por

Sobre educación

La calidad y características de la educación de una población es la referencia básica para la sostenibilidad económica de un país, así como para su cohesión social. Con esta referencia, hoy me gustaría estructurar algunos datos sobre la situación en España, y reflexionar sobre los aspectos económicos que están detrás de los mismos.

Coincidiendo con mi lectura de un excelente artículo de R. Domenech sobre la evolución de la productividad en España y el capital humano de 1960-2007, ha aparecido un informe de la OCDE sobre educación, y COTEC ha continuado con su línea de investigación (por cierto, qué magnífica información se recoge en sus trabajos!!). A esta información he añadido también datos provenientes de Eurostat.

En el artículo de Domenech se recogen conclusiones de mucho interés. Pero a los efectos que hoy nos ocupan, me gustaría quedarme con dos.

El capital humano podría explicar el 59% del gap de la productividad del trabajo en España respecto a Estados Unidos en el año 2007. Esta misma variable permitiría explicar un 57% de la diferencia en Renta per cápita.

Las conclusiones para un outsider que ve el capital humano como variable clave para el desarrollo sostenible, son muy esclarecedoras. A continuación pretendo resumir algunas de ellas:

  1. Uno de cada tres españoles entre 25 y 34 años no han terminado los estudios de secundaria.
    • De hecho, un 35% de los españoles en esta franja de edad que no han acabado los estudios secundarios comparan con la realidad de Francia (17%), Alemania (14%) o U.S.A. (12%).
    • Esta situación está empeorando en los últimos años. Si tomamos, por ser más térmicos, la población entre 18 y 24 años que no han alcanzado el segundo grado de secundaria, nos encontramos con que en el año 2000 el porcentaje era inferior al del 2008.
  2. Lo curioso es que España tiene una «pirámide de conocimiento» radicalmente diferente respecto a otros países. Junto a un alto porcentaje de personas sin segundo grado de secundaria, tiene un altísimo porcentaje de universitarios. La franja intermedia (relacionada estrechamente con la Formación profesional) es sensiblemente más baja que en otros países. Y esto es así en todos los segmentos de población.

    La falta de una formación profesional potente y prestigiada, la ilusión de tener un título universitario, y las características de la universidad española en cuanto a tasas y exigencias académicas, están, posiblemente detrás de esos datos. El problema es que una oferta de este tipo, no se adecua a la demanda de la economía, el tipo de titulación que tienen nuestros universitarios no se ajusta, probablemente, a los tiempos que nos toca vivir, y la inclinación a carreras técnicas dista mucho de la de otros países europeos, y desde luego de países como China e India.

    Un estudio de COTEC muestra como el porcentaje de población de 25 a 29 años que tienen grados universitarios técnicos (estoy sumando las titulaciones de ciencias e ingenierías) es en España del 6,7% mientras que en Italia es de un 10.9%, en Francia de un 14,6% y en Reino Unido del 15,7%.

  3. Los dos puntos anteriores generan, por un lado, lagunas en la formación técnica de nivel medio. Esto lo sufren nuestras empresas (especialmente evidente en el sector industrial, como es obvio cuando se habla con cualquier empresario de este sector). Y por otro, genera desacoples en un doble plano:

  4. Por un lado, este porcentaje tan alto de universitarios – poco acoplado a la oferta de empleo- unido al hecho objetivo de que para conseguir un grado de cuatro años, la estancia media de un estudiante en la universidad se aproxima a seis años, hace que la vida laboral del universitario no sea la esperada (de hecho, sólo el 30% de los universitarios terminan a curso por año).

    La OCDE calcula en un informe un ratio que pretende valorar el nivel de desencaje laboral en los distintos países, y también en este dato España da un resultado muy preocupante. Así, mientras en Alemania el desencaje es del 20%, en Italia es del 24%, en Francia del 29%… en España alcanza el 44%.

  5. Y por todo ello, no nos debe extrañar el extraordinario desajuste que existe entre las demandas del mercado y la oferta universitaria, tal como se recogía recientemente en un artículo de Expansión,

En conclusión, tenemos una estructura poblacional desde el punto de vista formativo, que en el mejor de los casos podemos denominar dual.

Por un lado – y esto es lo más preocupante- con un altísimo porcentaje de abandono escolar. Y por otro, con una generación anual de universitarios poco preparada para las exigencias futuras. En el centro, tenemos una falta de formación técnica media, que es el sustento de muchos sectores productivos (y, desde luego, de los industriales).

Se puede argüir para justificar la situación de la educación en España, la falta de fondos. Y efectivamente, este es un punto. Cuando se analiza el gasto en educación sobre el PIB, España no queda bien situada. El porcentaje en España es del 4,3%, más de un punto menos que Estados Unidos, Francia o la media de la UE.

Que hay que dedicar más recursos a la educación, no me cabe duda. Es más, sobre este tema y su relación con la dotación de infraestructuras físicas, reflexionaba en otro post.

