España en la crisis

Hay, básicamente, dos formas de analizar los resultados de la cumbre del pasado fin de semana. Desde una perspectiva financiera o desde la visión de la economía real.

La perspectiva financiera (que es la que ha triunfado) parte de que la presión de los mercados sobre las economías periféricas se debe a que estos países tienen niveles de Déficit público y Deuda Pública excesivos. Y que, por tanto, este debe ser el principal foco de atención. Supuesto que esto se arregle –o al menos se encauce- se comenzará a tender a un nuevo equilibrio. Es por ello que los acuerdos adoptados van en esa misma línea (déficit estructural, límites de déficit y recortes de deuda) y los avances en gobernanza son coherentes con este objetivo.

Dado que eso es lo que se debe conseguir, conviene presionar a los distintos países, oponiéndose la Unión a compras masivas por parte del Banco Central Europeo… Por no hablar (que no se puede) de los Eurobonos. Pero como se aprieta, pero no se quiere ahogar, se han tomado una serie de medidas en la buena dirección (es decir, en la de relajación) por parte del BCE para intentar evitar que los mercados aborten el acuerdo antes de que se empiece el difícil proceso político para llevarlo a cabo.

Creo que esto no es sino otra «línea Maginot» y, desde luego, opino que la «barra libre» del BCE a los bancos, como medio para salvar a los países, tendrá efectos colaterales negativos en el medio plazo. Pero no es este mi punto en el día de hoy.

Mi punto hoy es cómo afecta esto a España.

Cualquiera que haya leído este blog conoce mi posición crítica sobre la eficiencia de nuestras Administraciones Públicas y su falta de reacción ante la crisis (con crecimientos de plantillas hasta, al menos, el primer trimestre de este año). Por tanto, que pidamos disciplina y austeridad al Sector Público es algo que debemos empujar y aplaudir.

Pero dicho eso. Este no es el único problema de España ni, probablemente, el más importante.

España tiene en estos momentos un problema de liquidez que se transformará en su problema de solvencia si no se consiguen bajar los costes de funding. Para rebajar el coste del funding de forma estable (e insistiría en este punto), se requieren dos tipos de condiciones.

Por un lado, medidas en el corto plazo de corte financiero y, por otro, generar perspectivas de crecimiento en el medio y largo plazo.

A corto, las medidas deben centrarse en generar credibilidad (embridar el déficit fiscal) y presionar para el necesario apoyo financiero europeo. Pero esto, que es necesario, no es suficiente, porque sin crecimiento no habrá solución estable.

Un crecimiento sostenible exige darle la vuelta a los déficits de cuenta corriente (al final, esto es como una familia, si no ahorramos no podremos pagar nuestras deudas). Lo que, máxime ante la política prusiana de austeridad impuesta por los países que tienen otras alternativas, exige poner nuestro foco con todo el brío en el equilibrio importaciones / exportaciones. Y esto nos conduce, necesariamente, a hablar de competitividad, porque nuestro crecimiento pasa por una espectacular mejora de nuestra competitividad.

La mejora de nuestra competitividad, de forma realista, no puede recaer sólo en las políticas deflacionarias, porque son recetas que están bien para exponerlas en las conferencias, pero impensables de llevar a la práctica sin un costo político, social y de cohesión inasumible (obsérvese que he utilizado “sólo”, porque parte sí tiene que venir por esta vía). Debemos buscar más medidas.

Cuando hablamos del crecimiento de competitividad, nos suele gustar recrearnos con un «cambio de modelo cuyo» contenido nunca va más allá de los tópicos sobre la necesidad del I+D+I o de la innovación.

Y, sin embargo, lo que debemos es tomar medidas menos «conceptuales», pero más relevantes en el corto plazo. Estas medidas, que siempre están enlazadas con la idea de una mayor competencia, las conocemos y están diagnosticadas… Pero no las tomamos.

Y no me refiero sólo al mercado laboral (cuya necesidad es perentoria), sino a los mercados de demanda, cuya regulación y falta de competencia nos lleva a distorsiones de mercado / precios, y derivan en que se mantengan unidades productivas manifiestamente ineficientes.

Necesitamos pensar e invertir en el futuro y no anclarnos en la defensa de un status quo insostenible.

Y esto afecta a sectores con empresas de tamaño pequeño/medio (recomiendo la lectura del informe de Fedea-McKinsey) y a sectores de empresas de gran tamaño (Ej. sector financiero ó sector energético). Llevamos mucho tiempo hablando de estos temas, pero con muy escasa toma de medidas efectivas.

Soy consciente de que esto es más difícil y políticamente más complejo que el mero control de gastos (que ya de por sí lo es), pero es la única vía para el crecimiento, que es la condición indispensable para evitar un círculo vicioso dramático.

Pero es que, además, un plan bien estructurado y bien explicado es el modo de devolver la ilusión a la ciudadanía que, en los momentos actuales, solo tiene una referencia: «los recortes».

P.D. Dentro de estas medidas no todas tienen un impacto en el corto plazo, pero este no debe ser el único baremo, porque si así fuera, nos volveríamos a olvidar del problema estructural más importante para un crecimiento sostenible con cohesión social que es, sin duda, la educación.

