por

Apuntes desde la crisis: los mercados y la regulación

España requiere una liberalización en los mercados de oferta (el mercado de trabajo) pero también de los de demanda.

Como siempre, vayamos primero a los datos: España tardó 14 años en pasar de una tasa de paro del 22% al 8% y en dos años casi hemos hecho el camino de vuelta. España si por algo se caracteriza en esta crisis es por haber generado una cifra de parados sin parangón. En esta situación ¿Tiene algún sentido que discutamos sobre la conveniencia de una reforma laboral?

En la sociedad que nos viene asegurar el puesto de trabajo no tiene ningún sentido, lo que debemos asegurar es al trabajador, su empleabilidad a través de la flexibilidad y el conocimiento.

Hay un documento firmado por 100 economistas que es de principios de este año (que por cierto firmó el actual Secretario de Estado de Economía) que creo que hace un análisis y unas propuestas impecables y que básicamente tocan cuatro temas:

  • R educir la volatilidad actual como consecuencia de un mercado de trabajo dual, que debe hacer frente a una situación de rotación permanente que es claramente negativa para los profesionales y la economía.
  • Mejora del esquema de protección a los parados.
  • Modernizar la negociación colectiva hoy centralizada y encorsetada. Por cierto, esto no es nuevo. Ya en 1997 en el Acuerdo Interconfederal se reconocía este punto y se recogía el compromiso de modificarlo. Tras doce años, no ha habido ningún avance.
  • Aumentar la eficacia de las políticas de empleo.

Sin embargo, no debemos achacar la falta de acción en este tema solo al Gobierno, sino también a la Sociedad Civil representada por unas entidades anquilosadas, poco abiertas a los cambios que se están produciendo en el mundo y con una representatividad limitada.

Pero me parece parcial, poco eficiente y socialmente injusto que cuando hablamos de la flexibilidad de los mercados, nos quedemos en la discusión de la reforma laboral, porque España requiere también una radical liberalización de los mercados de demanda. Solo creando competencia crearemos más riqueza.

El trabajo que tenemos por delante es muy fuerte en este campo. Y aquí también la clase política tiene la responsabilidad, pero los individuos y empresarios deben empujar, exigir y no coartar esta mayor libertad de mercados. Los ejemplos son muchos.

Empecemos por la fragmentación de los mercados dentro de España por una regulación no coordinada a nivel autonomía en aspectos tan vitales como la distribución.

Podemos seguir por la necesidad de aplicar de forma decidida la Directiva de Servicios de la Unión Europea.

Y podemos terminar con la exigencia de reflexión sobre las situaciones de sectores clave de nuestra economía. Tomemos como ejemplo el energético – la energía es el factor más importante de nuestro déficit exterior- donde no acabamos de ponernos de acuerdo sobre las primas a corto plazo de las renovables, el mix de energía futuro… y mientras tanto, nuestras empresas de energía haciendo extraños asientos contables con el déficit tarifario.

Pero más allá de estos ejemplos concretos –que en si mismo exigirán gran atención y esfuerzo– dejadme dar un paso más y hablar de un tema común a todos ellos que es la regulación.

La regulación, que dicho así suena burocrático, creo que es una piedra angular para contar con mercados flexibles y por tanto, eficientes y competitivos. Al mismo tiempo una regulación consistente es la base de la Seguridad Jurídica en el mundo de los negocios.

Mi interés por la regulación se deriva de la constatación de que en las próximas décadas, los sectores más dinámicos de la economía van a ser sectores en los que la regulación va a jugar –juega ya- un papel esencial. Y pensemos en la energía, las telecomunicaciones, las infraestructuras, … o el sistema financiero.

La regulación jugará un papel esencial en la demarcación del terreno de juego, en la definición del marco competitivo, en asegurarnos la inexistencia de posiciones dominantes, en la clarificación de una estabilidad de condiciones que asegure una razonabilidad en las inversiones e, incluso y sobre todo, en la creación de ventajas competitivas nacionales en estos sectores.

La regulación –y la supervisión anexa- son un elemento de ventaja competitiva de un país para atraer inversiones y para garantizar productos y servicios baratos y eficientes. La regulación excelente exige organismos excelentes, y no apéndices de control político.

España no cuenta hoy con instituciones regulatorias prestigiosas y con tradición (excepto el Banco de España). En un mundo global no se podrá competir en las primeras posiciones sin una regulación excelente y sin unos organismos de regulación y supervisión excelentes.

Sin embargo, la dirección que hemos seguido en los últimos años no ha sido la dirección correcta. Hemos asistido incluso a algunos espectáculos bochornosos. Pues bien, contar con la regulación como objetivo de excelencia es un requisito necesario para atraer riqueza en el mundo que nos ha tocado vivir.