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Basilea III no basta

Tres años después del comienzo de la crisis, y dos años después de la caída de Lehman, todavía seguimos discutiendo las medidas a tomar en el sector financiero mundial.

La semana pasada conocimos los requerimientos de Basilea III. Nada muy distinto de lo esperado.

Sin embargo, hay dos temas que no se acaban de centrar:

  1. La regulación de lo “no bancario”. Cualquiera que viviese la crisis de hace 3 años, llegó a la conclusión de que la existencia de un “sistema bancario en la sombra”, creado por un arbitraje regulatorio, fue el origen técnico más relevante de la misma.

    Entonces, prestamos atención a que el 50% de los préstamos en USA estaban fuera del sistema bancario. Entonces pusimos nuestro foco en la miríada de SIV’s, conduits … y trucos similares para conseguir regulaciones más ventajosas. Entonces nos enteramos que esos vehículos tenían, en muchos casos, un último recurso al sistema bancario tradicional … que fue demasiado pesado, y no lo pudo soportar.

    Bien está que regulemos el sistema bancario, pero mejor estaría que reguláramos lo que no está regulado, y las conexiones entre el sistema bancario y la parte no regulada.

    El tema no es técnicamente fácil, pero tampoco es tan complejo. La conexión entre el sistema bancario y la parte no regulada del sistema se puede hacer a través de una estricta consolidación de balances, como hace muchos años que se hace en España. Está bien pedir más capital … pero a todos los activos con independencia de en qué libro se contabilicen.

    Como siempre nos debemos preguntar sobre quién se beneficia con este tipo de situaciones. La cuestión está clara: Los que se benefician de la no regulación, que lógicamente, tienen un gran poder de lobby.

    A modo de pista, podemos analizar, por ejemplo, la localización geográfica de los fondos manejados por los hedge funds (Dic. 2009)

    USA = 68%
    Europa = 23% (del que 80% está en UK)
    Asia = 6%
    Otros = 3%

  2. La otra lección evidente de esta crisis, y de la caída de Lehman, fue su carácter global, debido a la interconexión de los sistemas financieros.

    Como consecuencia lógica, la medicina para evitar problemas futuros, tendría que ser necesariamente global. Regulaciones fragmentadas no pueden conducir un mercado global, además de crear asimetrías cuyas consecuencias son difíciles de predecir (como hemos aprendido).

    La falta de esa reglamentación común (a pesar de Basilea III) es tan evidente, que creo no merece más comentario.