Artículos de mayo de 2011

  1. Inmigración: ética y pragmática

    La evolución de la población y la pirámide de edades en Europa y España que analizábamos en el último post, nos conduce a una reflexión sobre la inmigración.

    Por cierto, en estos días he estado releyendo un libro de Guillermo de la Dehesa sobre este tema que recomiendo vivamente, dada esa capacidad que tiene Guillermo de hacer análisis que siendo accesibles para los no iniciados, tienen al mismo tiempo un gran rigor y profundidad. Es un excelente esquema para adentrarse en el análisis socio-económico de la inmigración.

    La cuestión es bien compleja porque tiene muchas aristas, y es especialmente difícil en un caso como el de España que ha tenido un cambio social muy drástico en la década 1999-2009. Veamos algunos datos:

    • En términos absolutos, el incremento del número de emigrantes en la década ha sido de cinco millones de personas (desde casi 650.000 hasta algo más de 5.650.000).
    • En términos relativos, esto ha significado que el colectivo de inmigrantes sobre la población total ha pasado del 1,6% al 12,3%. La primera era de las tasas más bajas de Europa, y la segunda, es la más alta.

    Además, el final de este cambio social tan radical ha coincidido con una crisis que ha tenido un efecto devastador en términos de empleo.

    Tal vez por todo ello, en un reciente estudio de Harris Interactive recogido recientemente por FT, mostraba que los españoles, junto a los británicos, tienen la visión más negativa de Europa, respecto a los inmigrantes.

    Pero España no es una isla. De hecho, en muchos países de Europa estamos asistiendo a un resurgimiento de partidos xenófobos. Y además, y lo que es peor, los partidos moderados, en muchos casos, están eligiendo defender postulados cercanos a los de aquellos movimientos, ante el temor de perder votos, en lugar de enfrentarse al necesario esfuerzo de pedagogía.

    Aunque este tipo de posiciones puedan explicarse, deben ser combatidas con resolución, y ello tanto por razones éticas (defensa de la dignidad de las personas) como pragmáticas.

    El proceso de globalización debe contemplar la libre circulación de mercancías y capital, pero no puede quedarse ahí. Debe contemplar también, y por razones de equilibrio, la de las personas.

    De hecho, si se compara el porcentaje de población de emigrantes de la actual ola de inmigración con la que tuvo lugar a principios del siglo XX, todavía estamos en porcentajes muy lejanos. Aquella afectó a más de un 8% de la población mundial, y la actual a poco más del 3%.

    Nadie abandona su país por gusto, sino acuciado por las necesidades económicas. La mejor manera de evitar la emigración es a través del desarrollo de los países de origen. Y esto es especialmente aplicable en los casos fronterizos.

    Hablando de fronteras, las diferencias de renta per cápita entre Europa y el Norte de Africa, son las mayores del mundo, muy por encima de las distancias en la frontera México-Estados Unidos.

    Y además, ¿se pueden permitir España y Europa dar la espalda a la inmigración? ¿Nos podríamos permitir el cese de flujo migratorio? La respuesta es no, y lo hemos analizado en los post anteriores.

    Permitir que proliferen y se fortalezcan los sentimientos xenófobos y anti-emigración, es conducirnos a una situación sin salida. Por el contrario, no reflexionar con profundidad sobre los múltiples aspectos de la inmigración, con el objeto de definir un marco legal estable, tampoco es una alternativa.

    Por eso me parece una buena noticia, la formación de un Comité de Expertos para asesorar a los Ministros de Asuntos Exteriores. De hecho, en este mes de Mayo, deben presentar sus propuestas para combatir la intolerancia y el incremento de los extremismos. Estaremos atentos a sus conclusiones y, en su caso, a las actuaciones sobre las mismas.

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  2. La pirámide de edades en los países desarrollados

    Si en el post anterior hablaba de países emergentes y población, hoy voy a concentrarme en los países desarrollados y su pirámide de edades.