974 Palabras

La competitividad empieza por uno mismo

El otro día, hablaba de la necesidad de liberalizar los mercados de demanda, y adelantaba tres historias para dar algunos ejemplos:

Me llamó mucho la atención el interés que el estudio Fedea-McKinsey ponía en dos sectores que normalmente están fuera del foco de discusión, a saber:

  • Los servicios locales. Son aquellos servicios con una fuerte componente doméstica (incluye distribución, servicios financieros y servicios domésticos, personales y sociales). Aunque muy heterogénea, representa un tercio de los empleos españoles.
  • Los servicios Empresariales. Son servicios de apoyo a las empresas, servicios externalizados de las mismas. Básicamente recoge servicios informáticos (que representa el 25%) y Servicios empresariales en sentido amplio.

La razón por lo que los menciono es porque:

  1. Son sectores de muy notable aportación al crecimiento. De hecho, del crecimiento del VAB en el período 1995-2005 (excluyendo Sector Público y actividades inmobiliarias), representaron un 66% en USA, un 58% en Europa y un 46% en España. Obsérvense las diferencias.

    Y además, su eficiencia, tiene un efecto transversal en la productividad del resto de los sectores económicos.

  2. Las productividades españolas en estos sectores son muy pobres. Así en los denominados Servicios Locales (los más relevantes desde el punto de vista de empleo), la productividad española es un 20% inferior a la Europea, y hasta un 35% inferior a la americana.

    Y dentro de estos servicios, hay un ejemplo paradigmático que es el comercio minorista (que concentra el 10% del total de empleos), con diferencias de productividad en el rango entre 10 y 45% respecto a Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y USA.

  3. Son el mejor ejemplo de «no dirigismo». Cuando se insiste en que hay que definir qué sectores van a ser «los claves» de la economía española, nunca (o casi nunca) se hacen referencia a éstos, a pesar de su importancia. Posiblemente porque son los más cercanos y accesibles para personas con espíritu emprendedor.
  4. Son el ejemplo en el que una regulación que cree una sana competencia es decisiva a la hora de generar economías de escala y espíritu emprendedor. Y esa regulación creadora de competencia es una asignatura pendiente en el caso español.

España es una economía (y sociedad) muy bimodal. En el mundo empresarial contamos con algunas (no demasiadas) grandes empresas que compiten con gran éxito a nivel internacional.

De hecho, algunas de ellas han creado un Foro de Competitividad, lo cual me parece una excelente idea.

El punto que quiero señalar es que la competitividad -como la caridad- empieza por uno mismo. Por tanto, sería bueno una reflexión sobre el nivel de precios/servicios que están ofreciendo estas empresas en España, y su comparación con los que existen en otros países de nuestro entorno. Esto sería especialmente importante en los sectores más regulados.

Estas actitudes de transparencia tendrían dos grandes ventajas. En primer lugar, la coherencia y en segundo lugar, el ejemplo. Sería una gran muestra de compromiso con el objetivo que está detrás de la iniciativa del Foro.

Una regulación proteccionista permite la existencia de empresas ineficientes.

Uno de los aspectos más dañinos para la competitividad española es la dimensión de nuestras empresas, nuestro minifundismo empresarial.

Existen numerosos estudios sobre este tema. Se ha llegado a cuantificar en un 35% el efecto que la dimensión empresarial española tiene sobre los diferenciales de productividad con Europa.

Es más, cuando se analizan las dos desventajas competitivas más claras de las empresas españolas (la internacionalización y la capacidad de innovación), el tamaño siempre aparece como uno de los elementos determinantes.

Tengo para mí que este punto, que no había tenido suficiente foco en España, lo empieza a tener. Y todos los actores tienen trabajo a desarrollar. Las administraciones, repensando el esquema de apoyo –de todo tipo, incluido el fiscal- a los procesos de consolidación. Los empresarios, siendo conscientes que los personalismos, que en el pasado solo pesaban sobre el tamaño del proyecto, hoy pueden poner en cuestión la supervivencia del proyecto mismo.

Pero una vez más, la libertad de mercados, la creación de mayor competencia es decisiva para reconducir este punto. Sobre esto hay un gran número de artículos y argumentaciones, pero el siguiente gráfico de Rafael Domenech tiene la virtud de su claridad.

Y con esto termino, reiterando lo que recogí al comienzo. En España necesitaríamos una historia de crecimiento que genere ilusión y adhesión.

Y en esta historia de crecimiento, los distintos actores deben tener su papel y sus responsabilidades. No le pidamos a las Administraciones lo que no pueden dar. Exijámosles, por el contrario, lo que es su responsabilidad, la creación de un caldo de cultivo para que los creadores de riqueza sean reconocidos y atraídos.

Conseguir ese caldo de cultivo no es sencillo. No son meras palabras. Requiere acción, y acciones complejas, pero sus beneficios serán extraordinarios.

Y dentro de ese caldo de cultivo, está la generación de competencia, de las condiciones de una competencia limpia que pasa por la liberalización de los mercados, pero no solo de los de oferta, sino también de los de demanda. La liberalización puede crear incomodidades en el corto plazo, pero es la condición necesaria para crear riqueza en el largo plazo.

925 Palabras

Libertad para crecer

Vengo sosteniendo en diversos foros que la economía –y la sociedad- española necesita poner mucho más énfasis en el crecimiento. Necesita una historia de crecimiento.

En una empresa, cuando uno se enfrenta a una drástica reducción de ingresos, lo primero que hace es ajustarse, reducir costes, y buscar eficiencia. Pero cuando la situación persiste, resulta evidente que la solución pasa por profundizar en aspectos más estratégicos, incluyendo todas la variables del negocio, porque la creación de valor pasa por el crecimiento.

