Artículos de julio de 2011

  1. Primer aniversario

    El 31 de Julio de 2010, hace ya un año, estrené este blog. La razón por la que decidí abrir un blog propio fue para dar acogida a conversaciones que dieran lugar a la creación de GARUM FUNDATIO, aunque también he expresado mi opinión sobre temas de corte muy distinto.

    Desde entonces, y centrándome en GARUM, han ocurrido muchas cosas. Comenzamos con unas conversaciones públicas con conocidos empresarios, inscribimos legalmente GARUM en Diciembre, presentamos el primer día GARUM Europa en Deusto y lanzamos nuestros dos primeros proyectos (la red de Universidades y BAZAR).

    Hoy, un año después, nos enfrentamos en GARUM a nuevos retos para los próximos meses.

    Hoy precisamente, liberamos la primera versión completa de BAZAR. La próxima semana estaremos en Monterrey para firmar con el TEC un acuerdo marco y finalizar la primera parte de la investigación de mejores prácticas de incubación.

    En septiembre abrimos la primera conversación de expertos para empezar a discutir la problemática de financiación de nuevos proyectos.

    El primer día GARUM América ya tiene definido el lugar (la sede de Mercosur en Montevideo) y fecha (27 de Octubre) y está casi totalmente definida su agenda.

    Hace un año, no sabía que Garum se llamaría Garum. Garum Es hoy una realidad con proyectos potentes. Muchas gracias a todos los que lo están haciendo posible.

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  2. Deven Sharma sobre las agencias de rating

    El pasado 26 de Julio, Deven Sharma (Presidente de S&P) publicó un artículo en FT sobre el papel de las agencias de rating.

    Junto a una primera parte de defensa entendible (aunque no compartida por muchos), pasa a comentar unos aspectos muy relacionados con el post que escribí hace unos días.

    Me ha parecido tan interesante que me van a permitir una traducción libre:

    (…) La pregunta más importante para el sistema financiero es cómo se utilizan los ratings por los reguladores y los políticos. Depender sólo de los ratings para las decisiones, puede hacer que se traduzca en una influencia excesiva de las agencias.

    Por ejemplo, la reciente propuesta (…) de la Banca francesa, fue condicionada a que las agencias de rating no la definieran como default (…) y que se considerase ésto a la hora de definir el colateral a aceptar y las condiciones definitivas de la propuesta. Esto sitúa a las agencias de rating en el corazón de la decisión política, un papel que las agencias no buscan.

    Una aproximación mejor es no incluir el uso de ratings en las regulaciones y evitar que sean el único criterio de decisión de los políticos y reguladores. Esto reduciría su impacto en el mercado y en las políticas públicas, y liberaría a las agencias de rating para competir sólo en base a la calidad (…)

    Probablemente, Deven Sharma no hubiera considerado incluso, escribir opiniones de este tipo hace, digamos, cinco años. Hoy lo propone, sabiendo lo complejo que es llevarlo a la práctica… Pues creo que los responsables de recoger el guante deben hacerlo. Porque es bueno para el sistema y porque, además, forma parte de sus responsabilidades.

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  3. Sobre el acuerdo de los líderes de la Eurozona

    El pasado jueves los líderes de la Eurozona llegaron a un acuerdo que, aunque indudablemente tenía cosas positivas, fue recibido con un exceso de entusiasmo por parte de algunos medios de comunicación.

    Los mercados reaccionaron al alza, en gran parte debido a un movimiento muy técnico de cierre de cortos.

    Algunos de los puntos del acuerdo sorprendían por el lado positivo. Entre ellos destacaría la posibilidad de que los fondos pudieran ser utilizados para países (y bancos) de forma preventiva, así como la posibilidad de utilizar bonos griegos en las operaciones del BCE aunque cayera su rating (a través del aval de la Unión), lo que evitaría la asfixia de liquidez de la deuda griega o, en fin, el hecho de que los poseedores de Bonos se adhiriesen a un acuerdo en el que se incorporaba un hair cut.

    Todo lo anterior hay que valorarlo de forma positiva, y así debe calificarse.

    Sin embargo, me temo que todas estas partes positivas del acuerdo, no van a ser suficientes para situarnos fuera de la zona de peligro. De hecho, a pesar de la positiva reacción de los mercados, el riesgo país español, p.e., no ha bajado en ningún momento de 200 pb. ¿A qué se debe esta reacción?

    Los acuerdos tienen un primer elemento de duda, que es el nivel de hair-cut. Lo positivo es que existe, lo negativo es que es insuficiente.

