Libertad para crecer

Vengo sosteniendo en diversos foros que la economía –y la sociedad- española necesita poner mucho más énfasis en el crecimiento. Necesita una historia de crecimiento.

En una empresa, cuando uno se enfrenta a una drástica reducción de ingresos, lo primero que hace es ajustarse, reducir costes, y buscar eficiencia. Pero cuando la situación persiste, resulta evidente que la solución pasa por profundizar en aspectos más estratégicos, incluyendo todas la variables del negocio, porque la creación de valor pasa por el crecimiento.

Creo que este modelo es aplicable a un país. Y España necesita, en primer lugar, enfrentarse a una cura de adelgazamiento, pero esa cura no debe ser visualizada como un fin en sí mismo, sino como un medio para competir. Y es desde ese punto de vista desde el que tenemos que ver nuestro déficit público o la reforma de nuestro sistema financiero. No son medidas para tranquilizar a los mercados, sino para salir de esta situación con estos sectores mucho más competitivos.

La diferencia entre una u otra visión es la que va desde la reducción convencional a la redefinición estructural y estratégica. La segunda es más compleja, pero es la única que puede generar ilusión y adhesión.

Los puntos anteriores son condiciones necesarias, pero no suficientes. Debemos tomar mas medidas, hacer más cosas, para generar crecimiento.

Sin embargo, a la hora de enfrentarnos a este reto, muchas veces nos hacemos las preguntas incorrectas, que dirigimos además a instancias que no pueden ser capaces de responder a las mismas.

En lugar de creer en la capacidad de los empresarios (actuales y futuros) en un marco de libertad, nos empeñamos en hacer preguntas siempre macro (¿que sectores nos sacarán de la crisis?) a los actores políticos. Y esto no crea sino frustración.

Lo primero (las preguntas macro) probablemente es debido a que no nos hemos quitado del todo la influencia que ha tenido durante generaciones en España, la aversión al mercado y el convencimiento de que la racionalidad detrás de la planificación era muy superior a la entropía detrás de la competencia.

Lo segundo, (dirigirse a las instancias políticas) es un mal muy europeo.

Lo decían con mucha gracia Alesina y Giavazzi al hablar de los políticos europeos encargados de la implantación de la agenda de Lisboa «[estos] han desarrollado una tendencia a definir planes, con intervención política y gasto público, como los ingredientes clave para resolver cualquier problema de crecimiento

El problema con estos esquemas es que generan un crowding-out de la iniciativa privada y, a la postre, de la sociedad civil.

Frente a las actitudes anteriores, lo que debemos exigir a las administraciones es que creen un caldo de cultivo para que los creadores de riqueza (empresa/empresarios) puedan desarrollarse, siendo ellos los que definirán las actividades a las que dedicarse.

Esto que parece un objetivo más modesto, la verdad es que no lo es. Es más, desde el punto de vista político probablemente es más exigente, porque, a menudo, carece de la inmediatez del corto plazo, exige una gestión costosa desde el punto de vista político, y los dividendos de las acciones se recogerán, muchas veces, en unos plazos más allá de los tiempos electorales.

Y para valorar el párrafo anterior, pensemos en las dificultades que tiene la redefinición de los sectores públicos y financieros a los que antes he hecho referencia. Redefiniciones que son solo parte de la lista de deberes. Dentro de esta lista, y con la misma prioridad, me gustaría añadir dos capítulos más: La educación y la liberalización de los mercados.

Sobre educación escribí un post hace unos meses. Cuando lo releo y veo las medidas que se ha tomado… llego a la conclusión de que debemos seguir insistiendo, porque hemos avanzado poco desde entonces.

En cuanto a la liberalización de los mercados, tenemos centrada nuestra atención en los de oferta (fundamentalmente trabajo). Y eso está bien, porque aunque el desempleo que padecemos no obedece solo (ni mayoritariamente) a la mala calidad regulatoria de nuestro mercado de trabajo, sí es cierto que éste genera unas barreras de entrada y tiene unas ineficiencias que son inaceptables.

Pero hoy quiero centrar mi atención en los mercados de demanda. Porque España requiere una fortísima liberalización de mercados y una regulación cuyo único objetivo debe ser crear una limpia competencia. Solo a través de más competencia, seremos capaces de crear riqueza, de tener una historia de crecimiento.

Desde este punto de vista, tenemos desafíos muy importantes, tales como la unidad de mercado, la aplicación de la Directiva de Servicios, el régimen de algunos sectores estratégicos (como el de energía) o la debilidad de los organismos regulatorios y de supervisión. Sobre estos puntos, he venido dando mi opinión en el pasado. Mañana, como producto de la recopilación que anunciaba en mi post anterior, me gustaría centrarme en tres ejemplos, para dar, como les gusta decir a los analistas anglosajones, más color a la historia.

899 Palabras

Inmigración: ética y pragmática

La evolución de la población y la pirámide de edades en Europa y España que analizábamos en el último post, nos conduce a una reflexión sobre la inmigración.

Por cierto, en estos días he estado releyendo un libro de Guillermo de la Dehesa sobre este tema que recomiendo vivamente, dada esa capacidad que tiene Guillermo de hacer análisis que siendo accesibles para los no iniciados, tienen al mismo tiempo un gran rigor y profundidad. Es un excelente esquema para adentrarse en el análisis socio-económico de la inmigración.

