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El camino inexplorado hacia la internacionalización

El pasado lunes aparecía un artículo en Expansión sobre nuestro comercio exterior, en el que se recogía información del ICEX. La tesis no es nueva (aunque los datos se actualizan): el sector exportador español, medido en términos de cuota de mercado sobre el comercio internacional, ha tenido y, con alguna ligera caída en los últimos meses, está teniendo un buen comportamiento.

Sin embargo, cuando se analiza la estructura de las empresas exportadoras, se ve que la base de este esfuerzo se concentra en pocas compañías. Sólo el 3,3% de los empresarios exportan y sólo 40.000 empresas pueden considerarse como exportadoras “regulares”. Y, de hecho, sólo 27.244 empresas facturan más de 50.000 euros al año en otros países.

Esta situación creo que tiene que ver fundamentalmente con tres factores. En primer lugar, la corta historia exportadora y la tradición doméstica de nuestras empresas. En segundo lugar, nuestra estructura sectorial. Y, finalmente, el tamaño de la empresa española (su minifundismo).

La fotografía que muestra el análisis del ICEX es especialmente preocupante en un mercado crecientemente globalizado. Los ecosistemas domésticos tienen unas barreras endebles y, por tanto, la internacionalización –cada vez más- es una condición necesaria para la sostenibilidad.

La cuestión es cómo responder a esta situación. Tradicionalmente, la respuesta ha sido la de apoyar a través de financiaciones especiales, apoyos puntuales y promociones exteriores. Y eso, seguramente esté bien. Pero no es suficiente.

Pienso que en el mundo al que vamos, la internacionalización de las empresas debe ser parte de su aproximación. En el límite, el concepto es el mercado, no el mercado doméstico, ni el internacional. Sino el mercado.

Acceder a ese mercado requiere, si se hace por sistemas tradicionales, medios muy importantes. Medios que están al alcance únicamente de empresas de gran tamaño. Por estos medios, nuestro objetivo sólo puede ser –como se recogía en el artículo- conseguir incrementos marginales (2.000 empresas al año). Que son objetivos difíciles de conseguir; y esta dificultad objetiva nos está diciendo que ése no puede ser el camino en un mundo global (o, al menos, no puede ser el único camino).

Necesitamos generar mercados por otros medios. Y estos medios deben estar conectados con la realidad de un mundo crecientemente virtual.

Pero este mundo virtual no puede limitarse a exposición de escaparates (web), que por otro lado están lejos de los medios de muchas de nuestras empresas. Necesitamos crear interacción entre compradores y proveedores en un mercado en el que el conocimiento y la confianza son, sin duda, el mayor reto.