    Por otro lado pesa, primero, la dificultad política (dados los antecedentes) de que se cumplan los requisitos pactados sin dilaciones ni problemas; y segundo, y más importante, que esto es insuficiente. Es un buen paso en la dirección correcta, pero tardío y con insuficiente ambición. Porque la solución requiere decisiones más profundas, como defendía hace unos días.

    Se podía pensar que lo importante era ganar tiempo. Y para ganar tiempo, también ha sido positivo el apunte de que el Fondo pueda intervenir en los mercados secundarios de deuda. Pero de nuevo aquí con un despliegue demasiado dubitativo.

    Si a esto añadimos las declaraciones de que todo esto es excepcional, y que solo aplica a Grecia, porque Grecia es un caso excepcional (Portugal e Irlanda… no parecen serlo). Todo ello crea una gran sensación de interinidad.

    En definitiva, una vez más, uno tiene la sensación de que los líderes europeos tienen un diagnóstico demasiado benigno o no creen en las decisiones que toman, lo que da la sensación de que siempre se quedan a medio camino.

    Me gustaría equivocarme, pero veo que tenemos por delante meses muy complejos, con escenarios de stress permanentes, que van a tener unas repercusiones políticas en Europa muy peligrosas en el medio plazo, tal como he comentado en alguna otra ocasión.

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  4. Riesgos y responsabilidades en el caso griego

    En la reestructuración de una deuda hay dos elementos básicos. El primero es si hay que hacer un descuento (bien vía intereses o bien quita de principal) y el segundo es la adecuación de los nuevos vencimientos (en definitiva el factor tiempo). Por emplear los términos de moda, si se tiene un problema de liquidez, afectando la variable tiempo es suficiente; y si lo es de solvencia hay que afectar también a la cantidad.

    El caso griego es un ejemplo claro. Es necesario afectar a las dos variables. Solo comprar tiempo no es suficiente.

    El tiempo es un aliado cuando se piensa que el futuro nos va a deparar un crecimiento que nos permita pagar el sobrecosto (que en condiciones normales suele acompañar al alargamiento de plazos) y, además, hacer frente a un esquema de pagos de la deuda en periodos razonables de tiempo. En caso contrario, el tiempo, que parece a corto plazo un dulce aliado, se convierte en un enemigo odioso (como bien sabe cualquier persona o compañía que ha pasado por estas circunstancias).

    En las condiciones actuales es difícil pensar que Grecia pueda cumplir con el pago de sus deudas. Sus perspectivas de crecimiento no se lo permiten. Y eso es así, aunque podamos montar estructuras financieras que nos «ilusionen» a corto plazo (como se «ilusionaron» las personas que tenían hipotecas subprime).

    Y esto es un dato del problema.

    Además, esta economía se enfrenta a un problema futuro de competitividad, que es otro factor adicional. Se enfrenta a un problema más complejo que los meros ajustes fiscales, necesita reformas más profundas que le permitan competir en el mundo futuro (y esas reformas no son solo recortes, sino que implican cambios profundos en, p.e. su sector público, educación y regulación de mercados). A la larga, este punto es más importante que el anterior. El problema es que estos cambios, para que tengan impacto real, necesitan, además de gran determinación, tiempo para que tengan efecto.

    Y este es el segundo dato del problema.

    No enfrentarse con decisión a este problema de fondo no solo es económicamente erróneo, sino que, además, es políticamente muy peligroso. Mantener la tensión política y social de una historia interminable de ajustes permanentes que son inentendibles sin una visión de situación final, es una bomba de relojería para la democracia en Europa.

    Esta indefinición solo se puede mantener a través de verdades parciales y búsquedas permanentes de chivos expiatorios, lo que, unido a continuos enfrentamientos entre países, tiene un gran riesgo de que los movimientos populistas nos conduzcan a una situación en Europa que creíamos superada hace décadas.

    Y enfrentarse con decisión a esta situación, significa que los distintos actores deben asumir su responsabilidad y tomar sus propias decisiones.

    • Grecia debe valorar si está dispuesta a emprender un proceso de reformas (no meros recortes, que también), lo que políticamente es muy costoso, no solo en términos de «algaradas en la calle», sino –y tal vez más complejo- en términos de presiones de lobbies político-económicos que se van a ver muy perjudicados por la ruptura del status quo.

      Si la respuesta es sí, debe asumir lo que ahora se llama una «pérdida de soberanía», comprometiéndose a unos hitos cuantitativos y cualitativos de cambio, con un calendario riguroso (como lo hace cualquier empresa en reestructuración) que le debe llevar a la senda de una competitividad sostenible. La falta de cumplimiento (que debe ser objetivada) debería conllevar mecanismos de penalización (que deberían ser automáticos).

