Resumen de verano

Tomé la decisión de no escribir posts durante el mes de agosto. Creía que era bueno tomar una cierta distancia… tras un año de «actividad».

En agosto, y como anunciaba en el último post de Julio, comenzamos con una emocionante firma de Garum con el TEC de Monterrey.

Después pasé unos días visitando ese maravilloso espectáculo de la naturaleza que son las montañas rocosas canadienses.

A mi vuelta, y tal como era esperable, los mercados seguían nerviosos… y me temo que estaremos en esta situación por largo tiempo, tanto como cuanto las autoridades europeas se empeñen en correr por detrás de los acontecimientos.

Tradicionalmente, en el mes de agosto siempre he dedicado un buen tiempo a leer libros de historia. Dado que en Octubre empezaré mi segundo curso de historia del pensamiento filosófico en esa excelente Institución que es la Escuela de Filosofía, he tenido que cambiar de disciplina, y hacer mis deberes, dedicándome a repasar a los sofistas, Sócrates, Platón y Aristóteles… todavía tengo 3 semanas para el comienzo del nuevo curso.

Pero lo anterior no ha impedido que haya leído un libro que lo empecé con curiosidad (producto de la admiración y amistad que le profeso a Rafael Domenech) y lo terminé casi de una sentada (aunque reconozco que haciendo slalom sobre el aparato matemático), por la claridad intelectual de sus planteamientos, el rigor de las propuestas y el contraste de sus resultados. Sinceramente recomendable este libro titulado «The Spanish Economy. A general Equilibrium Perspective», de José E. Boscá, Rafael Doménech, Javier Ferri y Juan Varela, y publicado por Macmillan. Enhorabuena a sus autores.

288 Palabras

Primer aniversario

El 31 de Julio de 2010, hace ya un año, estrené este blog. La razón por la que decidí abrir un blog propio fue para dar acogida a conversaciones que dieran lugar a la creación de GARUM FUNDATIO, aunque también he expresado mi opinión sobre temas de corte muy distinto.

Desde entonces, y centrándome en GARUM, han ocurrido muchas cosas. Comenzamos con unas conversaciones públicas con conocidos empresarios, inscribimos legalmente GARUM en Diciembre, presentamos el primer día GARUM Europa en Deusto y lanzamos nuestros dos primeros proyectos (la red de Universidades y BAZAR).

Hoy, un año después, nos enfrentamos en GARUM a nuevos retos para los próximos meses.

Hoy precisamente, liberamos la primera versión completa de BAZAR. La próxima semana estaremos en Monterrey para firmar con el TEC un acuerdo marco y finalizar la primera parte de la investigación de mejores prácticas de incubación.

En septiembre abrimos la primera conversación de expertos para empezar a discutir la problemática de financiación de nuevos proyectos.

El primer día GARUM América ya tiene definido el lugar (la sede de Mercosur en Montevideo) y fecha (27 de Octubre) y está casi totalmente definida su agenda.

Hace un año, no sabía que Garum se llamaría Garum. Garum Es hoy una realidad con proyectos potentes. Muchas gracias a todos los que lo están haciendo posible.

241 Palabras

Deven Sharma sobre las agencias de rating

El pasado 26 de Julio, Deven Sharma (Presidente de S&P) publicó un artículo en FT sobre el papel de las agencias de rating.

Junto a una primera parte de defensa entendible (aunque no compartida por muchos), pasa a comentar unos aspectos muy relacionados con el post que escribí hace unos días.

Me ha parecido tan interesante que me van a permitir una traducción libre:

(…) La pregunta más importante para el sistema financiero es cómo se utilizan los ratings por los reguladores y los políticos. Depender sólo de los ratings para las decisiones, puede hacer que se traduzca en una influencia excesiva de las agencias.

Por ejemplo, la reciente propuesta (…) de la Banca francesa, fue condicionada a que las agencias de rating no la definieran como default (…) y que se considerase ésto a la hora de definir el colateral a aceptar y las condiciones definitivas de la propuesta. Esto sitúa a las agencias de rating en el corazón de la decisión política, un papel que las agencias no buscan.