La cuestión es bien compleja porque tiene muchas aristas, y es especialmente difícil en un caso como el de España que ha tenido un cambio social muy drástico en la década 1999-2009. Veamos algunos datos:

  • En términos absolutos, el incremento del número de emigrantes en la década ha sido de cinco millones de personas (desde casi 650.000 hasta algo más de 5.650.000).
  • En términos relativos, esto ha significado que el colectivo de inmigrantes sobre la población total ha pasado del 1,6% al 12,3%. La primera era de las tasas más bajas de Europa, y la segunda, es la más alta.

Además, el final de este cambio social tan radical ha coincidido con una crisis que ha tenido un efecto devastador en términos de empleo.

Tal vez por todo ello, en un reciente estudio de Harris Interactive recogido recientemente por FT, mostraba que los españoles, junto a los británicos, tienen la visión más negativa de Europa, respecto a los inmigrantes.

Pero España no es una isla. De hecho, en muchos países de Europa estamos asistiendo a un resurgimiento de partidos xenófobos. Y además, y lo que es peor, los partidos moderados, en muchos casos, están eligiendo defender postulados cercanos a los de aquellos movimientos, ante el temor de perder votos, en lugar de enfrentarse al necesario esfuerzo de pedagogía.

Aunque este tipo de posiciones puedan explicarse, deben ser combatidas con resolución, y ello tanto por razones éticas (defensa de la dignidad de las personas) como pragmáticas.

El proceso de globalización debe contemplar la libre circulación de mercancías y capital, pero no puede quedarse ahí. Debe contemplar también, y por razones de equilibrio, la de las personas.

De hecho, si se compara el porcentaje de población de emigrantes de la actual ola de inmigración con la que tuvo lugar a principios del siglo XX, todavía estamos en porcentajes muy lejanos. Aquella afectó a más de un 8% de la población mundial, y la actual a poco más del 3%.

Nadie abandona su país por gusto, sino acuciado por las necesidades económicas. La mejor manera de evitar la emigración es a través del desarrollo de los países de origen. Y esto es especialmente aplicable en los casos fronterizos.

Hablando de fronteras, las diferencias de renta per cápita entre Europa y el Norte de Africa, son las mayores del mundo, muy por encima de las distancias en la frontera México-Estados Unidos.

Y además, ¿se pueden permitir España y Europa dar la espalda a la inmigración? ¿Nos podríamos permitir el cese de flujo migratorio? La respuesta es no, y lo hemos analizado en los post anteriores.

Permitir que proliferen y se fortalezcan los sentimientos xenófobos y anti-emigración, es conducirnos a una situación sin salida. Por el contrario, no reflexionar con profundidad sobre los múltiples aspectos de la inmigración, con el objeto de definir un marco legal estable, tampoco es una alternativa.

Por eso me parece una buena noticia, la formación de un Comité de Expertos para asesorar a los Ministros de Asuntos Exteriores. De hecho, en este mes de Mayo, deben presentar sus propuestas para combatir la intolerancia y el incremento de los extremismos. Estaremos atentos a sus conclusiones y, en su caso, a las actuaciones sobre las mismas.

681 Palabras

La pirámide de edades en los países desarrollados

Si en el post anterior hablaba de países emergentes y población, hoy voy a concentrarme en los países desarrollados y su pirámide de edades.

Uno de los puntos fuertes de los países emergentes es su bono demográfico. Es cierto que países como Rusia o China no lo tienen (en un reciente número del The Economist hay un interesante artículo estudiando el caso chino). En los países desarrollados, por el contrario, la evolución de las pirámides de población plantea retos muy fuertes cara al futuro.

Comencemos con Europa y recordemos que, de acuerdo con un informe de la Unión Europea del año 2006, en Europa (la Europa de los 25) en el año 2050, de acuerdo con las tendencias actuales:

  1. La población en edad de trabajar disminuiría en 48 millones de personas (de 307 a 259 millones).
  2. La población de más de 65 años se incrementaría en 58 millones (de 75 a 113).
  3. La tasa nominal de dependencia pasaría del 25,4% actual al 51%. La tasa real de dependencia llegaría al 73%.

Supuesta todas las demás variables constantes, pensemos qué significaría si estos «gaps» se cubriesen con inmigración:

  • Lógicamente para mantener constante el número de trabajadores, significaría que hasta el año 2050, se necesitaría un flujo migratorio de trabajadores de 48 millones.

    Dado que no es previsible que la emigración sea estrictamente de personas trabajadoras (sino que debemos incluir un cierto acompañamiento familiar) es por lo que en el trabajo del Comité liderado por Felipe González se hablaba de un flujo de emigración, para cumplir con el objetivo arriba señalado, de 100 millones de personas para el año 2050.

    Para tener otra referencia, el número de nuevos trabajadores necesarios para mantener el nivel de la tasa nominal de dependencia sería de 106 millones de nuevos trabajadores (24% de la población).

La cuestión con este tipo de análisis es que conteniendo unas figuras impactantes, se ubican en la lejanía geográfica (Europa como un todo) y temporal (el año 2050). Sirven para sensibilizarnos para la reforma de los esquemas de pensiones, pero no nos vemos afectados en nuestra vida más cercana.