Pero quedarse a este nivel de conclusiones, es poco operativo. Porque por un lado, no nos permite focalizar el problema, y por otro, oculta datos que es importante tener en cuenta. Sobre estos otros datos, me gustaría compartir algunas piezas de información:

  1. Cuando en lugar de hacer un análisis de gasto sobre PIB se compara el gasto por alumno en relación al PIB per cápita, las conclusiones son distintas y España queda muy bien parada (27), al mismo nivel que Francia y Reino Unido, y por encima de Alemania (24).
  2. Y es que en España la educación ha sido un sector que ha tenido una caída de demanda espectacular como consecuencia de la caída de la natalidad. En la educación preuniversitaria la caída del número de alumnos ha sido del 25% entre 1995 y el 2007. En las Universidades la caída ha sido del 8%.
  3. Ante esta situación la capacidad instalada no ha bajado, sino que se ha seguido incrementando el gasto global, siendo esto especialmente impactante en la Universidad. Concretamente:

    • El gasto por alumno en los estudios preuniversitarios ha crecido en el período un 40%. Este crecimiento está en línea con lo que ha ocurrido en Europa.
    • Pero en la Universidad ha habido grandes cambios. El número de alumnos ha descendido en el período un 8%, mientras que el incremento de gasto global ha sido el 54%. Es decir, en este período el coste por alumno se ha incrementado en España en un 65% (en la media Europea este crecimiento ha sido del 15,8%).
  4. La situación comparativa española de abandono escolar es, probablemente, el factor limitativo para un desarrollo sostenible en el largo plazo (además de ser una barrera para la cohesión social). Sin embargo, cuando se analizan los factores económicos aparentes de esta situación, las razones no resultan evidentes, porque:
    • Los ratios por alumno profesor, tanto en enseñanza obligatoria, como en la segunda etapa de secundaria comparan muy bien con otros países (especialmente en las instituciones públicas en España).
    • Y las retribuciones de los profesores españoles tanto en primaria como en secundaria son superiores a la media de OCDE o de la UE-19 (aunque es cierto que en los últimos años esta diferencia se ha estrechado algo).
  5. Probablemente necesitemos más medios en los estudiantes de primaria y secundaria, pero esto desde luego no es la razón de nuestra muy desfavorable situación comparativa. Es más, antes de poner más medios, creo que la sociedad debe tener un diagnóstico claro de cuál es el motivo de esta situación, y definir, a partir de ahí un plan de acción. La importancia y profundidad del problema está muy lejos de las discusiones que centran nuestros debates, en aspectos tales como la educación para la ciudadanía.

  6. En el mundo universitario, los datos anteriores son también un importante material de reflexión. Decíamos anteriormente que España tiene en términos porcentuales un excesivo peso de universitarios para las características de la economía española. Que esos universitarios tenían una vida muy larga en la Universidad, y que dada la combinación de la preparación y las disciplinas elegidas se producía un gap entre la oferta y demanda de titulaciones, así como fuertes desencajes (teóricos) laborales.

    En este contexto poca gente es consciente de que el coste por alumno de nuestras universidades se ha incrementado en un 65% en 12 años. La primera reflexión es si hemos aprovechado este hecho para una mejora cualitativa (el 65% de incremento de gasto per cápita en 12 años es algo cualitativo) en nuestra Universidad. No parece que la financiación sea la justificación de nuestra situación.

  7. Dentro de la estructura de nuestros graduados (universitarios vs no universitarios) creo que hay un factor esencial, y es el de la financiación de los estudios universitarios.

    España tiene un sistema universitario que subvenciona las matrículas en un 90%. Es decir, un alumno paga unos 800 euros como media para un coste que está en torno a 8.000. Y esa matrícula es independiente de los resultados que consiga. Es básicamente igual para un alumno que finaliza su carrera de 4 años en 4 cursos, en 6, o en 8. Los ciudadanos financiamos esta -llamémosla– falta de entusiasmo.

  8. Lo anterior es socialmente poco equitativo por al menos dos motivos:
    • Porque mientras subvencionamos con generosidad los estudios universitarios –con independencia de los resultados- somos de los países con menores niveles de becas (un 0,09% vs 0,25% en la OCDE). Solo la traslación del incremento de tarifas de los “repetidores” hacia los becarios (en función de su nivel social) representaría una extraordinaria mejora de nuestra distribución de recursos.
    • No debemos olvidar, además, que financiar a los universitarios a través de “tarifas planas” no es financiar a los más necesitados del país. Solo el 10% de los hijos de las personas sin estudios universitarios llegan a la Universidad, mientras que lo hacen el 60% de los hijos de los Universitarios.

    Pero me temo que no es solo la financiación lo que debemos poner en cuestión. Debemos reflexionar sobre múltiples aspectos como la aproximación en la selección de estudiantes, los esquemas de financiación de los distintos centros, la estructura y remuneración e incentivos del profesorado… En definitiva, los esquemas de gestión de nuestras Universidades.

Con esto termino. La educación, como cualquier tema importante, no es sencillo de gestionar.

Pero debemos entender que no hay sociedad capaz de crear riqueza y cohesión social de forma sostenible sin una educación excelente.

La situación de España es mala. Calificativo que debemos emplear sin matices. Lo hemos visto en este rápido repaso, y eso que el centro de comparación que he utilizado ha sido el europeo… que tampoco es la referencia de la excelencia.

Está bien que hablemos de los fondos de investigación a las Universidades… Pero ese no es el problema de fondo. El problema es mucho más estructural.

Está bien que hablemos de más medios… pero hemos de definir para qué y cómo se van a utilizar. Hoy uno tiene la impresión de que el espectacular incremento de gasto per cápita que se ha producido en la Universidad, ha sido una ocasión perdida.

No hay cambio de modelo productivo (como pomposamente se dice)… sin recursos humanos que lo sustenten.

Los cambios en la educación no tienen un efecto en el corto plazo, son políticamente complejos, afectan a fuertes corporativismos, y transcienden de periodos electorales singulares. En definitiva, no son políticamente atractivos.

Esto es lo que explica que a pesar de que la mejora del sistema educativo es la variable más importante para la productividad de un país, para su competitividad y, en consecuencia, para la creación de riqueza, la realidad es que no tiene ninguna prioridad en la agenda política.

Esto no nos debe llevar al desánimo, sino muy al contrario, a un planteamiento enérgico y comprometido, porque de la educación depende nuestro futuro, y el de nuestros hijos.