Una aproximación mejor es no incluir el uso de ratings en las regulaciones y evitar que sean el único criterio de decisión de los políticos y reguladores. Esto reduciría su impacto en el mercado y en las políticas públicas, y liberaría a las agencias de rating para competir sólo en base a la calidad (…)

Probablemente, Deven Sharma no hubiera considerado incluso, escribir opiniones de este tipo hace, digamos, cinco años. Hoy lo propone, sabiendo lo complejo que es llevarlo a la práctica… Pues creo que los responsables de recoger el guante deben hacerlo. Porque es bueno para el sistema y porque, además, forma parte de sus responsabilidades.

298 Palabras

Sobre el acuerdo de los líderes de la Eurozona

El pasado jueves los líderes de la Eurozona llegaron a un acuerdo que, aunque indudablemente tenía cosas positivas, fue recibido con un exceso de entusiasmo por parte de algunos medios de comunicación.

Los mercados reaccionaron al alza, en gran parte debido a un movimiento muy técnico de cierre de cortos.

Algunos de los puntos del acuerdo sorprendían por el lado positivo. Entre ellos destacaría la posibilidad de que los fondos pudieran ser utilizados para países (y bancos) de forma preventiva, así como la posibilidad de utilizar bonos griegos en las operaciones del BCE aunque cayera su rating (a través del aval de la Unión), lo que evitaría la asfixia de liquidez de la deuda griega o, en fin, el hecho de que los poseedores de Bonos se adhiriesen a un acuerdo en el que se incorporaba un hair cut.

Todo lo anterior hay que valorarlo de forma positiva, y así debe calificarse.

Sin embargo, me temo que todas estas partes positivas del acuerdo, no van a ser suficientes para situarnos fuera de la zona de peligro. De hecho, a pesar de la positiva reacción de los mercados, el riesgo país español, p.e., no ha bajado en ningún momento de 200 pb. ¿A qué se debe esta reacción?

Los acuerdos tienen un primer elemento de duda, que es el nivel de hair-cut. Lo positivo es que existe, lo negativo es que es insuficiente.

Por otro lado pesa, primero, la dificultad política (dados los antecedentes) de que se cumplan los requisitos pactados sin dilaciones ni problemas; y segundo, y más importante, que esto es insuficiente. Es un buen paso en la dirección correcta, pero tardío y con insuficiente ambición. Porque la solución requiere decisiones más profundas, como defendía hace unos días.

Se podía pensar que lo importante era ganar tiempo. Y para ganar tiempo, también ha sido positivo el apunte de que el Fondo pueda intervenir en los mercados secundarios de deuda. Pero de nuevo aquí con un despliegue demasiado dubitativo.

Si a esto añadimos las declaraciones de que todo esto es excepcional, y que solo aplica a Grecia, porque Grecia es un caso excepcional (Portugal e Irlanda… no parecen serlo). Todo ello crea una gran sensación de interinidad.

En definitiva, una vez más, uno tiene la sensación de que los líderes europeos tienen un diagnóstico demasiado benigno o no creen en las decisiones que toman, lo que da la sensación de que siempre se quedan a medio camino.

Me gustaría equivocarme, pero veo que tenemos por delante meses muy complejos, con escenarios de stress permanentes, que van a tener unas repercusiones políticas en Europa muy peligrosas en el medio plazo, tal como he comentado en alguna otra ocasión.

483 Palabras

Riesgos y responsabilidades en el caso griego

En la reestructuración de una deuda hay dos elementos básicos. El primero es si hay que hacer un descuento (bien vía intereses o bien quita de principal) y el segundo es la adecuación de los nuevos vencimientos (en definitiva el factor tiempo). Por emplear los términos de moda, si se tiene un problema de liquidez, afectando la variable tiempo es suficiente; y si lo es de solvencia hay que afectar también a la cantidad.

El caso griego es un ejemplo claro. Es necesario afectar a las dos variables. Solo comprar tiempo no es suficiente.

El tiempo es un aliado cuando se piensa que el futuro nos va a deparar un crecimiento que nos permita pagar el sobrecosto (que en condiciones normales suele acompañar al alargamiento de plazos) y, además, hacer frente a un esquema de pagos de la deuda en periodos razonables de tiempo. En caso contrario, el tiempo, que parece a corto plazo un dulce aliado, se convierte en un enemigo odioso (como bien sabe cualquier persona o compañía que ha pasado por estas circunstancias).