Para conseguir esa mayor cercanía «psicológica», me pareció especialmente interesante un papel de ORKESTRA que estuve leyendo con motivo de la preparación de una presentación en CEBEK en Bilbao la semana pasada.

En él se realizaba un análisis pormenorizado de la evolución demográfica de España y el País Vasco (es decir, con cercanía geográfica) en la década actual, en el período 2010 – 2020 (cercanía temporal). Sus conclusiones son :

  • En esta década, en España, la caída del número de personas en edad de trabajar sería del 1,6%.

    Pero esa caída global oculta diferencias importantes de tramos de edades. Así, el número de personas entre 25 y 34 años caerá en esta década en España ¡un 27%¡. El tramo entre 35 y 44 lo hará en un 3%.

    Dado que los distintos tramos de edades tienen distintas tasas de actividad, y supuestas estas constantes, significa que la caída de la población laboral en España sería del 3,5%.

  • La situación de Euskadi (ante el menor flujo migratorio pasado) sería más radical. La caída del número de personas en edad de trabajar sería del 8,6% (de hecho concentraría el 25,2% de la caída del conjunto de España) y del 12,3% en la población activa.

Creo que una reflexión sobre estas cifras van más allá de los efectos económicos en los esquemas futuros de pensiones y sanidad. Nos hace pensar en el modelo de sociedad que queramos construir y los modelos vitales con los que queramos vivir en un futuro, que está muy cercano. Los cambios van a ser tan rápidos y profundos que cuanto antes iniciemos esta reflexión, mejor. Y lo debemos hacer desde la actitud positiva de tener horizontes temporales vitales mucho más largos… lo cual, sin duda, es una gran noticia.

695 Palabras

Apuntes sobre el cambio de la estructura regional de la riqueza

Una de las características socioeconómicas de las dos últimas décadas ha sido –está siendo- el cambio de la estructura regional de la riqueza en el mundo. Aunque lo he comentado en otros post, me gustaría recordar que:

  • Aunque su origen está probablemente en, por un lado, la caída de Muro y la apertura comercial de los países asiáticos, que comenzó en los 80’s y, por otro en la interiorización de las lecciones de las crisis asiáticas y latinoamericanas de finales de los 90’s del siglo pasado, la realidad es que fue en la década pasada cuando se pusieron de manifiesto las distintas velocidades entre los países emergentes y los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2002/10 (una vez asentada la crisis latinoamericana) los países emergentes vieron crecer su PIB un 70%, mientras que los desarrollados no llegaron al 15%.
  • Lo más sorprendente, sin embargo, se ha dado durante la última crisis, en que además de ser la más global, asistimos por primera vez a que en un episodio de este tipo, los países en desarrollo salieron mucho mejor parados que los desarrollados.
  • De hecho, en el período 2006/2010 el incremento de PIB en los países desarrollado no llegó al 5%, mientras que los emergentes lo hicieron por encima del 40%.
  • Y aunque hay matices entre las distintas previsiones, creo que recojo una visión generalizada al señalar que los países desarrollados: EE.UU, Europa y Japón (que hoy significan un 50% del PIB mundial), representarán poco más de un tercio en el año 2025. Y que, por contraposición, los seis países emergentes más característicos (Brasil, Rusia, India, China, Turquía y México) significarán la mitad del PIB mundial en esa fecha. Es más, el peso de Asia en este período de 15 años se duplicará en la economía mundial.

Y esto es un cambio espectacular.

  • Pero conviene poner estos cambios en una cierta perspectiva, relacionando esta evolución con la población.

    Porque hoy el mundo desarrollado, que representa ese 50% del PIB mundial, tiene una población que está en torno a los 1000 millones de personas. El otro 50% del PIB se reparte entre más de 6000 millones de personas.

  • Y cuando nos impresionamos con los crecimientos de China o India conviene también poner las cosas en perspectiva.

    Hoy el PIB per cápita chino es el 20% del PIB per cápita de Estados Unidos. El PIB per cápita chino, por tener otra referencia, es similar al que tenía Japón en el comienzo de los 50’s del siglo pasado. O del que tenía Corea del Sur a comienzos de los 80’s.

    Y hoy la India tiene un PIB per cápita que es solo la mitad del chino.

  • Además, y mirando a la evolución futura de la población mundial en las próximas décadas, los crecimientos se concentrarán en los países no desarrollados. Los desarrollados, en el mejor de los casos, tendrán una población estable.
  • Este crecimiento de los países emergentes es, por tanto, imparable. Y es bueno que sea así si queremos que se mejoren las condiciones económicas de las personas que viven en las regiones más desfavorecidas. Y sería todavía mejor, si en esta dinámica entraran regiones que hoy están fuera de la misma, y lógicamente, estoy pensando en Africa.

    Por supuesto que esto plantea muchos retos de sostenibilidad sobre los que habrá que pensar y dilucidar, pero el punto que quiero señalar es que en las soluciones que demos a los retos de la sostenibilidad no podemos olvidar la desequilibrada situación de partida.

634 Palabras

Para compartir en los próximos días

De tiempo en tiempo, suelo tener la costumbre de organizar y estructurar información que voy agolpando en el día a día. Informaciones, estadísticas, artículos de opinión… que me llaman la atención.

