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Austeridad y estímulo

En la última quincena del pasado mes, Financial Times publicó lo que denominaron «The austerity debate: A week-long FT series on déficit-cutting versus stimulus».

La discusión de fondo es si los países desarrollados tienen que mantener los estímulos fiscales a un nivel suficientemente alto durante un período extenso de tiempo, con el fin de evitar una recesión en un futuro cercano (en esta moda de alfabetización que padecemos, se trataría de evitar una W) o por el contrario, si mantener estos estímulos fiscales pone en cuestión el crecimiento a medio y largo plazo (los estímulos tendrían un efecto adormidera en el corto plazo, pero un efecto perverso en el medio y largo plazo, por el peso de una deuda que el mercado no está dispuesto a consentir).

La discusión, como es lógico dado el medio, tenía un sesgo muy anglosajón.

La primera reflexión que me vino a la cabeza, cuando terminé de leer la serie de artículos, es que es una discusión que solo tiene sentido entre pudientes. O, dicho de otra manera, es una discusión sobre alternativas que se pueden plantear solo aquellos países que tienen, al menos de momento, un gran crédito en el mercado. Son países a los que el mercado está dispuesto a prestarles dinero.

Esto es muy importante. No contar con el crédito del mercado fue la base para que los países emergentes en las crisis anteriores (y los lationamericanos fueron un ejemplo muy claro) no pudieran tener este tipo de discusiones. Y esto aplica también a España. Para nosotros estas discusiones son meramente académicas porque lo primero que debemos hacer es recobrar el crédito. Hacernos un acreedor respetable y eso, hoy, pasa necesariamente por una fuerte política de austeridad. Aunque tenga un impacto negativo en el crecimiento en el corto plazo.

Sin embargo, resulta chato centrar la discusión solo en este punto. Paralelamente, -y esto es muy evidente en España- se deben hacer los deberes cara al futuro. Las reformas estructurales son una condición necesaria para asegurar que, tras la crisis, crearemos riqueza.

Y en esta reflexión más de medio plazo –que hay que construir desde hoy-, me ha parecido especialmente interesante el artículo de Jeffrey Sachs, dentro de la serie de FT. El título del artículo anticipa su contenido: «Sow the sedes of long-term growth». Recojo la base de su argumentación en una traducción libre:

«Lo sorprendente del actual debate sobre «austeridad y estímulo» ha sido la falta de atención a la inversión. Los consumidores no proporcionarán el motor de recuperación, ni lo deberían hacer, después de sobreendeudarse durante décadas. En cambio, EEUU y Europa deberían utilizar el reciente empujón correctivo de tasas de ahorro para promover inversiones a largo plazo en capital físico y humano como el camino más apropiado para el crecimiento sostenido.

A pesar de la necesidad evidente de un incremento del ahorro nacional después de 2008, el presidente Barack Obama trató de prolongar la racha de consumo, promoviendo de una forma agresiva las ventas de coches y casas a unos consumidores ya agotados, y bajando los impuestos a pesar de un déficit presupuestario insostenible.»

En definitiva, piensa que la única manera de romper esta cuadratura del círculo es a través de una inversión que sea productiva en el largo plazo, como forma de combinar estímulos fiscales de impacto real en el corto preservando la competitividad futura.

Para el caso americano propone cinco líneas de actuación: Energía (limpia), infraestructuras físicas, educación, crear una infraestructura para apoyar exportaciones a Africa y otros países de rentas bajas, y la definición de un esquema temporal que asegure una reducción acompasada del déficit en el medio plazo para dar credibilidad a los mercados.

Lógicamente, estas no son las líneas que creo serían convenientes para España, pero sí creo que merece la pena que pensemos sobre cuáles serían nuestras prioridades. Como decía anteriormente, nosotros en España no tenemos los grados de libertad que tienen en EEUU frente a los acreedores pero, seguramente, estos grados de libertad son más altos para las inversiones que para los gastos corrientes.

Y en esta reflexión en España no debemos caer en el corto plazo ni en el convencionalismo. Cuando esta reflexión se plantea, en España siempre la conducimos hacia las infraestructuras físicas. ¿Es de verdad el camino a seguir?. Es cierto que la inversión en infraestructuras es un campo en el que nos movemos con agilidad y que crea trabajo a corto plazo pero, ¿es realmente lo que necesitamos? Yo tengo mis dudas.

España tiene unas infraestructuras excelentes (en algunos aspectos, incluso excesivas dado nuestro nivel del renta). Cuando uno viaja a EEUU entiende la razón que conduce a J. Sachs a poner a las infraestructuras física en el foco de prioridades para su país. Pero en España no tenemos ningún déficit notable en este campo. Nuestras infraestructuras físicas son notablemente mejores que las americanas.

Por el contrario, nuestra posición en infraestructuras de conocimiento y educación es francamente mejorable. Sé que estas inversiones en el corto plazo son menos intensivas en trabajo que las infraestructuras físicas pero a medio plazo paliarán, al menos un poco, el diferencial negativo que tenemos respecto a nuestros países competidores.

Y es que nuestro desempleo hoy –y como no actuemos será más acentuado si cabe, en el futuro– es esencialmente una crisis de falta de capacitación para el mundo en el que nos ha tocado –y nos va a tocar– competir. Y a esa falta de capacitación es a lo que nos tenemos que enfrentar si queremos mantener nuestros actuales niveles de vida. Es un tema urgente y decisivo.