En las condiciones actuales es difícil pensar que Grecia pueda cumplir con el pago de sus deudas. Sus perspectivas de crecimiento no se lo permiten. Y eso es así, aunque podamos montar estructuras financieras que nos «ilusionen» a corto plazo (como se «ilusionaron» las personas que tenían hipotecas subprime).

Y esto es un dato del problema.

Además, esta economía se enfrenta a un problema futuro de competitividad, que es otro factor adicional. Se enfrenta a un problema más complejo que los meros ajustes fiscales, necesita reformas más profundas que le permitan competir en el mundo futuro (y esas reformas no son solo recortes, sino que implican cambios profundos en, p.e. su sector público, educación y regulación de mercados). A la larga, este punto es más importante que el anterior. El problema es que estos cambios, para que tengan impacto real, necesitan, además de gran determinación, tiempo para que tengan efecto.

Y este es el segundo dato del problema.

No enfrentarse con decisión a este problema de fondo no solo es económicamente erróneo, sino que, además, es políticamente muy peligroso. Mantener la tensión política y social de una historia interminable de ajustes permanentes que son inentendibles sin una visión de situación final, es una bomba de relojería para la democracia en Europa.

Esta indefinición solo se puede mantener a través de verdades parciales y búsquedas permanentes de chivos expiatorios, lo que, unido a continuos enfrentamientos entre países, tiene un gran riesgo de que los movimientos populistas nos conduzcan a una situación en Europa que creíamos superada hace décadas.

Y enfrentarse con decisión a esta situación, significa que los distintos actores deben asumir su responsabilidad y tomar sus propias decisiones.

  • Grecia debe valorar si está dispuesta a emprender un proceso de reformas (no meros recortes, que también), lo que políticamente es muy costoso, no solo en términos de «algaradas en la calle», sino –y tal vez más complejo- en términos de presiones de lobbies político-económicos que se van a ver muy perjudicados por la ruptura del status quo.

    Si la respuesta es sí, debe asumir lo que ahora se llama una «pérdida de soberanía», comprometiéndose a unos hitos cuantitativos y cualitativos de cambio, con un calendario riguroso (como lo hace cualquier empresa en reestructuración) que le debe llevar a la senda de una competitividad sostenible. La falta de cumplimiento (que debe ser objetivada) debería conllevar mecanismos de penalización (que deberían ser automáticos).

    Esta es la única manera de que un país como Grecia se mantenga en el Euro.

    Obviamente la respuesta puede ser que no, en cuyo caso está abocada (antes o después) a la salida del Euro.

    Sea lo que fuere, en ambos casos se requiere una reestructuración de la deuda. Si la respuesta ha sido sí, requiere ir al siguiente punto (porque no basta con la decisión griega). Si la respuesta es no, posiblemente sea muy difícil pensar en un default ordenado (el problema de esto es que aleja al país de la financiación externa por un largo período de tiempo con todo lo que eso significa, además de los efectos de la salida del Euro en sí misma considerada), pero es una responsabilidad que los griegos deben asumir.

  • Si Grecia está dispuesta al sí, Europa debe ser consciente que mantener a Grecia en «el Club» tiene un gran coste para el resto de países.

    El coste directo del descuento en los tenedores oficiales europeos de deuda griega, así como un paquete de apoyo adicional al país (para, p.e., evitar la bancarrota del sistema financiero y financiar el proceso de acceso a la competitividad), y todo ello con un alargamiento radical de plazos, así como la necesidad de colateralizar en alguna medida la deuda.

    Lo anterior posiblemente obligue a un nuevo acuerdo de cesión de soberanía fiscal de los países, aunque se pueda mantener en el medio plazo una Europa de dos niveles de soberanía fiscal, para que las exigencias derivadas del coste económico sean más asumible por los países «fuertes» que mantendrían un status igual al actual (el problema será saber quiénes son los fuertes).

    La respuesta puede ser que no se está dispuesto a asumir ese costo. La conclusión es la desvertebración. Se ha escrito mucho, y no voy a insistir en ello, sobre los costos que esto tiene para todos, incluidos los países «fuertes».

  • Los acreedores: En mi opinión tras el desastre post-Lehman, los acreedores han adquirido un status que no les corresponde, y que nos está conduciendo a un moral-hazard intolerable.