Creo que este modelo es aplicable a un país. Y España necesita, en primer lugar, enfrentarse a una cura de adelgazamiento, pero esa cura no debe ser visualizada como un fin en sí mismo, sino como un medio para competir. Y es desde ese punto de vista desde el que tenemos que ver nuestro déficit público o la reforma de nuestro sistema financiero. No son medidas para tranquilizar a los mercados, sino para salir de esta situación con estos sectores mucho más competitivos.

La diferencia entre una u otra visión es la que va desde la reducción convencional a la redefinición estructural y estratégica. La segunda es más compleja, pero es la única que puede generar ilusión y adhesión.

Los puntos anteriores son condiciones necesarias, pero no suficientes. Debemos tomar mas medidas, hacer más cosas, para generar crecimiento.

Sin embargo, a la hora de enfrentarnos a este reto, muchas veces nos hacemos las preguntas incorrectas, que dirigimos además a instancias que no pueden ser capaces de responder a las mismas.

En lugar de creer en la capacidad de los empresarios (actuales y futuros) en un marco de libertad, nos empeñamos en hacer preguntas siempre macro (¿que sectores nos sacarán de la crisis?) a los actores políticos. Y esto no crea sino frustración.

Lo primero (las preguntas macro) probablemente es debido a que no nos hemos quitado del todo la influencia que ha tenido durante generaciones en España, la aversión al mercado y el convencimiento de que la racionalidad detrás de la planificación era muy superior a la entropía detrás de la competencia.

Lo segundo, (dirigirse a las instancias políticas) es un mal muy europeo.

Lo decían con mucha gracia Alesina y Giavazzi al hablar de los políticos europeos encargados de la implantación de la agenda de Lisboa «[estos] han desarrollado una tendencia a definir planes, con intervención política y gasto público, como los ingredientes clave para resolver cualquier problema de crecimiento

El problema con estos esquemas es que generan un crowding-out de la iniciativa privada y, a la postre, de la sociedad civil.

Frente a las actitudes anteriores, lo que debemos exigir a las administraciones es que creen un caldo de cultivo para que los creadores de riqueza (empresa/empresarios) puedan desarrollarse, siendo ellos los que definirán las actividades a las que dedicarse.

Esto que parece un objetivo más modesto, la verdad es que no lo es. Es más, desde el punto de vista político probablemente es más exigente, porque, a menudo, carece de la inmediatez del corto plazo, exige una gestión costosa desde el punto de vista político, y los dividendos de las acciones se recogerán, muchas veces, en unos plazos más allá de los tiempos electorales.

Y para valorar el párrafo anterior, pensemos en las dificultades que tiene la redefinición de los sectores públicos y financieros a los que antes he hecho referencia. Redefiniciones que son solo parte de la lista de deberes. Dentro de esta lista, y con la misma prioridad, me gustaría añadir dos capítulos más: La educación y la liberalización de los mercados.

Sobre educación escribí un post hace unos meses. Cuando lo releo y veo las medidas que se ha tomado… llego a la conclusión de que debemos seguir insistiendo, porque hemos avanzado poco desde entonces.

En cuanto a la liberalización de los mercados, tenemos centrada nuestra atención en los de oferta (fundamentalmente trabajo). Y eso está bien, porque aunque el desempleo que padecemos no obedece solo (ni mayoritariamente) a la mala calidad regulatoria de nuestro mercado de trabajo, sí es cierto que éste genera unas barreras de entrada y tiene unas ineficiencias que son inaceptables.

Pero hoy quiero centrar mi atención en los mercados de demanda. Porque España requiere una fortísima liberalización de mercados y una regulación cuyo único objetivo debe ser crear una limpia competencia. Solo a través de más competencia, seremos capaces de crear riqueza, de tener una historia de crecimiento.

Desde este punto de vista, tenemos desafíos muy importantes, tales como la unidad de mercado, la aplicación de la Directiva de Servicios, el régimen de algunos sectores estratégicos (como el de energía) o la debilidad de los organismos regulatorios y de supervisión. Sobre estos puntos, he venido dando mi opinión en el pasado. Mañana, como producto de la recopilación que anunciaba en mi post anterior, me gustaría centrarme en tres ejemplos, para dar, como les gusta decir a los analistas anglosajones, más color a la historia.

899 Palabras

De la intensidad en capital a la intensidad en conocimiento

Sobre la influencia de la tecnología en la globalización he escrito en otras ocasiones. Hoy pretendo reflexionar sobre el impacto de la tecnología en el marco competitivo de las empresas y, muy en particular, sobre las oportunidades que este nuevo marco ofrece al florecimiento de nuevos proyectos empresariales.

Porque la tecnología, y más concretamente, la tecnología de la información, no ha sido únicamente un motor de profundo cambio macroeconómico, sino que ha tenido un impacto radical en el plano microeconómico, en el mundo empresarial.

No es este la ocasión para profundizar en este concepto, pero si me gustaría, aunque sea solo señalar, que la tecnología ha roto las cadenas de producción, está modificando la forma de aproximarnos a nuestros clientes, mutando los canales de distribución y tiene un efecto radical en la Organización de nuestras empresas.

