis de los precios alimenticios o la crisis financiera

    P.D. Las distintas metodologías dan lugar a cálculos muy diferentes en términos del número de personas que viven por debajo de la línea de pobreza.

    Para un resumen del resultado de las diversas metodologías puede consultarse por ejemplo, dos excelentes libros, el de Guillermo de la Dehesa o el de Pankaj Ghemawat.

    Incluso el trabajo que hemos seguido, comienza por una justificación del cambio de resultados por modificación de la metodología respecto a trabajos anteriores, cambios que son significativos en términos absolutos.

    Los que sí es cierto, es que todas las metodologías muestran tendencias similares de reducción de la pobreza en el mundo, y esto será el punto fundamental de argumentación en el resumen que haré de conclusiones.

934 Palabras

Sobre la desigualdad de la riqueza (II)

En el primer capítulo que anunciaba en mi post anterior, se pueden diferenciar dos aspectos. En primer lugar, los niveles de desigualdad entre países en el mundo, y en segundo lugar, la evolución del número de personas por debajo de la línea de pobreza. Hoy me centraré en el primer punto.

A modo de conclusión, que posteriormente pretenderé justificar, se puede decir que el siglo XX fue un siglo de extraordinaria creación de riqueza a nivel mundial.

Una creación de riqueza que en la primera parte del siglo, se dio con un modelo de crecimiento que supuso un gran aumento de la desigualdad entre personas, propulsado por una creciente desigualdad entre países que comenzó en el siglo XIX, y continuó en toda la primera mitad del siglo XX.

Este modelo de crecimiento comienza a variar en la segunda parte del siglo XX, con una (lenta pero) evidente disminución de la desigualdad, propulsada por una convergencia entre países.

Este nuevo modelo (en el que todavía hoy estamos instalados) muestra una disminución de las diferencias a nivel mundial de riqueza entre personas como consecuencia de una convergencia entre países, (a pesar de que se está produciendo una mayor desigualdad en el interior de los distintos países). Justo lo contrario de lo que ocurrió en la primera mitad del siglo XX.

Conviene señalar que esta convergencia entre países se produce a partir de la década de los 60’s del siglo pasado, que fue el momento en el que comenzó a despegar el peso del comercio exterior en el PIB mundial, que suele considerarse como la principal referencia del movimiento conocido como globalización, contradiciendo la argumentación de que la globalización conlleva el incremento de diferencias de riqueza entre países.

Justifiquemos con algunos datos las afirmaciones anteriores.

El S.XX fue un siglo de fuerte creación de riqueza mundial. De hecho, aunque la población más que se triplicó, la renta por habitante en el mundo creció 3,5 veces más que en el conjunto de los diecinueve siglos anteriores. Pero fue un crecimiento que dio lugar a una fuerte desigualdad, en línea con la que era visible ya en el siglo XIX.

En éste y en posteriores post utilizaremos el coeficiente o índice de Gini para analizar la evolución de la igualdad o desigualdad de ingresos o riqueza. El índice de Gini, en síntesis, es un baremo que va desde el cero (máximo nivel de igualdad) al 1 (máximo nivel de desigualdad). Se suele utilizar en términos porcentuales con idéntico significado.

Pues bien, en el periodo 1820-1950 el modelo de crecimiento mundial dio lugar a:

  1. Un fortísimo crecimiento de la desigualdad. En el período, el índice de Gini creció más del 50% en el mundo (pasando del 43% al 64%).
  2. Esta desigualdad, tuvo su origen en una creciente diferenciación entre países. De hecho, al comienzo del periodo las diferencias entre personas en el mundo se justificaban en un 65% por las deferencias observables en los distintos países (diferencias de clase, por simplificar).Por el contrario, al final del período, el 85% de la diferencia se justificaba por las enormes distancias entre los distintos países, coincidiendo con la época de colonialismo.

Este modelo de desarrollo empieza a cambiar en la segunda parte del s. XX (y sobre todo en el último cuarto del mismo) comenzando un cierto proceso de convergencia. Lo destacable es que este proceso de convergencia tiene su origen en la convergencia de los países, porque dentro de los mismos, empieza a ser visible una tendencia a la desigualdad (que examinaremos en el próximo capítulo).

Una visión muy gráfica de esta evolución puede observarse en la siguiente tabla (fuuente: Pankaj Ghemawat).

Desigualdad entre países

Con esta visión general en el próximo post nos adentraremos en la evolución del número de personas que viven por debajo de los niveles de pobreza extrema en nuestro planeta.

Adelanto que tendremos una buena noticia, y es que el número de personas por debajo del nivel de pobreza en el mundo disminuyó en la última parte del siglo pasado y comienzos del presente.

Y también una mala, y es que todavía el nivel de pobreza en el planeta es intolerable y que, además, se concentra cada vez más en regiones específicas (el sur de Asia y el África Subsahariana).

