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La competitividad empieza por uno mismo

El otro día, hablaba de la necesidad de liberalizar los mercados de demanda, y adelantaba tres historias para dar algunos ejemplos:

Me llamó mucho la atención el interés que el estudio Fedea-McKinsey ponía en dos sectores que normalmente están fuera del foco de discusión, a saber:

  • Los servicios locales. Son aquellos servicios con una fuerte componente doméstica (incluye distribución, servicios financieros y servicios domésticos, personales y sociales). Aunque muy heterogénea, representa un tercio de los empleos españoles.
  • Los servicios Empresariales. Son servicios de apoyo a las empresas, servicios externalizados de las mismas. Básicamente recoge servicios informáticos (que representa el 25%) y Servicios empresariales en sentido amplio.

La razón por lo que los menciono es porque:

  1. Son sectores de muy notable aportación al crecimiento. De hecho, del crecimiento del VAB en el período 1995-2005 (excluyendo Sector Público y actividades inmobiliarias), representaron un 66% en USA, un 58% en Europa y un 46% en España. Obsérvense las diferencias.

    Y además, su eficiencia, tiene un efecto transversal en la productividad del resto de los sectores económicos.

  2. Las productividades españolas en estos sectores son muy pobres. Así en los denominados Servicios Locales (los más relevantes desde el punto de vista de empleo), la productividad española es un 20% inferior a la Europea, y hasta un 35% inferior a la americana.

    Y dentro de estos servicios, hay un ejemplo paradigmático que es el comercio minorista (que concentra el 10% del total de empleos), con diferencias de productividad en el rango entre 10 y 45% respecto a Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y USA.

  3. Son el mejor ejemplo de «no dirigismo». Cuando se insiste en que hay que definir qué sectores van a ser «los claves» de la economía española, nunca (o casi nunca) se hacen referencia a éstos, a pesar de su importancia. Posiblemente porque son los más cercanos y accesibles para personas con espíritu emprendedor.
  4. Son el ejemplo en el que una regulación que cree una sana competencia es decisiva a la hora de generar economías de escala y espíritu emprendedor. Y esa regulación creadora de competencia es una asignatura pendiente en el caso español.

España es una economía (y sociedad) muy bimodal. En el mundo empresarial contamos con algunas (no demasiadas) grandes empresas que compiten con gran éxito a nivel internacional.

De hecho, algunas de ellas han creado un Foro de Competitividad, lo cual me parece una excelente idea.

El punto que quiero señalar es que la competitividad -como la caridad- empieza por uno mismo. Por tanto, sería bueno una reflexión sobre el nivel de precios/servicios que están ofreciendo estas empresas en España, y su comparación con los que existen en otros países de nuestro entorno. Esto sería especialmente importante en los sectores más regulados.

Estas actitudes de transparencia tendrían dos grandes ventajas. En primer lugar, la coherencia y en segundo lugar, el ejemplo. Sería una gran muestra de compromiso con el objetivo que está detrás de la iniciativa del Foro.

Una regulación proteccionista permite la existencia de empresas ineficientes.

Uno de los aspectos más dañinos para la competitividad española es la dimensión de nuestras empresas, nuestro minifundismo empresarial.

Existen numerosos estudios sobre este tema. Se ha llegado a cuantificar en un 35% el efecto que la dimensión empresarial española tiene sobre los diferenciales de productividad con Europa.

Es más, cuando se analizan las dos desventajas competitivas más claras de las empresas españolas (la internacionalización y la capacidad de innovación), el tamaño siempre aparece como uno de los elementos determinantes.

Tengo para mí que este punto, que no había tenido suficiente foco en España, lo empieza a tener. Y todos los actores tienen trabajo a desarrollar. Las administraciones, repensando el esquema de apoyo –de todo tipo, incluido el fiscal- a los procesos de consolidación. Los empresarios, siendo conscientes que los personalismos, que en el pasado solo pesaban sobre el tamaño del proyecto, hoy pueden poner en cuestión la supervivencia del proyecto mismo.

Pero una vez más, la libertad de mercados, la creación de mayor competencia es decisiva para reconducir este punto. Sobre esto hay un gran número de artículos y argumentaciones, pero el siguiente gráfico de Rafael Domenech tiene la virtud de su claridad.

Y con esto termino, reiterando lo que recogí al comienzo. En España necesitaríamos una historia de crecimiento que genere ilusión y adhesión.

Y en esta historia de crecimiento, los distintos actores deben tener su papel y sus responsabilidades. No le pidamos a las Administraciones lo que no pueden dar. Exijámosles, por el contrario, lo que es su responsabilidad, la creación de un caldo de cultivo para que los creadores de riqueza sean reconocidos y atraídos.

Conseguir ese caldo de cultivo no es sencillo. No son meras palabras. Requiere acción, y acciones complejas, pero sus beneficios serán extraordinarios.

Y dentro de ese caldo de cultivo, está la generación de competencia, de las condiciones de una competencia limpia que pasa por la liberalización de los mercados, pero no solo de los de oferta, sino también de los de demanda. La liberalización puede crear incomodidades en el corto plazo, pero es la condición necesaria para crear riqueza en el largo plazo.