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Conclusiones sobre globalización, desigualdad y riqueza

El objetivo de esta serie de post, que terminan con el actual, era analizar la evolución de la desigualdad de riqueza entre países y regiones del mundo, así como la del nivel de pobreza en el planeta. Las conclusiones más relevantes, en mi opinión, han sido:

  1. El crecimiento del mundo a finales del siglo XIX y de gran parte del siglo XX (hasta la década de los 70’s), se caracterizó por crecimientos muy desiguales entre las distintas zonas del planeta. Esto dio lugar a un gran ensanchamiento de las diferencias entre países y, en consecuencia (y por este motivo), a un gran incremento de la desigualdad entre las personas, con grandes saltos en los índices de Gini y, más importante, un gran aumento (absoluto y relativo) de las personas que vivían por debajo de la línea de pobreza.
  2. Este modelo comienza a cambiar lenta pero consistentemente a partir de la década de los 70’s del siglo pasado. La desigualdad entre países comienza a disminuir. Esto coincide con el crecimiento del peso del Comercio Internacional que es el mejor proxy que tenemos hacía lo que podemos llamar la globalización.
  3. El punto anterior se hizo especialmente evidente en la última década del siglo pasado y en la primera del presente (hasta donde se tienen datos). En este período es evidente:
    • Una clara disminución de índices de Gini a nivel mundial, originados por el estrechamiento de la desigualdad “entre” países, ya que las diferencias “dentro” de los países empiezan a incrementarse (sobre este tema, realizaré una serie de post próximamente).
    • Y, más importante, una clara disminución del número de personas por debajo de la línea de la pobreza.
  4. El proceso anterior va más allá de la evolución estadística. De hecho, coincide con la aceleración del proceso de globalización, que claramente supone un cambio en los patrones de crecimiento en el mundo.

    Este cambio conlleva una aceleración de los crecimientos de países emergentes. Estos países muestran una resistencia muy superior en la crisis, están creciendo más en los momentos actuales y está previsto que incrementen su peso de forma significativa en esta década, hasta superar con claridad a los países desarrollados en la participación del PIB mundial.

  5. Sin embargo, hemos de constatar que lo anterior no está uniformemente repartido en el planeta. En términos de lucha contra la pobreza hay dos regiones que no están obteniendo buenos resultados.

    Por un lado, el Africa subsahariana con una combinación de factores que van desde la existencia de zonas no integradas en las dinámicas de la globalización, hasta factores políticos (estados fallidos), pasando por cuestiones étnicas. Aunque parece que en los últimos años hay factores que permiten vislumbrar alguna esperanza, no se puede decir que haya dinámicas decantadas.

    Por otro, el sur de Asia y muy en concreto India, que muestra un ejemplo de país con grandes resultados globales, pero con diferencias interiores muy notables como consecuencia de un entramado institucional insuficiente y factores específicos religioso – étnicos. El ejemplo de la India es paradigmático de los contrastes que nos está tocando ver. India, junto a una realidad como la arriba descrita, se ha incorporado al club de países donantes en ayuda al desarrollo.

    Por otro lado China muestra un ejemplo extraordinario de gran crecimiento que aunque está generando diferencias de clase notables, está siendo (y esto para mí es más importante en estos niveles de desarrollo) sumamente eficaz en la lucha contra la pobreza.

  6. Pero el gran crecimiento de los países emergentes, unido al deterioro de la situación de los países desarrollados tras la crisis financiera, está creando tensiones políticas y económicas.

    Desde el punto de vista económico, estas tensiones están generando propuestas proteccionistas, las cuales, de tener éxito, supondrían, por un lado, una pérdida de crecimiento potencial global y, además, rompería las posibilidades de crecimiento acelerado de los países emergentes.

    No me cabe duda que sería un gran freno a los progresos de la lucha contra la pobreza en el mundo, que a pesar de los avances realizados, sigue siendo intolerable.

Las tensiones proteccionistas no se dan exclusivamente en los países en desarrollo, pero me centraré en ellos porque, por un lado, son los principales protagonistas de comercio internacional, y por otro son el foco de generación de una nueva era de defensa del proteccionismo.

Cabe recordar que las tensiones proteccionistas han tenido, históricamente, su centro, como ya hemos visto, en la agricultura. La situación es tan evidente que ya se empiezan a levantar voces, incluso en Estados Unidos, dudando de la justificación de estos apoyos en épocas de crisis como la actual. No nos vendría mal una reflexión similar en Europa.

Pero, por el contrario, estas tensiones proteccionistas se están ampliando a otras esferas. También aquí Estados Unidos nos lleva la delantera (supongo que, como suele suceder, dentro de unos meses discutiremos los mismos temas en Europa). Hoy está de moda hablar del riesgo del outsourcing y de la necesidad de “reindustrializar” Estados Unidos, como medio para crear puestos de trabajo y generar una clase media potente que nos conduzca a los viejos buenos tiempos de una sociedad más igualitaria. (Sobre las críticas a estas posiciones por parte de la Administración Obama, recomiendo la lectura de un artículo de Jagdish Bhagwati con el título “Shame on you, Mr Obama, for pandering on trade“). En el Reino Unido también han tenido protagonismo voces similares en los últimos meses.

