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Libertad para crecer

Vengo sosteniendo en diversos foros que la economía –y la sociedad- española necesita poner mucho más énfasis en el crecimiento. Necesita una historia de crecimiento.

En una empresa, cuando uno se enfrenta a una drástica reducción de ingresos, lo primero que hace es ajustarse, reducir costes, y buscar eficiencia. Pero cuando la situación persiste, resulta evidente que la solución pasa por profundizar en aspectos más estratégicos, incluyendo todas la variables del negocio, porque la creación de valor pasa por el crecimiento.

Creo que este modelo es aplicable a un país. Y España necesita, en primer lugar, enfrentarse a una cura de adelgazamiento, pero esa cura no debe ser visualizada como un fin en sí mismo, sino como un medio para competir. Y es desde ese punto de vista desde el que tenemos que ver nuestro déficit público o la reforma de nuestro sistema financiero. No son medidas para tranquilizar a los mercados, sino para salir de esta situación con estos sectores mucho más competitivos.

La diferencia entre una u otra visión es la que va desde la reducción convencional a la redefinición estructural y estratégica. La segunda es más compleja, pero es la única que puede generar ilusión y adhesión.

Los puntos anteriores son condiciones necesarias, pero no suficientes. Debemos tomar mas medidas, hacer más cosas, para generar crecimiento.

Sin embargo, a la hora de enfrentarnos a este reto, muchas veces nos hacemos las preguntas incorrectas, que dirigimos además a instancias que no pueden ser capaces de responder a las mismas.

En lugar de creer en la capacidad de los empresarios (actuales y futuros) en un marco de libertad, nos empeñamos en hacer preguntas siempre macro (¿que sectores nos sacarán de la crisis?) a los actores políticos. Y esto no crea sino frustración.

Lo primero (las preguntas macro) probablemente es debido a que no nos hemos quitado del todo la influencia que ha tenido durante generaciones en España, la aversión al mercado y el convencimiento de que la racionalidad detrás de la planificación era muy superior a la entropía detrás de la competencia.

Lo segundo, (dirigirse a las instancias políticas) es un mal muy europeo.

Lo decían con mucha gracia Alesina y Giavazzi al hablar de los políticos europeos encargados de la implantación de la agenda de Lisboa «[estos] han desarrollado una tendencia a definir planes, con intervención política y gasto público, como los ingredientes clave para resolver cualquier problema de crecimiento

El problema con estos esquemas es que generan un crowding-out de la iniciativa privada y, a la postre, de la sociedad civil.

Frente a las actitudes anteriores, lo que debemos exigir a las administraciones es que creen un caldo de cultivo para que los creadores de riqueza (empresa/empresarios) puedan desarrollarse, siendo ellos los que definirán las actividades a las que dedicarse.

Esto que parece un objetivo más modesto, la verdad es que no lo es. Es más, desde el punto de vista político probablemente es más exigente, porque, a menudo, carece de la inmediatez del corto plazo, exige una gestión costosa desde el punto de vista político, y los dividendos de las acciones se recogerán, muchas veces, en unos plazos más allá de los tiempos electorales.

Y para valorar el párrafo anterior, pensemos en las dificultades que tiene la redefinición de los sectores públicos y financieros a los que antes he hecho referencia. Redefiniciones que son solo parte de la lista de deberes. Dentro de esta lista, y con la misma prioridad, me gustaría añadir dos capítulos más: La educación y la liberalización de los mercados.

Sobre educación escribí un post hace unos meses. Cuando lo releo y veo las medidas que se ha tomado… llego a la conclusión de que debemos seguir insistiendo, porque hemos avanzado poco desde entonces.

En cuanto a la liberalización de los mercados, tenemos centrada nuestra atención en los de oferta (fundamentalmente trabajo). Y eso está bien, porque aunque el desempleo que padecemos no obedece solo (ni mayoritariamente) a la mala calidad regulatoria de nuestro mercado de trabajo, sí es cierto que éste genera unas barreras de entrada y tiene unas ineficiencias que son inaceptables.

Pero hoy quiero centrar mi atención en los mercados de demanda. Porque España requiere una fortísima liberalización de mercados y una regulación cuyo único objetivo debe ser crear una limpia competencia. Solo a través de más competencia, seremos capaces de crear riqueza, de tener una historia de crecimiento.

Desde este punto de vista, tenemos desafíos muy importantes, tales como la unidad de mercado, la aplicación de la Directiva de Servicios, el régimen de algunos sectores estratégicos (como el de energía) o la debilidad de los organismos regulatorios y de supervisión. Sobre estos puntos, he venido dando mi opinión en el pasado. Mañana, como producto de la recopilación que anunciaba en mi post anterior, me gustaría centrarme en tres ejemplos, para dar, como les gusta decir a los analistas anglosajones, más color a la historia.