    Uno de los puntos fuertes de los países emergentes es su bono demográfico. Es cierto que países como Rusia o China no lo tienen (en un reciente número del The Economist hay un interesante artículo estudiando el caso chino). En los países desarrollados, por el contrario, la evolución de las pirámides de población plantea retos muy fuertes cara al futuro.

    Comencemos con Europa y recordemos que, de acuerdo con un informe de la Unión Europea del año 2006, en Europa (la Europa de los 25) en el año 2050, de acuerdo con las tendencias actuales:

    1. La población en edad de trabajar disminuiría en 48 millones de personas (de 307 a 259 millones).
    2. La población de más de 65 años se incrementaría en 58 millones (de 75 a 113).
    3. La tasa nominal de dependencia pasaría del 25,4% actual al 51%. La tasa real de dependencia llegaría al 73%.

    Supuesta todas las demás variables constantes, pensemos qué significaría si estos «gaps» se cubriesen con inmigración:

    • Lógicamente para mantener constante el número de trabajadores, significaría que hasta el año 2050, se necesitaría un flujo migratorio de trabajadores de 48 millones.

      Dado que no es previsible que la emigración sea estrictamente de personas trabajadoras (sino que debemos incluir un cierto acompañamiento familiar) es por lo que en el trabajo del Comité liderado por Felipe González se hablaba de un flujo de emigración, para cumplir con el objetivo arriba señalado, de 100 millones de personas para el año 2050.

      Para tener otra referencia, el número de nuevos trabajadores necesarios para mantener el nivel de la tasa nominal de dependencia sería de 106 millones de nuevos trabajadores (24% de la población).

    La cuestión con este tipo de análisis es que conteniendo unas figuras impactantes, se ubican en la lejanía geográfica (Europa como un todo) y temporal (el año 2050). Sirven para sensibilizarnos para la reforma de los esquemas de pensiones, pero no nos vemos afectados en nuestra vida más cercana.

    Para conseguir esa mayor cercanía «psicológica», me pareció especialmente interesante un papel de ORKESTRA que estuve leyendo con motivo de la preparación de una presentación en CEBEK en Bilbao la semana pasada.

    En él se realizaba un análisis pormenorizado de la evolución demográfica de España y el País Vasco (es decir, con cercanía geográfica) en la década actual, en el período 2010 – 2020 (cercanía temporal). Sus conclusiones son :

    • En esta década, en España, la caída del número de personas en edad de trabajar sería del 1,6%.

      Pero esa caída global oculta diferencias importantes de tramos de edades. Así, el número de personas entre 25 y 34 años caerá en esta década en España ¡un 27%¡. El tramo entre 35 y 44 lo hará en un 3%.

      Dado que los distintos tramos de edades tienen distintas tasas de actividad, y supuestas estas constantes, significa que la caída de la población laboral en España sería del 3,5%.

    • La situación de Euskadi (ante el menor flujo migratorio pasado) sería más radical. La caída del número de personas en edad de trabajar sería del 8,6% (de hecho concentraría el 25,2% de la caída del conjunto de España) y del 12,3% en la población activa.

    Creo que una reflexión sobre estas cifras van más allá de los efectos económicos en los esquemas futuros de pensiones y sanidad. Nos hace pensar en el modelo de sociedad que queramos construir y los modelos vitales con los que queramos vivir en un futuro, que está muy cercano. Los cambios van a ser tan rápidos y profundos que cuanto antes iniciemos esta reflexión, mejor. Y lo debemos hacer desde la actitud positiva de tener horizontes temporales vitales mucho más largos… lo cual, sin duda, es una gran noticia.