Sin perjuicio del componente utópico de lo anterior (que la reindustrialización cree en los países desarrollados clases medias como en el pasado) me parece que esta posición pierde el punto.

La pérdida de puestos en la Industria es una constante en Estados Unidos desde comienzos de los 80’s (de hecho, desde 1998 ha perdido casi seis millones de puestos de trabajo) y en el Reino Unido este sector representa hoy sólo el 8% del total empleo (era el 24% hace 30 años). Similares consideraciones se podían hacer para los países europeos. Pensar que esta tendencia puede ser revertida a través de medidas proteccionistas no parece estar muy fundamentado.

Si algo nos ha enseñado la historia de la economía es que los análisis estáticos no funcionan, que la economía como actividad humana debe ser analizada y promovida de forma dinámica. Y desde esa perspectiva, centrarse en el proteccionismo es creer en los juegos de suma cero, creer que el estancamiento es el estado natural de la economía, y eso, en el pasado, nos ha conducido a errores de bulto. Ojalá que no caigamos en esta ocasión de nuevo.

Porque lo que los países desarrollados deben pretender, no es repartirse de forma beneficiosa para ellos una tarta que está previamente fijada, sino ampliar la tarta, lo que será beneficioso para todos (y también será el mejor medio para luchar contra la pobreza en el mundo) y eso pasa por un gran esfuerzo para cambiar su ubicación competitiva en el mundo.

El objetivo no es sencillo, porque requiere revisar sus planes de estudios, reenfocar hacía carreras técnicas a los alumnos, apoyar inversiones en tecnología que mejoren la competitividad de sectores, promover la utilización de la tecnología de la información de forma amplia (no limitando el concepto de ésta a las aplicaciones de Internet), apuntalar el concepto de servicios anexos a la industria, promover flujos de inversión no limitados a un concepto de start-up que siendo importante, es un porcentaje muy escueto de la economía….. No son tareas sencillas, pero éstas son las medidas que debemos promover. Esta, sin duda, es la posición que debemos tomar (y no la defensiva y chata de la defensa del proteccionismo), porque crearía mayor riqueza para todos y permitiría una mayor equidad.

Por todo lo anterior, creo firmemente que luchar contra el proteccionismo es el mejor medio para defender la creación de riqueza en el mundo, y al mismo tiempo luchar contra las bolsas de pobreza en el planeta. Esta es una conclusión clave de esta serie de post.

Lógicamente, una posición como la aquí defendida, conllevará un crecimiento económico superior en los países emergentes, y un mayor protagonismo político de los mismos, lo que como cualquier proceso de cambio radical, no se va a producir sin tensiones. Pero son las tensiones necesarias en la evolución de un mundo más equitativo y sostenible.

Con esto terminaría mis conclusiones, pero no quiero finalizar sin fijar mi posición sobre un aspecto no tratado anteriormente: La ayuda al desarrollo.

Quiero comenzar por decir que no me sitúo en la corriente de pensamiento que está en contra de las ayudas, (la que entienden que es, incluso, un factor de retraso para el progreso de los países). Creo firmemente, que en el corto y en el medio plazo no tenemos alternativa al asistencialismo. Es por eso que valoro positivamente la línea de pensamiento y los esfuerzos que están haciendo asociaciones de distinto tipo en el mundo.

Dicho lo anterior, también creo que el asistencialismo tiene claras limitaciones y subproductos indeseados, prueba de ello es que personas tan poco sospechosas como Duncan Green defienda que las ayudas tendrían que tener marcos temporales acotados como lo tuvo el Plan Marshall ó la ayuda a Taiwan o Corea del Sur. A lo que habría que añadir controles estrictos no solo de los fondos, sino de los progresos institucionales.

Además, debemos reconocer que la lucha contra la pobreza desde el punto de vista asistencial, supone que los países ricos mantienen su posición de prevalencia. Ayudan mientras deciden ayudar, y además su ayuda es pro-cíclica.

Pongamos un ejemplo. El 19 de Diciembre del año 2007, los grupos políticos del Congreso Español firmaron de forma unánime, (tal vez la única unanimidad en toda la legislatura), el Pacto de Estado contra la Pobreza. En aquel tiempo (aunque para algunos ya era evidente la crisis) la clase política española estaba asentada en un gran optimismo económico y firmaron un pacto de gran “generosidad”. Cuatro años después, ¿alguien ha oído hablar de ese pacto? ¿Alguien piensa que hay alguna posibilidad de cumplirlo? ¿Hay, de hecho, en la opinión pública algún requerimiento para que se lleve a cabo? La respuesta es clarísimamente negativa a todas las preguntas. Y, en consecuencia, la pregunta es: ¿Podemos confiar solo en estos mecanismos para luchar contra la pobreza?.