      Esta es la única manera de que un país como Grecia se mantenga en el Euro.

      Obviamente la respuesta puede ser que no, en cuyo caso está abocada (antes o después) a la salida del Euro.

      Sea lo que fuere, en ambos casos se requiere una reestructuración de la deuda. Si la respuesta ha sido sí, requiere ir al siguiente punto (porque no basta con la decisión griega). Si la respuesta es no, posiblemente sea muy difícil pensar en un default ordenado (el problema de esto es que aleja al país de la financiación externa por un largo período de tiempo con todo lo que eso significa, además de los efectos de la salida del Euro en sí misma considerada), pero es una responsabilidad que los griegos deben asumir.

    • Si Grecia está dispuesta al sí, Europa debe ser consciente que mantener a Grecia en «el Club» tiene un gran coste para el resto de países.

      El coste directo del descuento en los tenedores oficiales europeos de deuda griega, así como un paquete de apoyo adicional al país (para, p.e., evitar la bancarrota del sistema financiero y financiar el proceso de acceso a la competitividad), y todo ello con un alargamiento radical de plazos, así como la necesidad de colateralizar en alguna medida la deuda.

      Lo anterior posiblemente obligue a un nuevo acuerdo de cesión de soberanía fiscal de los países, aunque se pueda mantener en el medio plazo una Europa de dos niveles de soberanía fiscal, para que las exigencias derivadas del coste económico sean más asumible por los países «fuertes» que mantendrían un status igual al actual (el problema será saber quiénes son los fuertes).

      La respuesta puede ser que no se está dispuesto a asumir ese costo. La conclusión es la desvertebración. Se ha escrito mucho, y no voy a insistir en ello, sobre los costos que esto tiene para todos, incluidos los países «fuertes».

    • Los acreedores: En mi opinión tras el desastre post-Lehman, los acreedores han adquirido un status que no les corresponde, y que nos está conduciendo a un moral-hazard intolerable.

      Los acreedores deben tomar la pérdida que les corresponda, porque, primero, ese es el «status jurídico» de sus títulos y, segundo, porque hoy el mercado está descontando un default (dicho de otra forma, el mercado está asumiendo que no les van a pagar). De hecho, hoy, y excepto para emisiones a muy corto plazo, para lo único que sirve el mercado en este tipo de títulos soberanos es para dar liquidez a los tenedores actuales, a un precio que muestra la probabilidad de default que el mercado está cotizando.

      Creo que es relevante decir que aunque varía día a día, la probabilidad de default implícita en el precio de mercado de la deuda griega a 5 años, supera el 85%. Por tener una comparación, el viernes antes de la caída de Lehman (y para LGD’s similares) el porcentaje de default que el mercado descontaba para su deuda, no llegaba al 50%.

      Como es lógico, nadie está interesado en una excesiva penalización de los acreedores, porque eso significa cegar las futuras financiaciones, por lo que el «hair-cut» debe intentar minimizarse de forma inteligente y compatible con que la salida futura sea posible. Si eso es así, sería muy conveniente para no entrar en complejos dilemas jurídicos, que los acreedores aceptaran voluntariamente el plan, que obviamente tiene un costo. Cada palo ha de aguantar su vela.

    Pensar que el tiempo nos va a solucionar los problemas es engañarse. Los que vivimos la crisis argentina desde sus comienzos (es decir, desde las etapas en las que mayoritariamente se defendía el mantenimiento del «peg» frente a los «ataques ciegos del mercado») estamos rememorando momentos que seguro que no nos gustaría volver a vivir.

    P.d. El caso griego es el ejemplo evidente porque, en mi opinión, la suerte está echada. Pero las reflexiones son aplicables al resto de países periféricos.

    Para todos ellos, cuanto antes se tomen las decisiones (que no son solo de los países, sino también, y seguramente más complejo, por parte de la Unión), menos traumático será el proceso, más rápido saldremos de la incertidumbre, y lo que es más importante, menos riesgos políticos correremos.

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  5. De agencias de rating y responsabilidades

    Las agencias de calificación tienen un papel decisivo para que las empresas tengan acceso a los mercados financieros. Su papel es fundamental para que las medianas empresas accedan a los mercados de renta fija y renta variable. Gran parte de la justificación de la mayor desintermediación bancaria en USA, por contraposición a Europa, se justifica por el protagonismo de las agencias en aquel país.