    Los acreedores deben tomar la pérdida que les corresponda, porque, primero, ese es el «status jurídico» de sus títulos y, segundo, porque hoy el mercado está descontando un default (dicho de otra forma, el mercado está asumiendo que no les van a pagar). De hecho, hoy, y excepto para emisiones a muy corto plazo, para lo único que sirve el mercado en este tipo de títulos soberanos es para dar liquidez a los tenedores actuales, a un precio que muestra la probabilidad de default que el mercado está cotizando.

    Creo que es relevante decir que aunque varía día a día, la probabilidad de default implícita en el precio de mercado de la deuda griega a 5 años, supera el 85%. Por tener una comparación, el viernes antes de la caída de Lehman (y para LGD’s similares) el porcentaje de default que el mercado descontaba para su deuda, no llegaba al 50%.

    Como es lógico, nadie está interesado en una excesiva penalización de los acreedores, porque eso significa cegar las futuras financiaciones, por lo que el «hair-cut» debe intentar minimizarse de forma inteligente y compatible con que la salida futura sea posible. Si eso es así, sería muy conveniente para no entrar en complejos dilemas jurídicos, que los acreedores aceptaran voluntariamente el plan, que obviamente tiene un costo. Cada palo ha de aguantar su vela.

Pensar que el tiempo nos va a solucionar los problemas es engañarse. Los que vivimos la crisis argentina desde sus comienzos (es decir, desde las etapas en las que mayoritariamente se defendía el mantenimiento del «peg» frente a los «ataques ciegos del mercado») estamos rememorando momentos que seguro que no nos gustaría volver a vivir.

P.d. El caso griego es el ejemplo evidente porque, en mi opinión, la suerte está echada. Pero las reflexiones son aplicables al resto de países periféricos.

Para todos ellos, cuanto antes se tomen las decisiones (que no son solo de los países, sino también, y seguramente más complejo, por parte de la Unión), menos traumático será el proceso, más rápido saldremos de la incertidumbre, y lo que es más importante, menos riesgos políticos correremos.

1,384 Palabras

De agencias de rating y responsabilidades

Las agencias de calificación tienen un papel decisivo para que las empresas tengan acceso a los mercados financieros. Su papel es fundamental para que las medianas empresas accedan a los mercados de renta fija y renta variable. Gran parte de la justificación de la mayor desintermediación bancaria en USA, por contraposición a Europa, se justifica por el protagonismo de las agencias en aquel país.

La razón es que definen estándares de crédito que hace que un inversor (que no puede soportar el coste del análisis de una pléyade de empresas) tenga una referencia profesional sobre el tipo de alternativa que tiene.

Con el tiempo, esa capacidad de definir estándares reconocidos, ha hecho que sus ratings jueguen un papel esencial en operaciones en las que múltiples entidades financieras está involucradas. La razón también es simple. Estos contratos deben basarse, sobre todo si son al largo plazo, en el compromiso del deudor de mantener su solvencia. Esta sería imposible de juzgar si cada entidad financiera tuviera que decidir si eso se estaba cumpliendo, ya que daría lugar a situaciones caóticas e ingobernables.

Su utilización se ha ido ampliando a otros campos, y muy en concreto a los organismos oficiales, multilaterales y Bancos Centrales, que para definir los estándares de crédito decidieron hacer referencia a los ratings de las agencias.

Las agencias, por tanto, desde el punto de vista teórico, juegan un papel «facilitador» clave en el desarrollo de los sistemas financieros. Se les supone independencia y alta cualificación de criterio.

Estos días, las agencias están «de moda» por la pérdida del grado de inversión de la deuda portuguesa, según la agencia Moody’s. La importancia de esto se basa en que el BCE, en sus estatutos, recoge que el colateral de las operaciones para prestación de liquidez debe tener un rating mínimo de grado de inversión. En el momento en que éstas bajen la calificación de un país del grado de inversión, el BCE no puede inyectar fondos a los bancos de ese país, que le ofrecen el colateral del bono soberano. Dado, por otra parte, que esos bancos no pueden encontrar financiación en otro lado, esto supone asfixiar al sistema financiero del país en cuestión, y por tanto, a su economía.

Tengo que reconocer que mi experiencia profesional de muchos años con las agencias de rating, me hizo desde hace mucho tiempo, desconfiar de la excelencia de su criterio técnico.

Y, desde luego, hay muchísimas razones (todas ellas ampliamente publicadas) para ser muy críticos con las agencias en todo el proceso que va desde la incubación de la crisis hasta el período postcrisis. Yo desde luego lo soy.