Mi punto es que las ayudas no son el medio que va a sacar a los pueblos de la pobreza. Podrán jugar un papel complementario y acotado, pero no puede ser la base de nuestra estrategia. La base de nuestra estrategia debe ser la de permitir el acceso a las zonas preteridas del planeta, a una economía abierta, apoyándoles en su adaptación. Es el único camino que nos asegurará un futuro más sostenible para todos.

  1. No estoy de acuerdo. La globalización, lamentablemente, ha sido el caballo de Troya de los lobbys económicos para moverse sin barreras en pos de su meta de acumulación tal como mandan los cánones neo-liberales.
    Los avances tecnológicos nos han hecho la vida más cómoda por una parte y nos la han estropeado por la amortización de puestos de trabajo que se ha producido.
    La realidad es que a pesar de esos avances en lugar de igualarnos a todos por arriba nos están igualando por abajo y la única manera de revertir la situación es “re-industrializar como medio para crear puestos de trabajo y generar una clase media potente”, guste o no a esos lobbys codiciosos que quieren pagar salarios del tercer mundo pero cobrar precios del primero.

    • Gracias por el comentario, con el que obviamente no estoy de acuerdo, y para ello me baso en la argumentación que se recoge en la serie de post sobre el tema, que he publicado en las últimas semanas.

  2. Ofrecer una caña de pescar, enseñar a pescar y a preservar sin mal utilizar y malgastar, sin duda es lo mejor. Incluso se puede enseñar dónde ir a pescar y cuándo. A partir de aquí cada cual debe procurarse con su esfuerzo sobrevivir. Suscribo el final del post José Ignacio, y algún otro de la serie indicada. Solo se me plantean un par de dudas esenciales: Quienes están en posición de dominio de decir y actuar con mayor conocimiento y medios, tienen el monopolio de repartir las cañas, además de cobrarlas a precio de oro. Aparte también, controlan el pescado, ciclo de reproducción y reposición. Es obvio y manifiesto que el sistema es discriminatorio e ilegitimo, pues la alternativa saducea es, que no hay pescado para todos y sobramos seres humanos. Pienso y es mi convicción, que las cosas creadas por el hombre deben de estar al servicio de los seres humanos y no al revés como sucede en beneficio de una minoría en perjuicio de la inmensa mayoría. Mientras se siga por este camino no pienso que se solucionen los problemas esenciales del ser humano. Un cordial saludo.

  3. Muy buen comentario José Ignacio y en la línea de muchos libros que estoy leyendo. La ayuda es necesaria para las graves crisis y además tiene que ser una yuda basada en economías locales. Pero lo más importante es crear un mundo de verdad globalizado, en el que todos podamos crecer y los países se especialicen y sobre todo que el proteccionismo y los subsidios para sectores como la agricultura en Occidente se terminen porque son caros para nosotros y para los países pobres que se ven excluídos de ese comercio y desbordados de productos occidentales subsidiados. Aprovecho para darle la enhorabuena por su ingente tarea en Bankia.

  4. Creo que hace usted una fuerte crítica al proteccionismo, y me pregunto si está deacuerdo conmigo en los siguientes planteamientos que matizan sus afirmaciones:

    – Durante la revolución industrial, las pricipales potencias practicaban el proteccionismo a ultranza para proteger el desarrollo de las incipientes industrias metalúrgicas, químicas, de manufacturas, etc. Sin dichas medidas proteccionistas no habrían podido desarrollarse. Una vez que Occidente ya ha subido por la escalera de la industrialización y que hemos agotado nuestras materias primas, solo entonces, pegamos una patada a la escalera y proponemos (o más bien imponemos) el libre comercio al resto del mundo.

    – La consecuencia es que, salvo los países como China, Japón o Corea que han tomado durante décadas medidas proteccionistas, el resto de países no ha progresado casi nada y muchos han retrocedido. Es más, cuantos más recursos tienen, menos progresan. ¿No ve usted ahí la mano de Occidente colaborando con regímenes no muy democráticos?

    – ¿Considera usted que la manipulación de la divisa china es un tipo de proteccionismo? Yo creo que sí lo es, y es precisamente ese proteccionismo lo que le está permitiendo crecer y alcanzar a Occidente. China tiene serios desequilibrios, pero está acortando distancias.

    – Y para terminar -ya me perdonará la extensión del comentario- creo firmemente que la libertad de comercio solo se puede dar en el marco de una unidad fiscal, social y por lo tanto política. Y el ejemplo más claro lo tenemos en Europa. El Euro está condenado desde su creación, y permanecer más tiempo en él nos hará más dura la salida y la recuperación. Creo que la tarta más grande de la que habla solo se cocina en el horno de los ricos.

    Gabriel Asuar.

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