En los últimos días me ha «tocado» esta labor de recogida. Como resultado de la misma, en los próximos días voy a publicar una serie de posts sobre temas diversos, con el fin de compartir informaciones que me han resultado interesantes.

Empezaría con aspectos relacionados con la demografía. Primero a nivel mundial, relacionando los cambios en la estructura de riqueza global con la realidad demográfica de los países emergentes. Segundo, a nivel más regional, en los países desarrollados y, muy en concreto, en Europa y España.

134 Palabras

El auténtico origen del problema

Termino esta serie de posts sobre la situación financiera internacional, que está coincidiendo con nuestra presentación de Garum Fundatio en Latinoamérica, desde Perú (ayer estuvimos en Chile), país por el que tengo un especial cariño, y que siempre me acoge tan bien. En esta ocasión no ha sido una excepción.

Como anticipé en un post anterior, hoy voy a reflexionar sobre un aspecto de la crisis -la securitización- que es un poco más técnico. La razón para hacer de este punto es porque la crisis financiera que estalló hace cuatro años se diferencia de las anteriores, además de por su carácter global, fundamentalmente por dos razones. La primera, por el protagonismo de la securitización (que tiene su origen en la generalización de la idea de que el riesgo de crédito es una commodity) y la segunda, por el arbitraje regulatorio (no tanto entre Bancos y Hedge Funds o Private Equity Funds, como entre los Bancos y sus subsidiarias).

De hecho, la combinación de ambos conceptos está en la base de la exuberancia de los modelos de «originar para distribuir» que, sin un control regulatorio y/o de supervisión suficiente, nos condujo a la crisis financiera cuyos efectos en la economía real estamos sufriendo hoy.

En mi opinión para evitar que este tipo de crisis vuelvan a ocurrir se requieren cambios regulatorios en un triple sentido. En primer lugar, asegurar que existan incentivos claros y suficientes para que los originadores de las operaciones, posteriormente distribuidas, se responsabilicen de su buen fin. En segundo lugar, regular el tipo de activos (préstamos) securitizables. Finalmente, evitar el riesgo de arbitraje regulatorio.

Sin embargo, tengo la impresión de que estos aspectos, algunos de los cuales se contemplan en la Dodd-Frank Act, no están siendo desarrollados con la suficiente velocidad e intensidad. Y, además, en todo caso, esta iniciativa estadounidense, de momento, no está teniendo eco en otras geografías.

Concebir el riesgo de crédito como una commodity es la base que nos permite hacer paquetes de operaciones con nivel de riesgo «similar», a través de un aparataje matemático aparentemente muy potente. Estos paquetes cuyo riesgo está «prefijado» con el contraste de una agencia de rating, tienen vida propia en el mercado, es un producto –mercancía perfectamente objetivable con vida y valor independiente.

En la vida real sabemos que para cualificar una operación de riesgo no es suficiente valorar su riesgo solo en el momento de la concesión del crédito. Y ello no solo porque la evolución de las circunstancias del entorno tiene un claro impacto en el riesgo que conlleva (circunstancia que, al ser general, podría ser valorada por el mercado), sino, sobre todo, porque la gestión de todo el ciclo de la operación tiene un efecto determinante en su resultado final.

Cualquier persona con experiencia real en banca, sabe que la calidad del seguimiento de una operación y los procedimientos de recobro tienen un impacto decisivo en el éxito de la misma. La originación es solo parte de la gestión del riesgo. Dos operaciones de similares características concedidas por dos instituciones cuyos procedimientos de seguimiento y recuperación sean diferentes, tendrán un resultado (conllevarán un riesgo) muy dispar.

Dado que es imposible hacer una auditoría permanente de los procedimientos de las instituciones cuando se tituliza un préstamo, la única manera que tenemos de evitar desastres como los que hemos vivido es asegurar un alineamiento de intereses entre el originador y el inversor final del activo. Y esto solo puede conseguirse si el originador tiene un claro incentivo en la gestión de la operación hasta el cobro final de la misma.

Traducido a la práctica significa que en los procesos de titulización, el emisor debe retener el riesgo en un porcentaje significativo. La Dodd-Frank Act establece un intervalo de hasta el 5%.

Para valorar su idoneidad debemos tener en cuenta que el riesgo a mantener por el originador debe relacionarse con dos conceptos. El primero, la posible pérdida por impago que debería soportar el generador de la operación si lo hubiera mantenido totalmente en sus libros, y el segundo, el coste del mantenimiento de unas excelentes capacidades de seguimiento y recuperación que son, por definición, muy pesadas.

En determinadas actividades, parece que ese 5% no es suficiente para generar incentivos que eviten una originación no cuidada. De hecho, cuanto mayores sean los spreads de las operaciones (es decir, mayor sea su riesgo), menos incentivos tendrá el originador para soportar los gastos de gestión de la operación hasta su cumplimiento.

Pero es que además, los reguladores deberían marcar límites estrictos sobre los riesgos «paquetizables», porque la capacidad de standarizar paquetes de «riesgo similar» es inferior a lo que se nos quiere hacer creer. Y además estas limitaciones deben estar en función de la experiencia objetivamente contrastable de las entidades originadoras (en cuanto a entidades y/o en la actividad concreta del préstamo movilizable).