Pero dicho esto, la reacción por el downgrade de Moody’s me ha parecido fuera de tono.

  1. Los errores del pasado no justifican la obligación de seguir errando. Que no intuyeran la burbuja, no significa que no puedan opinar cumpliendo con su tarea. La pérdida del investment grade anunciado es perfectamente defendible desde un punto de vista técnico, y achacarle la característica de conspiración política no tiene ninguna justificación.
  2. La tarea del BCE es asumir la responsabilidad de su decisión. Parapetarse en «lo que dicen las agencias» no es cumplir con su papel. Las agencias dicen lo que dicen, y el BCE debe decidir lo que debe decidir.

    Por cierto, la decisión del jueves pasado (seguir descontando) además de legítima, me parece acertada… siendo consciente de los riesgos que se están asumiendo (¡ojalá los que hoy la apoyan, sigan diciendo en el futuro, que, en su día, estaban de acuerdo con la decisión!).

  3. Entender esta decisión en términos de guerra entre las agencias y el Banco Central Europeo –como he visto en algún medio de comunicación- es un gran desenfoque.
  4. Desde el comienzo de la crisis, han transcurrido cuatro años. El decepcionante resultado de las agencias, es evidente desde, al menos, esa fecha.

    La necesaria regulación de las agencias, ha quedado en aguas de borrajas en todo este tiempo.

    Decir hoy, cuatro años después, que hay que hacer algo «con esto»… se puede calificar de muchas formas. Digamos que es un pecado de omisión.

  5. La solución no puede ser la de «crear una agencia europea». El árbitro debe ser independiente, y estas manifestaciones abundan en la idea de pretender «comprar al árbitro».
  6. El tema es complejo, pero no irresoluble. El problema no es técnico, sino de intereses. Si se quiere, se puede resolver. No me puedo creer que una multitud de «expertos» pensando por el bien común (y no pro domo sua) sean incapaces de encontrar, no una, sino varias alternativas de solución.

En todo caso, yo diría que cada cual asuma su responsabilidad. Y esto aplica también a los que después de cuatro años de inacción, se rasgan las vestiduras como si la cuestión fuera nueva. La búsqueda de chivos expiatorios para ocultar las limitaciones de las actuaciones propias es una práctica que lamentablemente está generalizándose de forma peligrosa.

898 Palabras

La deriva desinformativa sobre la deuda

Tengo que reconocer que me tiene muy sorprendido el alto número de personas que, con motivo de los problemas de repago de la deuda de Grecia (y el argumento es ampliable a otros países), están invocando una situación en la que, según ellos, la política y la democracia son rehenes de las finanzas y que los mercados (a los que nadie ha elegido) mandan sobre los gobiernos que, con alguna contestación, son fruto de la elección popular.

Y estoy sorprendido porque yo creía que había responsabilidades perfectamente diferenciadas. Tomemos el caso griego.

Por las razones que sean y con los responsables que fueren, el hecho cierto es que Grecia ha ido asumiendo a lo largo de la última década una deuda que no puede devolver. Este es el hecho.

Y ante este hecho, hay un principio básico, y es que los acreedores quieren que les devuelvan el dinero en los plazos y formas comprometidas en sus contratos.

Nada muy diferente a lo que le pasa a una familia cuando no puede pagar una hipoteca, o un crédito para comprarse un coche o irse de vacaciones. Ante lo cual, no pensaríamos que estas personas están siendo agredidas en sus principios individuales o que los cimientos democráticos están empezando a derrumbarse.

Pues bien, si no lo consideramos para una familia ¿por qué lo consideramos para un país? ¿En qué tratado teórico se recoge el impago como una muestra de soberanía? ¿En qué constitución se hace residir en el Gobierno como representante del pueblo, la capacidad de no pagar deudas? Obviamente en ninguna, porque si así fuera, no hubieran recibido nunca un préstamo.

Por tanto, que se deba pagar lo que se debe no es ningún atentado a la democracia, ni a los representantes de los ciudadanos. Que se responda de las obligaciones contraídas es lo que mantiene los Estados de Derecho… y ello no se evita porque a los acreedores les pongamos nombres “horribles” como especuladores o mercados.