    La razón es que definen estándares de crédito que hace que un inversor (que no puede soportar el coste del análisis de una pléyade de empresas) tenga una referencia profesional sobre el tipo de alternativa que tiene.

    Con el tiempo, esa capacidad de definir estándares reconocidos, ha hecho que sus ratings jueguen un papel esencial en operaciones en las que múltiples entidades financieras está involucradas. La razón también es simple. Estos contratos deben basarse, sobre todo si son al largo plazo, en el compromiso del deudor de mantener su solvencia. Esta sería imposible de juzgar si cada entidad financiera tuviera que decidir si eso se estaba cumpliendo, ya que daría lugar a situaciones caóticas e ingobernables.

    Su utilización se ha ido ampliando a otros campos, y muy en concreto a los organismos oficiales, multilaterales y Bancos Centrales, que para definir los estándares de crédito decidieron hacer referencia a los ratings de las agencias.

    Las agencias, por tanto, desde el punto de vista teórico, juegan un papel «facilitador» clave en el desarrollo de los sistemas financieros. Se les supone independencia y alta cualificación de criterio.

    Estos días, las agencias están «de moda» por la pérdida del grado de inversión de la deuda portuguesa, según la agencia Moody’s. La importancia de esto se basa en que el BCE, en sus estatutos, recoge que el colateral de las operaciones para prestación de liquidez debe tener un rating mínimo de grado de inversión. En el momento en que éstas bajen la calificación de un país del grado de inversión, el BCE no puede inyectar fondos a los bancos de ese país, que le ofrecen el colateral del bono soberano. Dado, por otra parte, que esos bancos no pueden encontrar financiación en otro lado, esto supone asfixiar al sistema financiero del país en cuestión, y por tanto, a su economía.

    Tengo que reconocer que mi experiencia profesional de muchos años con las agencias de rating, me hizo desde hace mucho tiempo, desconfiar de la excelencia de su criterio técnico.

    Y, desde luego, hay muchísimas razones (todas ellas ampliamente publicadas) para ser muy críticos con las agencias en todo el proceso que va desde la incubación de la crisis hasta el período postcrisis. Yo desde luego lo soy.

    Pero dicho esto, la reacción por el downgrade de Moody’s me ha parecido fuera de tono.

    1. Los errores del pasado no justifican la obligación de seguir errando. Que no intuyeran la burbuja, no significa que no puedan opinar cumpliendo con su tarea. La pérdida del investment grade anunciado es perfectamente defendible desde un punto de vista técnico, y achacarle la característica de conspiración política no tiene ninguna justificación.
    2. La tarea del BCE es asumir la responsabilidad de su decisión. Parapetarse en «lo que dicen las agencias» no es cumplir con su papel. Las agencias dicen lo que dicen, y el BCE debe decidir lo que debe decidir.

      Por cierto, la decisión del jueves pasado (seguir descontando) además de legítima, me parece acertada… siendo consciente de los riesgos que se están asumiendo (¡ojalá los que hoy la apoyan, sigan diciendo en el futuro, que, en su día, estaban de acuerdo con la decisión!).

    3. Entender esta decisión en términos de guerra entre las agencias y el Banco Central Europeo –como he visto en algún medio de comunicación- es un gran desenfoque.
    4. Desde el comienzo de la crisis, han transcurrido cuatro años. El decepcionante resultado de las agencias, es evidente desde, al menos, esa fecha.

      La necesaria regulación de las agencias, ha quedado en aguas de borrajas en todo este tiempo.

      Decir hoy, cuatro años después, que hay que hacer algo «con esto»… se puede calificar de muchas formas. Digamos que es un pecado de omisión.

    5. La solución no puede ser la de «crear una agencia europea». El árbitro debe ser independiente, y estas manifestaciones abundan en la idea de pretender «comprar al árbitro».
    6. El tema es complejo, pero no irresoluble. El problema no es técnico, sino de intereses. Si se quiere, se puede resolver. No me puedo creer que una multitud de «expertos» pensando por el bien común (y no pro domo sua) sean incapaces de encontrar, no una, sino varias alternativas de solución.

    En todo caso, yo diría que cada cual asuma su responsabilidad. Y esto aplica también a los que después de cuatro años de inacción, se rasgan las vestiduras como si la cuestión fuera nueva. La búsqueda de chivos expiatorios para ocultar las limitaciones de las actuaciones propias es una práctica que lamentablemente está generalizándose de forma peligrosa.

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Blog desarrollado y mantenido por José Ignacio Goirigolzarri, con la colaboración del Grupo Cooperativo de las Indias.