por

De agencias de rating y responsabilidades

Las agencias de calificación tienen un papel decisivo para que las empresas tengan acceso a los mercados financieros. Su papel es fundamental para que las medianas empresas accedan a los mercados de renta fija y renta variable. Gran parte de la justificación de la mayor desintermediación bancaria en USA, por contraposición a Europa, se justifica por el protagonismo de las agencias en aquel país.

La razón es que definen estándares de crédito que hace que un inversor (que no puede soportar el coste del análisis de una pléyade de empresas) tenga una referencia profesional sobre el tipo de alternativa que tiene.

Con el tiempo, esa capacidad de definir estándares reconocidos, ha hecho que sus ratings jueguen un papel esencial en operaciones en las que múltiples entidades financieras está involucradas. La razón también es simple. Estos contratos deben basarse, sobre todo si son al largo plazo, en el compromiso del deudor de mantener su solvencia. Esta sería imposible de juzgar si cada entidad financiera tuviera que decidir si eso se estaba cumpliendo, ya que daría lugar a situaciones caóticas e ingobernables.

Su utilización se ha ido ampliando a otros campos, y muy en concreto a los organismos oficiales, multilaterales y Bancos Centrales, que para definir los estándares de crédito decidieron hacer referencia a los ratings de las agencias.

Las agencias, por tanto, desde el punto de vista teórico, juegan un papel «facilitador» clave en el desarrollo de los sistemas financieros. Se les supone independencia y alta cualificación de criterio.

Estos días, las agencias están «de moda» por la pérdida del grado de inversión de la deuda portuguesa, según la agencia Moody’s. La importancia de esto se basa en que el BCE, en sus estatutos, recoge que el colateral de las operaciones para prestación de liquidez debe tener un rating mínimo de grado de inversión. En el momento en que éstas bajen la calificación de un país del grado de inversión, el BCE no puede inyectar fondos a los bancos de ese país, que le ofrecen el colateral del bono soberano. Dado, por otra parte, que esos bancos no pueden encontrar financiación en otro lado, esto supone asfixiar al sistema financiero del país en cuestión, y por tanto, a su economía.

Tengo que reconocer que mi experiencia profesional de muchos años con las agencias de rating, me hizo desde hace mucho tiempo, desconfiar de la excelencia de su criterio técnico.

Y, desde luego, hay muchísimas razones (todas ellas ampliamente publicadas) para ser muy críticos con las agencias en todo el proceso que va desde la incubación de la crisis hasta el período postcrisis. Yo desde luego lo soy.

Pero dicho esto, la reacción por el downgrade de Moody’s me ha parecido fuera de tono.

  1. Los errores del pasado no justifican la obligación de seguir errando. Que no intuyeran la burbuja, no significa que no puedan opinar cumpliendo con su tarea. La pérdida del investment grade anunciado es perfectamente defendible desde un punto de vista técnico, y achacarle la característica de conspiración política no tiene ninguna justificación.
  2. La tarea del BCE es asumir la responsabilidad de su decisión. Parapetarse en «lo que dicen las agencias» no es cumplir con su papel. Las agencias dicen lo que dicen, y el BCE debe decidir lo que debe decidir.

    Por cierto, la decisión del jueves pasado (seguir descontando) además de legítima, me parece acertada… siendo consciente de los riesgos que se están asumiendo (¡ojalá los que hoy la apoyan, sigan diciendo en el futuro, que, en su día, estaban de acuerdo con la decisión!).

  3. Entender esta decisión en términos de guerra entre las agencias y el Banco Central Europeo –como he visto en algún medio de comunicación- es un gran desenfoque.
  4. Desde el comienzo de la crisis, han transcurrido cuatro años. El decepcionante resultado de las agencias, es evidente desde, al menos, esa fecha.

    La necesaria regulación de las agencias, ha quedado en aguas de borrajas en todo este tiempo.

    Decir hoy, cuatro años después, que hay que hacer algo «con esto»… se puede calificar de muchas formas. Digamos que es un pecado de omisión.

  5. La solución no puede ser la de «crear una agencia europea». El árbitro debe ser independiente, y estas manifestaciones abundan en la idea de pretender «comprar al árbitro».
  6. El tema es complejo, pero no irresoluble. El problema no es técnico, sino de intereses. Si se quiere, se puede resolver. No me puedo creer que una multitud de «expertos» pensando por el bien común (y no pro domo sua) sean incapaces de encontrar, no una, sino varias alternativas de solución.

En todo caso, yo diría que cada cual asuma su responsabilidad. Y esto aplica también a los que después de cuatro años de inacción, se rasgan las vestiduras como si la cuestión fuera nueva. La búsqueda de chivos expiatorios para ocultar las limitaciones de las actuaciones propias es una práctica que lamentablemente está generalizándose de forma peligrosa.

  • Contenido relacionado por Etiqueta