Y esto es así en cualquier sector. Con más o menos intensidad, pero todos los sectores están recibiendo esta influencia y la recibirán de forma creciente, exponencial, en el futuro.

Y lo importante es que de estos cambios, además, nos están conduciendo a un nuevo marco competitivo. Y este marco competitivo tiene dos características básicas. La primera es la caída de barreras de entrada en múltiples sectores, la segunda es la configuración de un mercado global.

La caída de barreras de entrada en las industrias significa un incremento de la competencia, significa la aparición de una pléyade de empresas.

Y esto está ocurriendo porque en primer lugar, en los últimos veinte años hemos asistido a un cambio radical en los modelos de producción.

La tecnología ha roto la idea de la producción integral, ha roto las cadenas de valor. En lugar de las viejas integraciones verticales, hoy cualquier producto final tiene componentes fabricados por muy distintas empresas en muy distintos países.

Y esto es tan estructural que permite la aparición de múltiples empresas para competir en partes concretas del proceso. Empresas que requieren menores tamaños por estar más focalizadas.

Y esto, que lo hemos visto en la industria, lo estamos viendo también en el sector servicios.

Detrás de estas transformaciones está la tecnología, y muy en concreto la tecnología de la información, porque gran parte de estas rupturas están basadas en la tecnología de la información.

Y estas tecnologías de la información tienen la característica de no ser capital–intensivas, sino conocimiento-intensivas. Y este es otro factor de radical importancia en la caída de las barreras de entrada, porque es lo que, en definitiva, permite la aparición de una pléyade de empresas.

Hay que tener en cuenta que el 70% de las start-ups (y esta es una estadística muy consistente en distintos países) se concentran en este sector.

Lo anterior nos explica cómo la tecnología cambia la lógica de la oferta, pero es que, además, la tecnología cambia la lógica de la demanda.

Porque hoy el mercado es global. Y por tanto, cualquier proyecto de enjundia debe tener pretensiones globales.

Esta afirmación, sin la existencia de Internet, sería un concepto vacío, porque ser global a través de medios convencionales sólo está al alcance de las grandes empresas.

Pero gracias a la Red, cualquier empresa puede (tendría que decir, podrá) acceder a cualquier parte del mundo. Esta es una evolución imparable y una gran noticia para los nuevos proyectos empresariales.

Ahora bien, creo que podemos dar un paso más. Pensemos en la tecnología no solo como el factor que cambia el marco competitivo, posibilitando una generación de proyectos empresariales en número inimaginable hace tan solo dos décadas, sino que visualicemos la tecnología además como facilitador para que aquellas personas con las ideas y el compromiso de emprender puedan llevar sus proyectos a la práctica, porque la tecnología les hace más accesible el conocimiento.

De hecho, esta visión está en el origen de Garum. En este sentido, en Garum partimos de dos premisas.

La primera es que creemos firmemente en que las redes virtuales tienen potencialidades múltiples para el mundo empresarial. Porque las redes no son solo un medio de compartir información, sino de generar conocimiento.

La segunda premisa es que el conocimiento es la base de cualquier proyecto. Y por tanto, el dar acceso al conocimiento, a través de herramientas libres, al mayor número de personas es la mayor contribución que podemos hacer al desarrollo socialmente sostenible, a la creación de riqueza.

En definitiva, podemos decir que las redes y las herramientas libres están en la base de la ruptura del marco competitivo, cuyo principal efecto está en hacer más accesible el emprendimiento a través de una drástica reducción de las barreras de entrada.

Y al mismo tiempo, están en la base de la posibilidad de generalizar el conocimiento, haciéndolo accesible a cualquier persona, aunque está alejada de los «centros oficiales». Lo que significa una radical ampliación del número de personas que pueden aprovecharse de esa reducción de las barreras de entrada.

Y esta es una conclusión que estaba implícita en las ponencias que escuchamos en el Primer Día Garum-Europa.

Es por ello por lo que en Garum focalizamos nuestro interés, objetivos y acciones en las redes y en el conocimiento libre.

944 Palabras

De los rankings ignorados

La educación siempre me ha parecido la mejor inversión de cara al futuro. En un mundo como el actual, creo que nadie discute que, más que nunca, la ventaja competitiva de una empresa y de un país está en su capital humano.

En España, cuando se habla de reformas estructurales, no está de moda priorizar la educación, aunque su importancia y la situación de la educación en España hacen incomprensible ese olvido.

La educación, cuando aparece, queda etiquetada como una cuestión ideológica y no pasa de la “levedad” de la discusión política.

Hace algunas semanas reflexionaba sobre la situación de la educación en España y hacía referencia a que no había ninguna Universidad Española, de acuerdo con el ranking de Shanghai, entre las 150 mejores Universidades del mundo. Eran datos del año 2009. Acaban de aparecer los datos del 2010. Hoy tendríamos que rectificar la información, porque no hay ninguna Universidad entre las 200 mejores universidades del mundo (la que nos servía como estandarte -la Universidad de Barcelona– ha caído de escalón).

De las 10 primeras Universidades, ocho son estadounidenses. Por cierto, con una combinación de Universidades públicas y privadas, fruto de entender que en el siglo XXI (ellos lo entendieron antes) el foco ha de ponerse en la función social, en el servicio a la sociedad y no en la titularidad de las mismas.

