por

Qué le pediría a la reforma financiera

Aunque mi foco de atención, como es obvio por mis escritos en este blog, está en otro sitio, no puedo evitar la tentación de hacer una referencia a la reforma del Sistema Financiero Español. Y no lo hago con el fin de opinar sobre las características del Decreto aprobado en los días pasados, sino con el propósito de dar mi punto de vista sobre los objetivos que se deben (y pueden) perseguir en una reforma de este tipo.

Para ello, debemos recordar que la crisis que estamos viviendo es ante todo, una crisis de sobreendeudamiento. Sabemos, por los trabajos históricos, que este tipo de crisis, es el tipo de crisis más larga y penosa. Y eso es así porque, para su salida, exige un fuerte proceso de desapalancamiento hasta encontrar un nuevo punto de equilibrio a partir del cual pueda empujarse de nuevo el crecimiento.

McKinsey acaba de publicar un documento muy interesante, sobre la evolución del desapalancamiento en el mundo desde el año 2007. En él se muestran que con excepción de USA, Australia y Corea, ningún país desarrollado ha tenido un desapalancamiento significativo en lo que llevamos de crisis.

Es más, el estudio concentra su foco en Estados Unidos, Reino Unido y España, para concluir que en nuestro país, el nivel de endeudamiento se ha incrementado fuertemente desde el comienzo de la crisis.

Y esto es así, porque junto a una notable expansión de nuestra deuda pública, ha habido un escueto decrecimiento del endeudamiento en el sector privado medido en relación con el PIB.

Con esta referencia, debemos concluir que una reforma del sistema Financiero en nuestro país, no va a traer un crecimiento del crédito (por mucho que se proclame desde todas las instancias), sino que debemos ser más realistas y precisos en nuestros objetivos.

Los objetivos que, en mi opinión, debemos perseguir, con la reforma del sistema financiero, son básicamente tres:

  • Fortalecimiento de las entidades, desde un punto de vista financiero (haciendo aflorar posibles pérdidas y exigiendo aumentos de capital) y de gestión (propiciando la depuración de sobrecapacidad y asegurando la existencia de un governance y un equipo de gestión profesionalizado).
  • Una asignación más eficiente del crédito, porque un valor correcto de los activos y la consiguiente capitalización, liberará fondos y capacidad de préstamo (anteriormente dedicados a financiar activos improductivos) que podrían ser destinados a empresas viables y con futuro.

    Esto es muy importante también para las entidades financieras. Primero, porque si no se toman esas medidas se ven conducidas a una creciente selección adversa en sus carteras. Segundo, porque es requisito necesario para poder acompañar el crecimiento económico, cuando éste tenga lugar.

  • En tercer lugar, la mejora de la visibilidad de las entidades, redundará en una mayor credibilidad del país, con la consiguiente reducción del funding, que debe ser un objetivo prioritario en el corto plazo.

Si esta reforma consigue estos objetivos (o al menos contribuye de forma significativa) será un éxito, aunque el volumen total de crédito en los próximos meses, disminuya.