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  3. Apuntes sobre el cambio de la estructura regional de la riqueza

    Una de las características socioeconómicas de las dos últimas décadas ha sido –está siendo- el cambio de la estructura regional de la riqueza en el mundo. Aunque lo he comentado en otros post, me gustaría recordar que:

    • Aunque su origen está probablemente en, por un lado, la caída de Muro y la apertura comercial de los países asiáticos, que comenzó en los 80’s y, por otro en la interiorización de las lecciones de las crisis asiáticas y latinoamericanas de finales de los 90’s del siglo pasado, la realidad es que fue en la década pasada cuando se pusieron de manifiesto las distintas velocidades entre los países emergentes y los desarrollados.
    • De hecho, en el período 2002/10 (una vez asentada la crisis latinoamericana) los países emergentes vieron crecer su PIB un 70%, mientras que los desarrollados no llegaron al 15%.
    • Lo más sorprendente, sin embargo, se ha dado durante la última crisis, en que además de ser la más global, asistimos por primera vez a que en un episodio de este tipo, los países en desarrollo salieron mucho mejor parados que los desarrollados.
    • De hecho, en el período 2006/2010 el incremento de PIB en los países desarrollado no llegó al 5%, mientras que los emergentes lo hicieron por encima del 40%.
    • Y aunque hay matices entre las distintas previsiones, creo que recojo una visión generalizada al señalar que los países desarrollados: EE.UU, Europa y Japón (que hoy significan un 50% del PIB mundial), representarán poco más de un tercio en el año 2025. Y que, por contraposición, los seis países emergentes más característicos (Brasil, Rusia, India, China, Turquía y México) significarán la mitad del PIB mundial en esa fecha. Es más, el peso de Asia en este período de 15 años se duplicará en la economía mundial.

    Y esto es un cambio espectacular.

    • Pero conviene poner estos cambios en una cierta perspectiva, relacionando esta evolución con la población.

      Porque hoy el mundo desarrollado, que representa ese 50% del PIB mundial, tiene una población que está en torno a los 1000 millones de personas. El otro 50% del PIB se reparte entre más de 6000 millones de personas.

    • Y cuando nos impresionamos con los crecimientos de China o India conviene también poner las cosas en perspectiva.

      Hoy el PIB per cápita chino es el 20% del PIB per cápita de Estados Unidos. El PIB per cápita chino, por tener otra referencia, es similar al que tenía Japón en el comienzo de los 50’s del siglo pasado. O del que tenía Corea del Sur a comienzos de los 80’s.

      Y hoy la India tiene un PIB per cápita que es solo la mitad del chino.

    • Además, y mirando a la evolución futura de la población mundial en las próximas décadas, los crecimientos se concentrarán en los países no desarrollados. Los desarrollados, en el mejor de los casos, tendrán una población estable.
    • Este crecimiento de los países emergentes es, por tanto, imparable. Y es bueno que sea así si queremos que se mejoren las condiciones económicas de las personas que viven en las regiones más desfavorecidas. Y sería todavía mejor, si en esta dinámica entraran regiones que hoy están fuera de la misma, y lógicamente, estoy pensando en Africa.

      Por supuesto que esto plantea muchos retos de sostenibilidad sobre los que habrá que pensar y dilucidar, pero el punto que quiero señalar es que en las soluciones que demos a los retos de la sostenibilidad no podemos olvidar la desequilibrada situación de partida.

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  4. Para compartir en los próximos días

    De tiempo en tiempo, suelo tener la costumbre de organizar y estructurar información que voy agolpando en el día a día. Informaciones, estadísticas, artículos de opinión… que me llaman la atención.

    En los últimos días me ha «tocado» esta labor de recogida. Como resultado de la misma, en los próximos días voy a publicar una serie de posts sobre temas diversos, con el fin de compartir informaciones que me han resultado interesantes.

    Empezaría con aspectos relacionados con la demografía. Primero a nivel mundial, relacionando los cambios en la estructura de riqueza global con la realidad demográfica de los países emergentes. Segundo, a nivel más regional, en los países desarrollados y, muy en concreto, en Europa y España.

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Blog desarrollado y mantenido por José Ignacio Goirigolzarri, con la colaboración del Grupo Cooperativo de las Indias.