Pero es que, además, sabemos que entre las Universidades americanas y Europeas existen grandes diferencias en múltiples aspectos, como la aproximación en la selección de los estudiantes, el esquema de financiación de los centros, los volúmenes y criterios de asignación de las becas, la estructura de remuneración e incentivos del profesorado, los métodos de gestión… ¿No convendría alguna reflexión sobre este tema? Por cierto, vinculado a esto me pareció muy interesante la lectura del capítulo 7 del libro “The future of Europe Reforme of Decline”.

Volviendo al tema del principio. Hoy no tenemos ninguna Universidad Española entre las 200 mejores Universidades del mundo. ¿Han visto / oído Vds. alguna reacción a esta noticia? Yo no.

377 Palabras

Austeridad y estímulo

En la última quincena del pasado mes, Financial Times publicó lo que denominaron “The austerity debate: A week-long FT series on déficit-cutting versus stimulus”.

La discusión de fondo es si los países desarrollados tienen que mantener los estímulos fiscales a un nivel suficientemente alto durante un período extenso de tiempo, con el fin de evitar una recesión en un futuro cercano (en esta moda de alfabetización que padecemos, se trataría de evitar una W) o por el contrario, si mantener estos estímulos fiscales pone en cuestión el crecimiento a medio y largo plazo (los estímulos tendrían un efecto adormidera en el corto plazo, pero un efecto perverso en el medio y largo plazo, por el peso de una deuda que el mercado no está dispuesto a consentir).

La discusión, como es lógico dado el medio, tenía un sesgo muy anglosajón.

La primera reflexión que me vino a la cabeza, cuando terminé de leer la serie de artículos, es que es una discusión que solo tiene sentido entre pudientes. O, dicho de otra manera, es una discusión sobre alternativas que se pueden plantear solo aquellos países que tienen, al menos de momento, un gran crédito en el mercado. Son países a los que el mercado está dispuesto a prestarles dinero.

Esto es muy importante. No contar con el crédito del mercado fue la base para que los países emergentes en las crisis anteriores (y los lationamericanos fueron un ejemplo muy claro) no pudieran tener este tipo de discusiones. Y esto aplica también a España. Para nosotros estas discusiones son meramente académicas porque lo primero que debemos hacer es recobrar el crédito. Hacernos un acreedor respetable y eso, hoy, pasa necesariamente por una fuerte política de austeridad. Aunque tenga un impacto negativo en el crecimiento en el corto plazo.

Sin embargo, resulta chato centrar la discusión solo en este punto. Paralelamente, -y esto es muy evidente en España- se deben hacer los deberes cara al futuro. Las reformas estructurales son una condición necesaria para asegurar que, tras la crisis, crearemos riqueza.

Y en esta reflexión más de medio plazo –que hay que construir desde hoy-, me ha parecido especialmente interesante el artículo de Jeffrey Sachs, dentro de la serie de FT. El título del artículo anticipa su contenido: «Sow the sedes of long-term growth». Recojo la base de su argumentación en una traducción libre:

«Lo sorprendente del actual debate sobre “austeridad y estímulo” ha sido la falta de atención a la inversión. Los consumidores no proporcionarán el motor de recuperación, ni lo deberían hacer, después de sobreendeudarse durante décadas. En cambio, EEUU y Europa deberían utilizar el reciente empujón correctivo de tasas de ahorro para promover inversiones a largo plazo en capital físico y humano como el camino más apropiado para el crecimiento sostenido.

A pesar de la necesidad evidente de un incremento del ahorro nacional después de 2008, el presidente Barack Obama trató de prolongar la racha de consumo, promoviendo de una forma agresiva las ventas de coches y casas a unos consumidores ya agotados, y bajando los impuestos a pesar de un déficit presupuestario insostenible.»

En definitiva, piensa que la única manera de romper esta cuadratura del círculo es a través de una inversión que sea productiva en el largo plazo, como forma de combinar estímulos fiscales de impacto real en el corto preservando la competitividad futura.

Para el caso americano propone cinco líneas de actuación: Energía (limpia), infraestructuras físicas, educación, crear una infraestructura para apoyar exportaciones a Africa y otros países de rentas bajas, y la definición de un esquema temporal que asegure una reducción acompasada del déficit en el medio plazo para dar credibilidad a los mercados.

Lógicamente, estas no son las líneas que creo serían convenientes para España, pero sí creo que merece la pena que pensemos sobre cuáles serían nuestras prioridades. Como decía anteriormente, nosotros en España no tenemos los grados de libertad que tienen en EEUU frente a los acreedores pero, seguramente, estos grados de libertad son más altos para las inversiones que para los gastos corrientes.

Y en esta reflexión en España no debemos caer en el corto plazo ni en el convencionalismo. Cuando esta reflexión se plantea, en España siempre la conducimos hacia las infraestructuras físicas. ¿Es de verdad el camino a seguir?. Es cierto que la inversión en infraestructuras es un campo en el que nos movemos con agilidad y que crea trabajo a corto plazo pero, ¿es realmente lo que necesitamos? Yo tengo mis dudas.

España tiene unas infraestructuras excelentes (en algunos aspectos, incluso excesivas dado nuestro nivel del renta). Cuando uno viaja a EEUU entiende la razón que conduce a J. Sachs a poner a las infraestructuras física en el foco de prioridades para su país. Pero en España no tenemos ningún déficit notable en este campo. Nuestras infraestructuras físicas son notablemente mejores que las americanas.

