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Año nuevo, vida … ¿nueva?

La crisis (o mejor, la nueva normalidad) nos ha hecho cambiar en muchas cosas. También en el recibimiento del nuevo año.

Hace muy poco tiempo, en el mundo de las empresas, el nuevo año se recibía con el convencimiento de que todo nuestro funcionamiento y resultados iban a cambiar de forma radical (a mejor, claro). Era como la transformación del animal del año chino. Desafortunadamente, el minuto que iba de un año a otro no cambiaba ninguna dinámica.

Hoy el síndrome del año chino se ha transformado en el síndrome del fatalismo. «hagamos lo que hagamos, nada va a cambiar. Este año va a volver a ser muy malo». Y eso, afortunadamente, no será cierto porque en función de lo que hagamos, las cosas irán mejor o peor (o, por concordancia con el pesimismo reinante, más o menos mal).

El principal problema de estos síndromes propiciados por el cambio del año es que no nos permiten concentrarnos en lo que de verdad tenemos que hacer para transformar la realidad.

La realidad, en el caso español, nos está mostrando que el reto más urgente de nuestra economía es el sector financiero.

Hoy hace un año aproximadamente, recuerdo mis conversaciones con “insiders” financieros sobre el hecho de que el principal problema del sistema español era la imposibilidad del 50% del sistema para levantar capital. Un porcentaje significativo de personas lo admitía solo con la boca pequeña, y casi todos pensaban que había que ser cautos, que teníamos tiempo, que políticamente todo era muy complejo. Tuvo que venir el “susto” de los mercados para que nos decidiésemos a enfrentarnos al problema a través de una Ley de Cajas cuya ambición era impensable seis meses antes.

La ley se aprobó en el verano y antes de irse de vacaciones una “extraordinaria” reacción de los agentes nos llevó a una redefinición del mapa de Cajas a través de los denominados SIPS (algunos de los cuales tienen más hechuras políticas que técnicas).

El esfuerzo fue tan demoledor que pensamos que ya estaba todo hecho. Nos olvidamos de que una fusión es un proceso complejo cuyo anuncio lo único que crea es nerviosismo en las plantillas. Nos olvidamos de que su anuncio debe unirse a la definición de la estrategia a seguir y las líneas de mando para ejecutarla.

Un nuevo “susto” por parte del mercado en noviembre, hizo que diéramos un nuevo arreón. El Banco de España requirió la definición de las nuevas Organizaciones, y mal que bien, las nuevas entidades lo hicieron yéndose los responsables de vacaciones de Navidad. Desafortunadamente, las vacaciones de Navidad son más cortas que las de verano.

La vuelta de las Navidades nos va a enfrentar a las grandes exigencias de liquidez. Con este mensaje, nos estamos despertando.

En Banca, la liquidez y el capital están estrechamente unidos. Los Bancos mueren por falta de liquidez, y tienen falta de liquidez porque los agentes piensan que no tienen capital.

Por tanto, la discusión de si el sistema financiero español tiene un problema de liquidez o de solvencia, es bastante artificial y muy parecida a las discusiones bizantinas sobre el sexo de los ángeles. Lo que debemos hacer es mostrar y demostrar que no tenemos problemas de capital y eso pasa por, en primer lugar, un gran ejercicio de transparencia (el Banco de España jugará aquí, una vez más, un papel clave) y, en segundo lugar, por levantar capital en aquellas entidades que lo requieran.

Para ello, y esta es la situación en la que me imagino estaremos a final de este trimestre o principios de próximo, empezaremos a oír que eso del capital en un “one-off”, que lo que debemos hacer es levantar capital, sanear los balances y que a partir de ese momento, las cuentas de resultados volverán a ser como antes. Y como consecuencia de todo esto, veremos propuestas de muy diverso tipo sobre cómo hacerlo.

Pues bien, yo creo que eso no va a funcionar así, porque las cosas no son tan sencillas. Y ello por varios motivos:

• Porque las agregaciones actuales de cajas presentan, en algunos casos, inmensas incógnitas sobre su viabilidad futura.

• Porque para levantar capital se necesita una equity story convincente. Se me puede decir que para eso está el FROB. Pero el FROB, en el mejor de los casos (que no está escrito que así lo perciban los mercados), es una solución a corto plazo.

• La equity story debe empezar por una estructura de banco entendible y una gobernanza profesionalizada. Y ello conlleva Consejos que no se definan por cuotas políticas de poder (como estamos viendo en muchos casos), y una dirección en la que los organigramas de acogida no deben tener cabida, dada la urgencia de la situación.

• Que la equity story debe conllevar una razonalización de estructuras que reduzcan costes de verdad (y eso exige reducciones no solo de redes, sino, especialmente, en las centrales)

• Pero la equity story del sistema bancario español no va solo de reducción de costos (que va!!), sino, además, de modelo de negocio.

Si las cédulas hipotecarias de los grandes bancos se colocan en el mercado mayorista por encima de 200 puntos básicos, no se pueden dar hipotecas con spreads de 80 puntos básicos… por mucho cross-selling que exista.

Y desde luego, no es sensato ver una guerra de pasivo que lo que hace es encarecer el costo del funding para todos, siendo, desde la perspectiva de volumen, un juego de suma cero, a nivel global.

Las equity story deben basarse en la solidez del balance, pero nadie la comprará, si no conlleva un flujo razonable de beneficios futuros.

Y estos cambios en los modelos de negocios son más urgentes en las Cajas, pero afectan a todas las entidades.

• La captación de capital privado no solo depende de la equity story, sino del precio, de la valoración de las entidades. Y aquí habrá que ser muy realistas. Aquí veremos cómo los propietarios de las Cajas van a tener que asimilar que el valor de las mismas están bien por debajo de su valor en libros. Y ello no será debido a que se hayan transformado en bancos, sino a que, desafortunadamente, es lo que valen.

Pero el año 2011, además de lo anterior, posiblemente nos obligue a romper un tabú que hemos tenido hasta ahora. Posiblemente nos obligue a configurar la solución final de nuestro sistema sin considerar a Cajas y Bancos como compartimentos estancos. Esta visión global (que preservaría la función social de las Fundaciones) da más grados de libertad en la solución y creo que sería bueno para Cajas y para Bancos. Puede resultar novedoso, pero es muy lógico, y seguro que sí se explica bien, puede ser un salto muy positivo para el conjunto del sistema

La situación española –la marca España- tiene un nudo gordiano que es la desconfianza del mercado sobre, por un lado, la solidez del sistema financiero español, y por otro, el nivel de compromiso del gobierno español en la defensa de las instituciones financieras. Cuanto antes lo rompamos, mejor.

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