Y ello es así porque la capacidad predictiva de los scorings es limitada (tanto en particulares como, sobre todo, en empresas).

Los scorings sólo son buenos predictores cuando se cuenta con clientes (tipos de clientes) con características similares, de los que se tiene mucha información (porque, por ejemplo, son clientes bancarios que concentran su operatoria en una sola entidad) y para finalidades del préstamo contrastadas. En la medida en que se relajen estos supuestos, la calidad del scoring se empobrece rápidamente.

Los scorings no son modelos capaces de concebir comportamientos futuros, sino meras extrapolaciones de experiencias del pasado. Así, y lo hemos visto en la crisis, la capacidad predictiva sobre operaciones con clientes nuevos (o no bancarizados) para operaciones de nuevo cuño (promociones subprime) es muy baja. La elevada morosidad de las carteras subprime fue, desde este punto de vista, paradigmática, aunque hubo otros casos en el segmento de los créditos de consumo también ejemplarificadores.

Soy consciente de que la regulación sobre el nivel de riesgo retenido que se debe exigir a una operación securitizada y el acotamiento de las operaciones securitizables significa una fuerte limitación para el modelo de «originar y distribuir», pero la situación contraria genera unas asimetrías de intereses que conducen a la irresponsabilización de los originadores, lo que se ha demostrado que tiene efectos devastadores.

Pero esto, siendo un avance, no sería suficiente, porque junto a la regulación de los productos a distribuir, tendría que evitarse el riesgo de arbitraje regulatorio. Y esta sería la segunda parte del necesario cambio regulatorio.

Parece que se nos ha olvidado que el origen de la crisis estuvo en la creación, por parte de los bancos, de una pléyade de instrumentales donde éstos colocaban sus activos en unas condiciones de no regulación. Esto dio origen a sociedades infracapitalizadas y con evidentes descalces de liquidez, que solo conseguían sus altos ratings, porque había bancos detrás de las mismas, que aunque habían aliviado sus balances, se comprometían a hacer frente a eventuales requerimientos de liquidez. La realidad nos mostró que el volumen de activos movilizados era tal, que cuando esas facilidades comenzaron a ser utilizadas, los Bancos no pudieron hacer frente a las mismas.

Basilea III vuelve a centrarse en el capital, pero las normas de consolidación de riesgos, apenas se han modificado. Y ese fue el origen del problema.

La actuación de los reguladores en estos tres campos es compleja técnicamente, pero perfectamente manejable. Más difícil, seguramente, sería manejar a algunos lobbies bancarios que se opondrían con dureza a este tipo de medidas (cuanto más cercano sea el lobby a entidades que se basan en el modelo de “originar para distribuir”, más firme será su oposición).

Pero las ventajas de avanzar en esta línea son múltiples para la seguridad del sistema financiero, la transparencia de los mercados y el control del apalancamiento de los bancos. Aspectos todos ellos que están en el origen del desbocado proceso de creación de riesgo que vivimos en la conformación de la gran burbuja. Está bien que regulemos las posiciones propias en los balances, la liquidez o los bonus de los banqueros, pero sin ninguna duda, sería prioritario concentrarnos en regular las causas que fueron el auténtico origen del problema.

1,445 Palabras

Apuntes sobre los factores en el origen de la crisis

Como comentaba en un post anterior, durante estos días estoy visitando distintos países Latinoamericanos, con el fin de presentar Garun Fundatio. De hecho, esos últimos días lo estuvimos haciendo en Uruguay.

En aquel post, también hacía la introducción sobre la necesaria reflexión de la evolución que están teniendo los factores que estaban en el origen de la crisis. Estos son mis apuntes:

  1. El origen de la crisis se puede caracterizar por muchos aspectos, pero creo que cualquier persona que lo viviera de cerca, sabe que la clave estuvo en el arbitraje regulatorio. Arbitraje regulatorio, no tanto entre Bancos y Hedge Funds, o entre Bancos y fondos de Private Equity, sino entre Bancos y sus subsidiarias.

    Parece que se nos ha olvidado que el origen de la crisis estuvo en la creación de una pléyade de instrumentales no reguladas donde los bancos colocaban sus activos. Esto dio origen a Sociedades infracapitalizadas y con evidentes descalces de liquidez, que solo conseguían sus altos ratings porque había bancos detrás de las mismas, que aunque habían aliviado sus balances, se comprometían a hacer frente a eventuales requerimientos de liquidez. La realidad nos mostró que el volumen de activos movilizados era tal, que cuando esas facilidades comenzaron a ser utilizadas, los Bancos no pudieron hacer frente a las mismas.

    Basilea III vuelve a centrarse en el capital, pero las normas de consolidación de riesgos, apenas se han modificado. Y ese fue el origen del problema.

  2. Gran parte del esquema conceptual que soporta el andamiaje recogido en el punto anterior, se asienta en una idea aparentemente inocua. «El riesgo de crédito es una commodity». Este elegante concepto hace que los reguladores no hayan terminado de focalizarse en la necesaria delimitación de los procesos de titulización cuya laxa regulación es lo que permite el arbitraje del punto anterior. A este tema, que es un poco técnico, dedicaré el próximo post.
  3. Recordemos cómo el origen de la crisis financiera fue el mercado hipotecario norteamericano. Este mercado funciona sobre la base de dos agencias paraestatales Freddy Mack y Fannie Mae, que hoy están intervenidas y cuyo modelo es insostenible. En USA, se sigue discutiendo sobre el futuro de las mismas, pero en lo sustancial, nada ha cambiado en el mercado hipotecario americano que continua tan dislocado como antes de la crisis.