Por el contrario, nuestra posición en infraestructuras de conocimiento y educación es francamente mejorable. Sé que estas inversiones en el corto plazo son menos intensivas en trabajo que las infraestructuras físicas pero a medio plazo paliarán, al menos un poco, el diferencial negativo que tenemos respecto a nuestros países competidores.

Y es que nuestro desempleo hoy –y como no actuemos será más acentuado si cabe, en el futuro– es esencialmente una crisis de falta de capacitación para el mundo en el que nos ha tocado –y nos va a tocar– competir. Y a esa falta de capacitación es a lo que nos tenemos que enfrentar si queremos mantener nuestros actuales niveles de vida. Es un tema urgente y decisivo.

1,022 Palabras

El factor humano

Las reflexiones anteriores nos llevan inmediatamente a preguntarnos por aspectos tales como:

¿Qué significan todos estos cambios para los proyectos empresariales desde el punto de vista de la gestión de los Recursos Humanos? ¿Qué significan en términos de atracción/retención de talento? ¿Es la atracción/retención del talento tan importante como antes? ¿Cuál es el ambiente/la cultura que se requiere crear en este nuevo paradigma?

Lógicamente, estas preguntas no tienen una única respuesta y supongo que hay opiniones diversas. A mí ahora, me gustaría exponer mi visión, producto lógicamente de mi experiencia.

Para responder a estas cuestiones, propongo que elevemos un poco el tiro de nuestra reflexión, y nos preguntemos sobre la incidencia de este nuevo entorno en las características exigibles a los gestores.

Y yo empezaría constatando que un ambiente creciente de cambio funcional, tecnológico, geográfico y de valores es todo lo contrario a la planificación centralizada, todo lo contrario al anquilosamiento, al dogmatismo y a los prejuicios.

Por el contrario, la única manera de enfrentarnos con éxito ante estos retos es generando un ambiente, una cultura de iniciativa personal y de autonomía personal en el mundo empresarial. Y es por ello por lo que el talento, las personas, son más importantes que nunca. Porque el cambio conlleva incertidumbre y la incertidumbre requiere nuevas respuestas, flexibilidad y actuaciones no pautadas, lo que exige personas de formación y capacidad diferencialmente más cualificadas que en el pasado.

Y cuando uno mira al futuro concluye que esto es una evolución imparable.

Es por todo ello, por lo que la conclusión, tal vez contraituitiva, es que en este mundo de cambio, crecientemente tecnológico, el factor humano hoy es, más que nunca, el factor clave para el éxito. Y su plasmación empresarial es el reto de atraer y retener talento.

Para la atracción del talento, el atractivo del perfil competitivo del modelo de negocio es importante, pero el proyecto de empresa es decisivo. Pero ¿qué constituye la base del proyecto de empresa? Sin ninguna duda los valores del proyecto, la cultura empresarial.

Si esto es así, nos debemos preguntar por los modelos de cultura que hacen atractivo un proyecto para los mejores, que hacen posible la atracción y retención de talento. Que visto desde el punto de vista individual serían los valores que las personas deben tener y desarrollar para tener éxito.

Quiero empezar por decir que los valores de un proyecto, de una empresa, no son algo cuyo papel es aparecer en las memorias anuales. Esas visiones están llamadas al fracaso. Los valores, los principios de una empresa, para que cumplan su papel, deben estar presentes en el día a día y deben impregnar todas las actividades y áreas funcionales.

Tengo para mí que, si una empresa quiere tener un éxito sostenible en el tiempo, debe basarse, en primer lugar, en unos principios claros y coherentes que se traduzcan (si no de nada valen) en comportamientos consistentes. Esta es una condición sine qua non para atraer y retener talento.

Esta es la única forma de crear un ambiente donde los individuos se encuentren a gusto, porque entiendan que se están desarrollando, no solo profesionalmente, sino también en todas sus facetas como personas.

Lo anterior se puede conseguir con muchas combinaciones de factores, pero hay algunos que en mi opinión deben estar permanentemente presentes. Los he agrupado en diez puntos:

  1. Nos enfrentamos a un mundo en permanente cambio. El contacto con el exterior es vital para el éxito de la empresa Los clientes son nuestra referencia y nuestro juez. Sin clientes no hay empresa, ni trabajo, ni proyecto, ni valor. Los clientes deben ser el foco de nuestras preocupaciones y discusiones (sus necesidades y cómo atenderlas). La rentabilidad será el resultado.
  2. Nos enfrentamos a un mundo en el que los conocimientos cruzados e interdisciplinares son decisivos.

    Es un mundo en el que no caben los corralitos, ni el primadonismo, sino que es un mundo que exige compartir ideas, donde saber escuchar es importante y formar equipo es decisivo.

    Las personas deben tener una visión clara de que están contribuyendo a un objetivo global. Deben ser conscientes de que no están picando piedras sino construyendo catedrales.

  3. En un mundo en el que el cambio será creciente, la capacidad de implementación será lo que distinguirá a los proyectos excelentes de los mediocres. O dicho de otra manera, es un mundo en el que el diletantismo y el recrearse en las ideas no tiene cabida. Los Gurús (con todo el respeto para la academia) no son el modelo a seguir. Sin implementación no se crea valor porque no se transforma la realidad.
  4. Pero para que lo anterior sea posible, es necesario propiciar un ambiente de creatividad en el que partamos de la idea de que la realidad es perfectible y que para su mejora se requiere apoyar la crítica abierta y huir de la penalización del error. Escuchar es decisivo. Después tomar decisiones, pero siempre explicar por qué se toman.