Creo que por la salud psicológica de todos, es importante hacer esa distinción. Otra cosa distinta es la decisión de cómo se paga esa factura. Y aquí sí entra la política ¿La hacemos con un incremento de impuestos? ¿Recortamos gastos? ¿Recortamos prestaciones o inversiones? ¿Ofrecemos reestructurar la deuda?, ¿Echamos la vista atrás y nos liamos con los anteriores como en Islandia? O ¿Decidimos simplemente no pagar (con las consecuencias futuras correspondientes)?.

No es mi propósito analizar estas alternativas. Mi objetivo hoy, simplemente, es pedir que se frene una deriva de mala información que puede tener unas conclusiones políticas muy negativas para los sistemas democráticos, porque son pasto del aliento de movimientos populistas (y pongan aquí los nombres que se quieran poner en los distintos países Europeos). Crear chivos expiatorios es siempre peligroso porque, además, se suelen esculpir sobre prejuicios que mueven pasiones irracionales… En ocasiones, la creación de chivos expiatorios es la antesala de movimientos totalitarios.

Lo que sí haré en un próximo post es analizar las alternativas y comportamientos de los llamados mercados ante situaciones de este tipo, los posibles errores de juicio que pueden cometer y las alternativas existentes… pero siempre partiendo de la base de que no es una afrenta a la democracia, que se exija pagar lo que se debe.

578 Palabras

Financiación y conocimiento

Dentro del apoyo al desarrollo de nuevas empresas, la primera parte del pasado año, me dediqué a estudiar lo que «había por el mundo». Como consecuencia de ello configuramos y fundamos Garum.

Desde entonces he intervenido en diversos foros sobre los retos que tenemos por delante para que la proliferación de nuevos proyectos empresariales sea una realidad en Latam y en la península Ibérica. De hecho, en este mismo blog ha habido animados debates sobre el tema (como autocrítica debo decir que los debates han estado muy centrados en España. Espero que en la segunda parte del año, y sobre todo a partir del primer día Garum América que se celebrará en Octubre en Montevideo, seamos capaces de ampliar nuestro foco. Seguro que con la ayuda de nuestros amigos Latinoamericanos lo conseguimos).

En estos planteamientos, he pretendido siempre orillar el aspecto de la financiación. Y ello, además de por razones personales, ha sido debido a que pensaba -y sigo pensando- que en España, hay una excesiva focalización en este tema para justificar nuestros pobres resultados. La financiación juega un papel de adormidera en nuestro juicio y nos conduce a una cierta pereza intelectual en la búsqueda de retos y soluciones.

Aunque pretendo seguir esta línea en los próximos meses, hoy voy a hacer una excepción. La razón es que en las últimas semanas me he visto muy expuesto a este tema en diversas reuniones (COTEC, Foro España – EEUU,Orkestra…), en la lectura de algunos artículos y documentos interesantes (me gustó mucho el Star-up Spain de Santiso y Molinas, así como el Informe de Capital Riesgo y Private Equity en España) y, además, ha coincidido que, en estos días, he tenido interesantes conversaciones con inversores de distintas nacionalidades.

En España, los principales inversores en start-ups (especialmente en TIC) son los friends and families. Además existen programas de las distintas Administraciones (bastante mal coordinadas, por cierto) en préstamos de distinto tipo que sirven de complemento a las inversiones anteriores.

Sin embargo, es cierto que la oferta de «equity» institucional de ventures capital es muy pobre. Sirvan algunos datos:

  • Las inversiones de fondos de start-ups no llegaron en el 2010 a 100 millones de Euros. Si ampliamos el concepto a inversiones de Venture Capital en las fases primeras de arranque, el volumen de inversión fue de 218 millones el pasado año.
  • De hecho, las star-ups TICs en España apenas concentraron el 4,5% de lo invertido en Europa.
  • La figura de Business Angels en España, todavía maneja cifras modestas. En el periodo 2007-09, el conjunto de la inversión registrada fue de 47 millones de euros.

Hay razones de distinto tipo para que esto sea así. En mi opinión no es una cuestión de riesgo, sino de incertidumbre, por utilizar el contenido del último artículo de Juan Urrutia. No es que no haya apetito de riesgo, si no que éste no se sabe valorar.

En el capital riesgo, a medida que vas subiendo en el volumen invertido, el gestor del fondo tiene que tener, sobre todo, un conocimiento financiero profundo, una razonable visión estratégica del sector y un excelente criterio para elegir profesionales de gran conocimiento y experiencia.