    Un sistema financiero no puede funcionar con normalidad si no es capaz de atender en condiciones de mercado a un segmento tan importante como es el hipotecario.

  4. En el periodo de después de la crisis se pensó que haber mantenido tipos de interés cercanos a cero durante largos periodos de tiempo, fue una de las causas de creación de burbujas. Hoy los tipos de interés, y a lo largo de toda la curva, muestran niveles históricamente bajos, lo que se une a un agresivo quantitative easing (sobre todo por parte de la Reserva Federal).

    Las prácticas de quantitative easing, además, están teniendo efectos distorsionantes en los países emergentes, cuyos desequilibrios con los países desarrollados, por cierto, siguen siendo una asignatura pendiente.

    Se puede discutir sobre durante cuánto tiempo se deben mantener estas condiciones, pero creo que todos estaremos de acuerdo que esta es una cuestión a la que debemos enfrentarnos en algún momento.

  5. La crisis mostró que el mundo desarrollado estaba sobreendeudado. Hoy el sobreendeudamiento continua, máxime con la expansión de las deudas públicas.

    Pero el mundo no admite que los niveles de endeudamiento se reduzcan. Permanentemente oímos que el crédito debe crecer, «debe fluir» es la expresión.

    Detrás de estas afirmaciones está la idea de que debemos mantener los niveles de consumo que nos condujeron a estos endeudamientos, y/o la hipótesis de que los sectores y las empresas no están sujetos a un cambio de condiciones, que obligan a reciclar muchas de ellas y/o, en fin, que los esquemas de gasto público no deben modificarse.

    Esto se suele justificar con una frase, muchas veces falaz, de que tenemos un problema de liquidez y no de solvencia.

  6. La crisis mostró también que el precio del riesgo y de la liquidez estaban absurdamente bajos, lo que junto a unos deprimidos tipos de interés, es la mejor forma de asegurar burbujas.

    Hoy en la prensa de cualquier país se puede leer la preocupación sobre el incremento de los spreads crediticios y el efecto que van a tener en la recuperación de la economía. Este y el punto anterior, se incorporan al debate político, sin incluir la necesaria pedagogía.

  7. También algunos lobbies bancarios, en mi opinión con una visión demasiado cortoplacista, utiliza los razonamientos recogidos en los dos puntos anteriores para defender menores requerimientos de capital y provisiones menos exigentes. Creo que la legítima defensa de unos intereses no se debe argumentar sobre variables que, por otro lado, van a tener crecimientos muy escuetos en cualquier caso, por lo que los argumentos actuales pueden volverse en su contra.
  8. Una de las conclusiones compartidas en los meses inmediatamente posteriores a la crisis fue que la transparencia era un excelente antídoto para que ésta no se repitiera. Hoy en Europa, y capitaneados por Alemania (el sistema financiero alemán es la gran incógnita), se cuestiona la conveniencia de dar al mercado una información rigurosa, diáfana y completa, de los resultados de los stress-test de todas las entidades financieras.
  9. La economía de libre mercado se basa en que para lo bueno, y para lo malo, los responsables de las acciones asuman las consecuencias. Como diría un castizo «que cada palo aguante su vela». Y ese principio aplica a los propietarios, pero también debe aplicar a los poseedores de bonos de deuda senior. Romper ese principio nos produce una salida menos traumática, pero dado que no hay free-lunch (como dicen los anglosajones) será más dolorosa, con plazos más dilatados en el tiempo, y con una traslación de efectos económicos (al final siempre hay alguien que paga) difícil de entender, y cuyos efectos en el largo plazo, son difíciles de valorar, pero que, en todo caso, no van a ser positivos.
  10. La capitalización de las entidades financieras es una condición necesaria para salir de la crisis. La capitalización se puede hacer con fondos públicos o privados. Si se hace con fondos públicos, es porque al capital privado no le resulta atractivo entrar.

    El ciudadano, antes de animar a que se pongan fondos públicos, debe preguntarse por qué el capital privado no quiere entrar. La lógica pública y privada, pasados los momentos de pánico, no debe ser distinta.

    De esto se deduce que el contribuyente (como lo haría cualquier inversor privado) debe ser muy exigente en la valoración de los activos en los que invierte, así como con la gestión de sus representantes en los Consejos, cuya única guía debe ser la búsqueda de la optimización del valor de la inversión realizada por el erario público.

Con independencia de la gestión de la coyuntura y de las aparentemente necesarias medidas de carácter populista, creo que es importante que no nos olvidemos de los temas de fondo, los que fueron los auténticos causantes de la crisis, porque solo enfrentándonos a ellos con resolución y foco aseguraremos una recuperación consistentes y de suficiente brío en el medio y largo plazo.

1,291 Palabras

Avances de Garum y reflexiones sobre la crisis

Durante las últimas semanas he estado trabajando en las presentaciones de Garum Fundatio en España.