    La dictadura marchita la mejora en la empresa.

  5. Pero una empresa, para que mantenga su dinamismo y creatividad debe huir de la autocomplacencia.

    Debe perseguir la excelencia, sabiendo que la excelencia no es un estadio.

    En el momento en que se olvida este principio, comienza la decadencia, aunque nuestros resultados sigan siendo magníficos por un periodo más o menos largo de tiempo. La autojustificación frente a una mejor evolución de la competencia es la muestra más evidente de que la decadencia ha comenzado.

  6. Lo anterior solo son ideas, si no hay personas que lo implementen. No tomar nunca a la gente for granted. La motivación es una labor diaria, para lo que hay que entender –a través de la relación y el conocimiento- qué motiva a las distintas personas.

    Intentad rodearos siempre de la mejor gente, rodearos de gente que sean mejores que vosotros. Apoyad el mestizaje, la diferenciación de perfiles, huid del amiguismo y evitad el pensamiento único.

  7. Apoyemos proyectos de grandes recorridos y estimulemos a la gente en este sentido. Que la gente se vea incentivada a buscar el bien del conjunto y no de las partes. Que la gente sea reconocida por la consistencia de sus resultados y no por el cumplimiento de objetivos a corto plazo.

    Los trepas no tienen cabida en un modelo de excelencia.

  8. Y para que el punto anterior sea posible, tened en cuenta que los valores están por encima de los resultados. Las empresas y los individuos que olvidan esta máxima están abocados a contradicciones permanentes y, al final, a resultados mediocres en el medio y largo plazo. La crisis actual nos está mostrando los efectos nocivos de anteponer resultados a corto plazo a valores consistentes.
  9. Y todo esto debe ser coherente con los reconocimientos. Insistid en una meritocracia radical y transparente. Cualquier debilidad en este punto quiebra el edificio de un modelo.
  10. Pero todo lo anterior no es un tema de principios, sino que va de comportamientos. De comportamientos de las personas que están en la compañía, porque las compañías son las personas. Las personas son el polo de atracción de los mejores y las personas son capaces de sacar lo mejor de los otros.

    Y para que esto sea posible se requiere cercanía, porque solo lo cercano motiva. La motivación es diaria y requiere contacto, nadie puede esperar en una gran empresa que una intervención al año sea el foco de motivación diario de la gente.

    Esta es la razón por la que se requieren líderes locales. Y es por eso por lo que el auténtico reto es generar un caldo de cultivo que es un semillero de líderes. Personas que creen en el proyecto –porque el proyecto es suyo- y que se ven respaldadas por una organización que cree en ellos.

    En el buen entendimiento de que este liderazgo debe asentarse en el ejemplo, porque el ejemplo es la única legitimación del liderazgo.

Vivimos en un mundo de grandes cambios. Es un mundo apasionante. Un mundo que no está escrito, que lo deben escribir las personas. Y esto es una realidad tanto a nivel macro como a nivel micro. La traducción de esto a nivel empresarial nos lleva a la importancia del factor humano como la ventaja competitiva más importante para el éxito. Y nos enfrenta ante la necesidad de atraer y retener a las mejores personas, a los más talentosos, como se dice en Latinoamérica. Este es el mayor reto para los proyectos empresariales.

Para atraer a estas personas, por supuesto que se requiere una propuesta atractiva desde el punto de vista técnico y competitivo, pero esto no es suficiente. Se requiere definir un proyecto en el que los mejores trabajen con la convicción de que es un proyecto por el que merece la pena luchar. En el que merece la pena poner ilusión ambición y compromiso. Porque sin ilusión, ambición y compromiso no hay proyecto sostenible, y eso es así tanto a nivel empresarial como a nivel personal.

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Apuntes desde la crisis: los mercados y la regulación

España requiere una liberalización en los mercados de oferta (el mercado de trabajo) pero también de los de demanda.

Como siempre, vayamos primero a los datos: España tardó 14 años en pasar de una tasa de paro del 22% al 8% y en dos años casi hemos hecho el camino de vuelta. España si por algo se caracteriza en esta crisis es por haber generado una cifra de parados sin parangón. En esta situación ¿Tiene algún sentido que discutamos sobre la conveniencia de una reforma laboral?

En la sociedad que nos viene asegurar el puesto de trabajo no tiene ningún sentido, lo que debemos asegurar es al trabajador, su empleabilidad a través de la flexibilidad y el conocimiento.

Hay un documento firmado por 100 economistas que es de principios de este año (que por cierto firmó el actual Secretario de Estado de Economía) que creo que hace un análisis y unas propuestas impecables y que básicamente tocan cuatro temas:

  • R educir la volatilidad actual como consecuencia de un mercado de trabajo dual, que debe hacer frente a una situación de rotación permanente que es claramente negativa para los profesionales y la economía.
  • Mejora del esquema de protección a los parados.
  • Modernizar la negociación colectiva hoy centralizada y encorsetada. Por cierto, esto no es nuevo. Ya en 1997 en el Acuerdo Interconfederal se reconocía este punto y se recogía el compromiso de modificarlo. Tras doce años, no ha habido ningún avance.
  • Aumentar la eficacia de las políticas de empleo.