Por el contrario, a medida que vamos bajando el capital invertido y nos vamos acercando al mundo de las start-ups, el conocimiento financiero se hace menos importante, el conocimiento del proyecto/sector es más relevante en su lado operativo, y el inversor debe aportar inmensas dosis de gerencia práctica a un emprendedor que, en muchos casos, es muy bisoño en la gestión. El nivel de ayuda e involucración que el gestor puede dar al proyecto varía, pero en todo caso debe ser importante. Y, de hecho, no oculto mis simpatías por los gestores «hands-on» vs. los meramente financieros. Si los gestores de fondos para proyectos muy jóvenes no son capaces de hacer esto, están manejando incertidumbre y no riesgo (no es un tema de apetito, sino de discernimiento).

En España, aunque hay algunos excelentes gestores de estos fondos, es necesario que haya muchos más. Y esto no es solo un tema de dinero, o al menos no solo. Es un tema de conocimiento. Ese conocimiento, sin duda, se irá adquiriendo a lo largo del tiempo, con la experiencia. Pero esto no nos va a dar la velocidad que requerimos. Necesitamos catalizadores. Y aquí sí creo que las Administraciones pueden jugar un papel si su inversión busca precisamente, esa multiplicación de conocimiento.

Paro ello es importante que la inversión de la administración sea de acompañamiento, en equipos de gestores con experiencia y track record reconocible. Esos gestores que por supuesto pueden ser nacionales, convendrían que se mezclaran con una fuerte atracción de talento extranjero contrastado. Y en esa coinversión, de la misma forma que la Administración puede facilitar su salida a precios prefijados (como en el caso de Israel a comienzos de los 90’s), debe requerir una simetría de intereses de forma que los gestores no sean meros comisionistas.

Tengo para mí que aquí hay un gran camino de avance, pero pienso que la cuestión no es tanto el cuánto, como el cómo.

903 Palabras

José Angel Sánchez Asiaín en COTEC

La semana pasada estuve en la Asamblea Anual de COTEC. Era la primera ocasión que asistía a la misma.

Aunque en repetidas ocasiones he utilizado la información de las publicaciones de esta Fundación, (¡que son magníficas!), quiero destacar la buena organización del acto y la extraordinaria capacidad de convocatoria que tiene.

Aunque suelo coincidir con él con cierta asiduidad, hacía mucho tiempo que no asistía a una presentación pública de José Angel Sánchez Asiaín. Tenía el recuerdo de grandes intervenciones suyas. Esta vez no fue una excepción.

De nuevo volví a ver en él esa capacidad tan suya de declinar diagnósticos rigurosos (y duros sí, como en este caso, es necesario) de forma amable, cercana y no hiriente. En esto también es un maestro para muchos de nosotros.

Me interesó su diagnóstico y muy en especial, sus comentarios sobre las cuatro grandes líneas sobre las que propuso focalizar la atención si queremos empujar la innovación y el emprendimiento en nuestro país. (Educación, Valoración social, Financiación y el Papel de la Administración como tractor de la innovación).

También me interesó la apertura que está detrás de la nueva estrategia de COTEC hacia las Pymes y la Sociedad. Sin aumentar las complicidades y sujetos del cambio, el avance se muestra muy difícil. En esto, como en muchos otros aspectos, la ampliación del campo de juego es condición indispensable para el éxito.

260 Palabras

La competitividad empieza por uno mismo

El otro día, hablaba de la necesidad de liberalizar los mercados de demanda, y adelantaba tres historias para dar algunos ejemplos:

Me llamó mucho la atención el interés que el estudio Fedea-McKinsey ponía en dos sectores que normalmente están fuera del foco de discusión, a saber:

  • Los servicios locales. Son aquellos servicios con una fuerte componente doméstica (incluye distribución, servicios financieros y servicios domésticos, personales y sociales). Aunque muy heterogénea, representa un tercio de los empleos españoles.
  • Los servicios Empresariales. Son servicios de apoyo a las empresas, servicios externalizados de las mismas. Básicamente recoge servicios informáticos (que representa el 25%) y Servicios empresariales en sentido amplio.

