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España en la crisis

Hay, básicamente, dos formas de analizar los resultados de la cumbre del pasado fin de semana. Desde una perspectiva financiera o desde la visión de la economía real.

La perspectiva financiera (que es la que ha triunfado) parte de que la presión de los mercados sobre las economías periféricas se debe a que estos países tienen niveles de Déficit público y Deuda Pública excesivos. Y que, por tanto, este debe ser el principal foco de atención. Supuesto que esto se arregle –o al menos se encauce- se comenzará a tender a un nuevo equilibrio. Es por ello que los acuerdos adoptados van en esa misma línea (déficit estructural, límites de déficit y recortes de deuda) y los avances en gobernanza son coherentes con este objetivo.

Dado que eso es lo que se debe conseguir, conviene presionar a los distintos países, oponiéndose la Unión a compras masivas por parte del Banco Central Europeo… Por no hablar (que no se puede) de los Eurobonos. Pero como se aprieta, pero no se quiere ahogar, se han tomado una serie de medidas en la buena dirección (es decir, en la de relajación) por parte del BCE para intentar evitar que los mercados aborten el acuerdo antes de que se empiece el difícil proceso político para llevarlo a cabo.

Creo que esto no es sino otra «línea Maginot» y, desde luego, opino que la «barra libre» del BCE a los bancos, como medio para salvar a los países, tendrá efectos colaterales negativos en el medio plazo. Pero no es este mi punto en el día de hoy.

Mi punto hoy es cómo afecta esto a España.

Cualquiera que haya leído este blog conoce mi posición crítica sobre la eficiencia de nuestras Administraciones Públicas y su falta de reacción ante la crisis (con crecimientos de plantillas hasta, al menos, el primer trimestre de este año). Por tanto, que pidamos disciplina y austeridad al Sector Público es algo que debemos empujar y aplaudir.

Pero dicho eso. Este no es el único problema de España ni, probablemente, el más importante.

España tiene en estos momentos un problema de liquidez que se transformará en su problema de solvencia si no se consiguen bajar los costes de funding. Para rebajar el coste del funding de forma estable (e insistiría en este punto), se requieren dos tipos de condiciones.

Por un lado, medidas en el corto plazo de corte financiero y, por otro, generar perspectivas de crecimiento en el medio y largo plazo.

A corto, las medidas deben centrarse en generar credibilidad (embridar el déficit fiscal) y presionar para el necesario apoyo financiero europeo. Pero esto, que es necesario, no es suficiente, porque sin crecimiento no habrá solución estable.

Un crecimiento sostenible exige darle la vuelta a los déficits de cuenta corriente (al final, esto es como una familia, si no ahorramos no podremos pagar nuestras deudas). Lo que, máxime ante la política prusiana de austeridad impuesta por los países que tienen otras alternativas, exige poner nuestro foco con todo el brío en el equilibrio importaciones / exportaciones. Y esto nos conduce, necesariamente, a hablar de competitividad, porque nuestro crecimiento pasa por una espectacular mejora de nuestra competitividad.

La mejora de nuestra competitividad, de forma realista, no puede recaer sólo en las políticas deflacionarias, porque son recetas que están bien para exponerlas en las conferencias, pero impensables de llevar a la práctica sin un costo político, social y de cohesión inasumible (obsérvese que he utilizado “sólo”, porque parte sí tiene que venir por esta vía). Debemos buscar más medidas.

Cuando hablamos del crecimiento de competitividad, nos suele gustar recrearnos con un «cambio de modelo cuyo» contenido nunca va más allá de los tópicos sobre la necesidad del I+D+I o de la innovación.

Y, sin embargo, lo que debemos es tomar medidas menos «conceptuales», pero más relevantes en el corto plazo. Estas medidas, que siempre están enlazadas con la idea de una mayor competencia, las conocemos y están diagnosticadas… Pero no las tomamos.

Y no me refiero sólo al mercado laboral (cuya necesidad es perentoria), sino a los mercados de demanda, cuya regulación y falta de competencia nos lleva a distorsiones de mercado / precios, y derivan en que se mantengan unidades productivas manifiestamente ineficientes.

Necesitamos pensar e invertir en el futuro y no anclarnos en la defensa de un status quo insostenible.

Y esto afecta a sectores con empresas de tamaño pequeño/medio (recomiendo la lectura del informe de Fedea-McKinsey) y a sectores de empresas de gran tamaño (Ej. sector financiero ó sector energético). Llevamos mucho tiempo hablando de estos temas, pero con muy escasa toma de medidas efectivas.

Soy consciente de que esto es más difícil y políticamente más complejo que el mero control de gastos (que ya de por sí lo es), pero es la única vía para el crecimiento, que es la condición indispensable para evitar un círculo vicioso dramático.

Pero es que, además, un plan bien estructurado y bien explicado es el modo de devolver la ilusión a la ciudadanía que, en los momentos actuales, solo tiene una referencia: «los recortes».

P.D. Dentro de estas medidas no todas tienen un impacto en el corto plazo, pero este no debe ser el único baremo, porque si así fuera, nos volveríamos a olvidar del problema estructural más importante para un crecimiento sostenible con cohesión social que es, sin duda, la educación.