Sin embargo, no debemos achacar la falta de acción en este tema solo al Gobierno, sino también a la Sociedad Civil representada por unas entidades anquilosadas, poco abiertas a los cambios que se están produciendo en el mundo y con una representatividad limitada.

Pero me parece parcial, poco eficiente y socialmente injusto que cuando hablamos de la flexibilidad de los mercados, nos quedemos en la discusión de la reforma laboral, porque España requiere también una radical liberalización de los mercados de demanda. Solo creando competencia crearemos más riqueza.

El trabajo que tenemos por delante es muy fuerte en este campo. Y aquí también la clase política tiene la responsabilidad, pero los individuos y empresarios deben empujar, exigir y no coartar esta mayor libertad de mercados. Los ejemplos son muchos.

Empecemos por la fragmentación de los mercados dentro de España por una regulación no coordinada a nivel autonomía en aspectos tan vitales como la distribución.

Podemos seguir por la necesidad de aplicar de forma decidida la Directiva de Servicios de la Unión Europea.

Y podemos terminar con la exigencia de reflexión sobre las situaciones de sectores clave de nuestra economía. Tomemos como ejemplo el energético – la energía es el factor más importante de nuestro déficit exterior- donde no acabamos de ponernos de acuerdo sobre las primas a corto plazo de las renovables, el mix de energía futuro… y mientras tanto, nuestras empresas de energía haciendo extraños asientos contables con el déficit tarifario.

Pero más allá de estos ejemplos concretos –que en si mismo exigirán gran atención y esfuerzo– dejadme dar un paso más y hablar de un tema común a todos ellos que es la regulación.

La regulación, que dicho así suena burocrático, creo que es una piedra angular para contar con mercados flexibles y por tanto, eficientes y competitivos. Al mismo tiempo una regulación consistente es la base de la Seguridad Jurídica en el mundo de los negocios.

Mi interés por la regulación se deriva de la constatación de que en las próximas décadas, los sectores más dinámicos de la economía van a ser sectores en los que la regulación va a jugar –juega ya- un papel esencial. Y pensemos en la energía, las telecomunicaciones, las infraestructuras, … o el sistema financiero.

La regulación jugará un papel esencial en la demarcación del terreno de juego, en la definición del marco competitivo, en asegurarnos la inexistencia de posiciones dominantes, en la clarificación de una estabilidad de condiciones que asegure una razonabilidad en las inversiones e, incluso y sobre todo, en la creación de ventajas competitivas nacionales en estos sectores.

La regulación –y la supervisión anexa- son un elemento de ventaja competitiva de un país para atraer inversiones y para garantizar productos y servicios baratos y eficientes. La regulación excelente exige organismos excelentes, y no apéndices de control político.

España no cuenta hoy con instituciones regulatorias prestigiosas y con tradición (excepto el Banco de España). En un mundo global no se podrá competir en las primeras posiciones sin una regulación excelente y sin unos organismos de regulación y supervisión excelentes.

Sin embargo, la dirección que hemos seguido en los últimos años no ha sido la dirección correcta. Hemos asistido incluso a algunos espectáculos bochornosos. Pues bien, contar con la regulación como objetivo de excelencia es un requisito necesario para atraer riqueza en el mundo que nos ha tocado vivir.

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Apuntes desde la crisis: educación

Siempre que hablo de esto me dicen que los cambios en la educación tienen efectos en el largo plazo y que, por tanto, no nos sacará de esta crisis. Y es cierto. Pero si queremos ser competitivos en el futuro sabemos que la educación es la inversión más rentable a medio y largo plazo para crear y atraer riqueza.

El nivel de preparación de la población es un factor clave para el establecimiento de empresas de valor añadido. Y debemos ser conscientes de que éste es un capítulo prioritario porque los datos duros son escalofriantes. Permitidme algunos ejemplos:

  • Hoy las personas que tienen entre 18 y 24 años y que no han completado la secundaria asciende en España al 31,8% (peor que en 1998 que era del 26,6%) vs el 14,9% de la media Europea.
  • El 30% de las personas que entran en la Universidad dejan sus estudios en los dos primeros años. El 30% acaban sus estudios con un curso por año y el 40% repiten alguna vez. La media de permanencia en la Universidad para grados de 4 años es de casi 6 años.
  • En cuanto a la calidad de nuestras universidades, los datos son elocuentes. No hay ninguna Universidad española entre las 150 mejores Universidades del mundo. La única excepción se da en las escuelas de negocio, que por cierto son privadas, y tienen una dinámica muy diferente.

Atacar este problema tampoco es sencillo, pero las líneas básicas de mejora están detectadas desde hace mucho tiempo. Lo que ocurre es que requiere consenso no partidario, una reestructuración importante que deben asumir los académicos… y unas mayores exigencias de la Sociedad Civil, que no debe esconderse en la realidad de que siendo una distribución bimodal, los muy listos y esforzados, al final se preparan bien.

Pero además de los datos duros, hay datos blandos que debe hacernos pensar sobre los valores que transmitimos:

  • Aunque depende de los estudios, de forma consistente aparece que entre el 50% y el 60% de los estudiantes quieren ser funcionarios. Una sociedad sin empresarios, no progresa.
  • En España se está dando una reducción del número de alumnos en carreras técnicas… que contrasta con los ingenieros que se licencian todos los años en India y China. No hay innovación sin conocimiento técnico.
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