La razón por lo que los menciono es porque:

  1. Son sectores de muy notable aportación al crecimiento. De hecho, del crecimiento del VAB en el período 1995-2005 (excluyendo Sector Público y actividades inmobiliarias), representaron un 66% en USA, un 58% en Europa y un 46% en España. Obsérvense las diferencias.

    Y además, su eficiencia, tiene un efecto transversal en la productividad del resto de los sectores económicos.

  2. Las productividades españolas en estos sectores son muy pobres. Así en los denominados Servicios Locales (los más relevantes desde el punto de vista de empleo), la productividad española es un 20% inferior a la Europea, y hasta un 35% inferior a la americana.

    Y dentro de estos servicios, hay un ejemplo paradigmático que es el comercio minorista (que concentra el 10% del total de empleos), con diferencias de productividad en el rango entre 10 y 45% respecto a Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y USA.

  3. Son el mejor ejemplo de «no dirigismo». Cuando se insiste en que hay que definir qué sectores van a ser «los claves» de la economía española, nunca (o casi nunca) se hacen referencia a éstos, a pesar de su importancia. Posiblemente porque son los más cercanos y accesibles para personas con espíritu emprendedor.
  4. Son el ejemplo en el que una regulación que cree una sana competencia es decisiva a la hora de generar economías de escala y espíritu emprendedor. Y esa regulación creadora de competencia es una asignatura pendiente en el caso español.

España es una economía (y sociedad) muy bimodal. En el mundo empresarial contamos con algunas (no demasiadas) grandes empresas que compiten con gran éxito a nivel internacional.

De hecho, algunas de ellas han creado un Foro de Competitividad, lo cual me parece una excelente idea.

El punto que quiero señalar es que la competitividad -como la caridad- empieza por uno mismo. Por tanto, sería bueno una reflexión sobre el nivel de precios/servicios que están ofreciendo estas empresas en España, y su comparación con los que existen en otros países de nuestro entorno. Esto sería especialmente importante en los sectores más regulados.

Estas actitudes de transparencia tendrían dos grandes ventajas. En primer lugar, la coherencia y en segundo lugar, el ejemplo. Sería una gran muestra de compromiso con el objetivo que está detrás de la iniciativa del Foro.

Una regulación proteccionista permite la existencia de empresas ineficientes.

Uno de los aspectos más dañinos para la competitividad española es la dimensión de nuestras empresas, nuestro minifundismo empresarial.

Existen numerosos estudios sobre este tema. Se ha llegado a cuantificar en un 35% el efecto que la dimensión empresarial española tiene sobre los diferenciales de productividad con Europa.

Es más, cuando se analizan las dos desventajas competitivas más claras de las empresas españolas (la internacionalización y la capacidad de innovación), el tamaño siempre aparece como uno de los elementos determinantes.

Tengo para mí que este punto, que no había tenido suficiente foco en España, lo empieza a tener. Y todos los actores tienen trabajo a desarrollar. Las administraciones, repensando el esquema de apoyo –de todo tipo, incluido el fiscal- a los procesos de consolidación. Los empresarios, siendo conscientes que los personalismos, que en el pasado solo pesaban sobre el tamaño del proyecto, hoy pueden poner en cuestión la supervivencia del proyecto mismo.

Pero una vez más, la libertad de mercados, la creación de mayor competencia es decisiva para reconducir este punto. Sobre esto hay un gran número de artículos y argumentaciones, pero el siguiente gráfico de Rafael Domenech tiene la virtud de su claridad.

Y con esto termino, reiterando lo que recogí al comienzo. En España necesitaríamos una historia de crecimiento que genere ilusión y adhesión.

Y en esta historia de crecimiento, los distintos actores deben tener su papel y sus responsabilidades. No le pidamos a las Administraciones lo que no pueden dar. Exijámosles, por el contrario, lo que es su responsabilidad, la creación de un caldo de cultivo para que los creadores de riqueza sean reconocidos y atraídos.

Conseguir ese caldo de cultivo no es sencillo. No son meras palabras. Requiere acción, y acciones complejas, pero sus beneficios serán extraordinarios.

Y dentro de ese caldo de cultivo, está la generación de competencia, de las condiciones de una competencia limpia que pasa por la liberalización de los mercados, pero no solo de los de oferta, sino también de los de demanda. La liberalización puede crear incomodidades en el corto plazo, pero es la condición necesaria para crear riqueza en el largo plazo.

925 Palabras