756 Palabras

Sobre la desigualdad de la riqueza

Con éste comienzo una serie de post sobre la desigualdad de la riqueza en el mundo.

Mi idea es estructurarlos en dos partes. En la primera analizaré la evolución de la riqueza entre las distintas regiones del planeta. Mientras que la segunda se concentrará en el análisis de la desigualdad, dentro de los distintos países.

La primera parte me conducirá al análisis de los países menos desarrollados y a la evolución de la pobreza extrema en el mundo. La segunda, la enfocaré más (aunque no solo) en los países desarrollados.

El análisis de la desigualdad es un tema complejo. Esto es especialmente evidente cuando uno se adentra, por ejemplo, en la evolución del número de personas pobres en el mundo. Distintos autores, con distintas metodologías, llegan a conclusiones diferentes en la definición de la frontera de la pobreza extrema o del número de personas que se calcula están por debajo de dichas fronteras en el mundo.

Mi visión en este y otros temas, no va a ser académica (aunque tengo que agradecer la ayuda a los académicos que me han guiado en mi estudio), sino la de pretender sacar conclusiones comunes en términos de tendencias que permitan tener una visión global, sin adentrarme en las discusiones (sin duda muy interesantes) que están por debajo de las diferentes posturas y metodologías.

En definitiva, pretendo compartir las conclusiones a las que he llegado en este proceso de estudio, desde una perspectiva fundamentalmente descriptiva.

263 Palabras

Apuntes sobre el cambio de la estructura regional de la riqueza

Una de las características socioeconómicas de las dos últimas décadas ha sido –está siendo- el cambio de la estructura regional de la riqueza en el mundo. Aunque lo he comentado en otros post, me gustaría recordar que:

  • Aunque su origen está probablemente en, por un lado, la caída de Muro y la apertura comercial de los países asiáticos, que comenzó en los 80’s y, por otro en la interiorización de las lecciones de las crisis asiáticas y latinoamericanas de finales de los 90’s del siglo pasado, la realidad es que fue en la década pasada cuando se pusieron de manifiesto las distintas velocidades entre los países emergentes y los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2002/10 (una vez asentada la crisis latinoamericana) los países emergentes vieron crecer su PIB un 70%, mientras que los desarrollados no llegaron al 15%.
  • Lo más sorprendente, sin embargo, se ha dado durante la última crisis, en que además de ser la más global, asistimos por primera vez a que en un episodio de este tipo, los países en desarrollo salieron mucho mejor parados que los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2006/2010 el incremento de PIB en los países desarrollado no llegó al 5%, mientras que los emergentes lo hicieron por encima del 40%.
  • Y aunque hay matices entre las distintas previsiones, creo que recojo una visión generalizada al señalar que los países desarrollados: EE.UU, Europa y Japón (que hoy significan un 50% del PIB mundial), representarán poco más de un tercio en el año 2025. Y que, por contraposición, los seis países emergentes más característicos (Brasil, Rusia, India, China, Turquía y México) significarán la mitad del PIB mundial en esa fecha. Es más, el peso de Asia en este período de 15 años se duplicará en la economía mundial.

Y esto es un cambio espectacular.

  • Pero conviene poner estos cambios en una cierta perspectiva, relacionando esta evolución con la población.

    Porque hoy el mundo desarrollado, que representa ese 50% del PIB mundial, tiene una población que está en torno a los 1000 millones de personas. El otro 50% del PIB se reparte entre más de 6000 millones de personas.

  • Y cuando nos impresionamos con los crecimientos de China o India conviene también poner las cosas en perspectiva.

    Hoy el PIB per cápita chino es el 20% del PIB per cápita de Estados Unidos. El PIB per cápita chino, por tener otra referencia, es similar al que tenía Japón en el comienzo de los 50’s del siglo pasado. O del que tenía Corea del Sur a comienzos de los 80’s.

    Y hoy la India tiene un PIB per cápita que es solo la mitad del chino.

  • Además, y mirando a la evolución futura de la población mundial en las próximas décadas, los crecimientos se concentrarán en los países no desarrollados. Los desarrollados, en el mejor de los casos, tendrán una población estable.
  • Este crecimiento de los países emergentes es, por tanto, imparable. Y es bueno que sea así si queremos que se mejoren las condiciones económicas de las personas que viven en las regiones más desfavorecidas. Y sería todavía mejor, si en esta dinámica entraran regiones que hoy están fuera de la misma, y lógicamente, estoy pensando en Africa.

    Por supuesto que esto plantea muchos retos de sostenibilidad sobre los que habrá que pensar y dilucidar, pero el punto que quiero señalar es que en las soluciones que demos a los retos de la sostenibilidad no podemos olvidar la desequilibrada situación de partida.

634 Palabras