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La deriva desinformativa sobre la deuda

Tengo que reconocer que me tiene muy sorprendido el alto número de personas que, con motivo de los problemas de repago de la deuda de Grecia (y el argumento es ampliable a otros países), están invocando una situación en la que, según ellos, la política y la democracia son rehenes de las finanzas y que los mercados (a los que nadie ha elegido) mandan sobre los gobiernos que, con alguna contestación, son fruto de la elección popular.

Y estoy sorprendido porque yo creía que había responsabilidades perfectamente diferenciadas. Tomemos el caso griego.

Por las razones que sean y con los responsables que fueren, el hecho cierto es que Grecia ha ido asumiendo a lo largo de la última década una deuda que no puede devolver. Este es el hecho.

Y ante este hecho, hay un principio básico, y es que los acreedores quieren que les devuelvan el dinero en los plazos y formas comprometidas en sus contratos.

Nada muy diferente a lo que le pasa a una familia cuando no puede pagar una hipoteca, o un crédito para comprarse un coche o irse de vacaciones. Ante lo cual, no pensaríamos que estas personas están siendo agredidas en sus principios individuales o que los cimientos democráticos están empezando a derrumbarse.

Pues bien, si no lo consideramos para una familia ¿por qué lo consideramos para un país? ¿En qué tratado teórico se recoge el impago como una muestra de soberanía? ¿En qué constitución se hace residir en el Gobierno como representante del pueblo, la capacidad de no pagar deudas? Obviamente en ninguna, porque si así fuera, no hubieran recibido nunca un préstamo.

Por tanto, que se deba pagar lo que se debe no es ningún atentado a la democracia, ni a los representantes de los ciudadanos. Que se responda de las obligaciones contraídas es lo que mantiene los Estados de Derecho… y ello no se evita porque a los acreedores les pongamos nombres “horribles” como especuladores o mercados.

Creo que por la salud psicológica de todos, es importante hacer esa distinción. Otra cosa distinta es la decisión de cómo se paga esa factura. Y aquí sí entra la política ¿La hacemos con un incremento de impuestos? ¿Recortamos gastos? ¿Recortamos prestaciones o inversiones? ¿Ofrecemos reestructurar la deuda?, ¿Echamos la vista atrás y nos liamos con los anteriores como en Islandia? O ¿Decidimos simplemente no pagar (con las consecuencias futuras correspondientes)?.

No es mi propósito analizar estas alternativas. Mi objetivo hoy, simplemente, es pedir que se frene una deriva de mala información que puede tener unas conclusiones políticas muy negativas para los sistemas democráticos, porque son pasto del aliento de movimientos populistas (y pongan aquí los nombres que se quieran poner en los distintos países Europeos). Crear chivos expiatorios es siempre peligroso porque, además, se suelen esculpir sobre prejuicios que mueven pasiones irracionales… En ocasiones, la creación de chivos expiatorios es la antesala de movimientos totalitarios.

Lo que sí haré en un próximo post es analizar las alternativas y comportamientos de los llamados mercados ante situaciones de este tipo, los posibles errores de juicio que pueden cometer y las alternativas existentes… pero siempre partiendo de la base de que no es una afrenta a la democracia, que se exija pagar lo que se debe.