Esta semana y la siguiente estaré en Chile, Perú y Uruguay con el mismo objetivo.

En todo este tiempo, estamos trabajando con el TEC de Monterrey, cuya ayuda está siendo inestimable.

Junto a la constatación del trabajo que tenemos por delante, estamos muy motivados por la buena aceptación de la idea, así como y de los proyectos que estamos lanzando.

Paralelamente, y como cualquier ciudadano, estoy siguiendo la evolución de la situación económica y financiera. El sistema financiero español está, en estos momentos, en una fase decisiva para su reconfiguración futura. Las decisiones que se vayan tomando durante los próximos meses lo reconfigurarán, como lo reconfiguraron aquellas decisiones que se tomaron a finales de los 80 y de los 90. La diferencia es que entonces, los movimientos corporativos afectaron solo a los Bancos y no a las Cajas, y hoy, aunque estemos hablando del conjunto del sistema, serán éstas últimas en donde se producirán los cambios más radicales.

Pero mi objetivo ahora no es analizar la realidad inmediata de la situación española, sino reflexionar con una visión más global y más estructural. Mis reflexiones van a apuntar al sistema financiero global. Hoy me gustaría introducir el tema, para en los dos próximos post compartir algunas valoraciones sobre el avance en algunos aspectos que estuvieron en el origen de la crisis.

Efectivamente, vamos para cuatro años desde el inicio de la crisis financiera que, posteriormente, tuvo un impacto devastador en la economía real.

La reacción de los gobiernos evitó una caída del PIB mundial como la sufrida en la crisis del 29. Y hoy, si no fuera por hechos sobrevenidos –la crisis de Oriente Medio y el drama japonés- estaríamos centrados en preguntarnos sobre la velocidad de la salida de la recesión.

Y eso está bien, y ojalá sea así.

Sin embargo, en este mundo de comunicaciones inmediatas, en el que pasamos de un tema a otro como si por no hablar de él ya estuviera solucionado, creo que merece la pena pasar revista a los aspectos que estuvieron en el centro de la generación de la crisis. Y es que es bueno recordar estos hechos, porque tengo para mí que sin un diagnóstico correcto, y una terapia a fondo de los mismos, la economía mundial (o al menos, la economía de los países desarrollados) seguirá siendo extremadamente vulnerable en los próximos años.

438 Palabras

Tecnología y redes en Extremadura

Hace ya muchos años Extremadura fue para mí un auténtico descubrimiento, por la belleza de su campo, y por la historia de sus ciudades y pueblos. Suelo decir que las ciudades que más me han sorprendido en mi vida han sido Praga y Cáceres. Gran contraste. A las dos he repetido visitas varias veces.

Pero hace tiempo que no me acercaba a Extremadura desde una visión profesional. Lo hice el pasado jueves. Era un día importante para Garum, porque firmábamos el primer acuerdo de los cuatro pilotos de Bazar que vamos a desarrollar en las próximas semanas en España.

Y en esa visita tuve ocasión de tener un largo cambio de impresiones con un importante número de personas, que terminó en una presentación, con un animado debate, en la universidad de Badajoz.

Y tengo que decir que Extremadura me volvió a sorprender. Me sorprendió el Presidente de la Comunidad y su equipo, por su clara visión de los efectos que la tecnología y las redes tienen en la realidad cotidiana, y en el futuro de la Comunidad. Y me sorprendió no tanto por las palabras –que también-, sino sobre todo por sus realizaciones.

Extremadura ha sido, tradicionalmente, una región preterida. Pero Extremadura ha entendido muy bien que la nueva realidad es una oportunidad para su reposicionamiento. Es una oportunidad única que no quieren perder. Esta reflexión, en sí misma, creo que tiene un enorme valor.

Y esto no es nuevo. De hecho, son conocidas sus apuestas por crear un potente núcleo de desarrollo de software libre, o el hecho de que fuera la primera comunidad en la que todos los escolares contaban con un ordenador.

Pero aquellos movimientos no fueron flor de un día, sino que forman parte de un plan que están llevando a cabo, más allá de cuestiones cortoplacistas. Y pongo un ejemplo que me encantaría fuese imitado en otras Comunidades, Extremadura es la primera Comunidad española en incluir dentro de sus colegios asignaturas dirigidas a apoyar el espíritu emprendedor en los alumnos.

El reto, que significa el reposicionamiento al que aspiran es, como dicen los anglosajones, «challenging», porque hay muchos cuellos de botella en el camino, pero es un reto que merece la pena. No me extraña, por tanto, que teniendo esa visión, pongan tanta ambición ilusión y compromiso a la hora de llevar a la práctica los múltiples planes que tienen. Hacía tiempo que no veía un equipo con una ilusión tan contagiosa.

En el debate de la tarde, en la Universidad, alguien me preguntó sobre los consejos que yo daría a la región. Y aunque por mi parte sería una petulancia dar consejos, hay dos sugerencias que propondría.

La primera, comunicar muy proactivamente lo que están haciendo, lo cual no es fácil que tenga un impacto inmediato en el cambio de imagen. Pero precisamente por eso hay que redoblar el esfuerzo.

La segunda es perseverar, porque un cambio tan profundo exige tiempo. Y en la perseverancia incluyo el convencimiento de que la dirección tomada es la correcta, aunque a veces parezca que los resultados tardan en llegar. Creo que la única duda que debe plantearse permanentemente no es sobre la dirección –que es la adecuada-, sino sobre la velocidad de implementación –siempre perfectible, por definición-.

Desde luego, Garum estará siempre dispuesta a colaborar en este apasionante proyecto, con modestia, pero con la misma ilusión y ambición que tienen los que lo pilotan.

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De la intensidad en capital a la intensidad en conocimiento

Sobre la influencia de la tecnología en la globalización he escrito en otras ocasiones. Hoy pretendo reflexionar sobre el impacto de la tecnología en el marco competitivo de las empresas y, muy en particular, sobre las oportunidades que este nuevo marco ofrece al florecimiento de nuevos proyectos empresariales.

Porque la tecnología, y más concretamente, la tecnología de la información, no ha sido únicamente un motor de profundo cambio macroeconómico, sino que ha tenido un impacto radical en el plano microeconómico, en el mundo empresarial.

No es este la ocasión para profundizar en este concepto, pero si me gustaría, aunque sea solo señalar, que la tecnología ha roto las cadenas de producción, está modificando la forma de aproximarnos a nuestros clientes, mutando los canales de distribución y tiene un efecto radical en la Organización de nuestras empresas.

Y esto es así en cualquier sector. Con más o menos intensidad, pero todos los sectores están recibiendo esta influencia y la recibirán de forma creciente, exponencial, en el futuro.

Y lo importante es que de estos cambios, además, nos están conduciendo a un nuevo marco competitivo. Y este marco competitivo tiene dos características básicas. La primera es la caída de barreras de entrada en múltiples sectores, la segunda es la configuración de un mercado global.

La caída de barreras de entrada en las industrias significa un incremento de la competencia, significa la aparición de una pléyade de empresas.

Y esto está ocurriendo porque en primer lugar, en los últimos veinte años hemos asistido a un cambio radical en los modelos de producción.

La tecnología ha roto la idea de la producción integral, ha roto las cadenas de valor. En lugar de las viejas integraciones verticales, hoy cualquier producto final tiene componentes fabricados por muy distintas empresas en muy distintos países.

Y esto es tan estructural que permite la aparición de múltiples empresas para competir en partes concretas del proceso. Empresas que requieren menores tamaños por estar más focalizadas.

Y esto, que lo hemos visto en la industria, lo estamos viendo también en el sector servicios.

Detrás de estas transformaciones está la tecnología, y muy en concreto la tecnología de la información, porque gran parte de estas rupturas están basadas en la tecnología de la información.

Y estas tecnologías de la información tienen la característica de no ser capital–intensivas, sino conocimiento-intensivas. Y este es otro factor de radical importancia en la caída de las barreras de entrada, porque es lo que, en definitiva, permite la aparición de una pléyade de empresas.

Hay que tener en cuenta que el 70% de las start-ups (y esta es una estadística muy consistente en distintos países) se concentran en este sector.

Lo anterior nos explica cómo la tecnología cambia la lógica de la oferta, pero es que, además, la tecnología cambia la lógica de la demanda.

Porque hoy el mercado es global. Y por tanto, cualquier proyecto de enjundia debe tener pretensiones globales.

Esta afirmación, sin la existencia de Internet, sería un concepto vacío, porque ser global a través de medios convencionales sólo está al alcance de las grandes empresas.

Pero gracias a la Red, cualquier empresa puede (tendría que decir, podrá) acceder a cualquier parte del mundo. Esta es una evolución imparable y una gran noticia para los nuevos proyectos empresariales.

Ahora bien, creo que podemos dar un paso más. Pensemos en la tecnología no solo como el factor que cambia el marco competitivo, posibilitando una generación de proyectos empresariales en número inimaginable hace tan solo dos décadas, sino que visualicemos la tecnología además como facilitador para que aquellas personas con las ideas y el compromiso de emprender puedan llevar sus proyectos a la práctica, porque la tecnología les hace más accesible el conocimiento.

De hecho, esta visión está en el origen de Garum. En este sentido, en Garum partimos de dos premisas.

La primera es que creemos firmemente en que las redes virtuales tienen potencialidades múltiples para el mundo empresarial. Porque las redes no son solo un medio de compartir información, sino de generar conocimiento.

La segunda premisa es que el conocimiento es la base de cualquier proyecto. Y por tanto, el dar acceso al conocimiento, a través de herramientas libres, al mayor número de personas es la mayor contribución que podemos hacer al desarrollo socialmente sostenible, a la creación de riqueza.

En definitiva, podemos decir que las redes y las herramientas libres están en la base de la ruptura del marco competitivo, cuyo principal efecto está en hacer más accesible el emprendimiento a través de una drástica reducción de las barreras de entrada.

Y al mismo tiempo, están en la base de la posibilidad de generalizar el conocimiento, haciéndolo accesible a cualquier persona, aunque está alejada de los «centros oficiales». Lo que significa una radical ampliación del número de personas que pueden aprovecharse de esa reducción de las barreras de entrada.

Y esta es una conclusión que estaba implícita en las ponencias que escuchamos en el Primer Día Garum-Europa.

Es por ello por lo que en Garum focalizamos nuestro interés, objetivos y acciones en las redes y en el conocimiento libre.

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